jueves, 30 de octubre de 2014

“Hay una brutal contraofensiva para normalizar América Latina" Borón

Marcha
Por Manuel Pérez Berro | Marcha

El politólogo Atilio Boron analiza el escenario en la región tras la victoria de Dilma en Brasil y la primera vuelta en Uruguay. En diálogo con el programa radial La Revancha*, reflexiona también sobre el dilema del “mal menor” en los procesos electorales.

- Finalmente, en Brasil ganó Dilma en la segunda vuelta, ¿cómo hubiera impactado en América Latina una victoria de Aécio Neves?

- La victoria de Aécio hubiese significado que Obama se instale en Brasilia. Es el hombre de la embajada y por lo tanto fue el candidato de los Estados Unidos. Hubiese sido un parate para los procesos de integración latinoamericana y un retroceso muy grande en lo que es la Unasur. Hubo una influencia muy negativa en las elecciones de Brasil, y sobre todo en la primera vuelta en Uruguay.

- Se tuvo que ir a segunda vuelta en Brasil y en Uruguay. En Argentina todo indica que las fuerzas que competirán no podrán sacar una mayoría clara. ¿Se ve en este ascenso de los sectores de oposición un estancamiento de los procesos gubernamentales?

- Evidentemente, son procesos que están pasando por un momento muy duro. No podemos olvidarnos que hay una brutal contraofensiva de Estados Unidos en este momento para tratar de controlar la situación y de volver a la normalidad latinoamericana. La normalidad latinoamericana sería un continente que esté totalmente sometido a la influencia, a los deseos y las preferencias de los Estados Unidos. Ese es el objetivo. Lo que digo en algunos escritos es que a Obama se le planteó eso como tarea antes de que concluya su mandato: tiene que normalizar América Latina, que quiere decir volver como estaba antes del triunfo de la Revolución Cubana.

En ese contexto, de una ofensiva muy fuerte, de una guerra económica, de terrorismo mediático y sabotajes de todo tipo, es obvio que países como Venezuela, Ecuador y Bolivia están recibiendo impactos demoledores y, por lo tanto, los procesos se han ido lentificando. Además, hay un dato significativo que es la crisis de la economía mundial, que evidentemente influye de manera muy fuerte sobre la viabilidad de estos procesos. No es lo mismo un proceso de transformaciones en un contexto de expansión de la demanda de los commodities latinoamericanos, que un proceso que se hace en un marco recesivo como el actual. Esto debilita los procesos. La campaña de la contraofensiva de la restauración conservadora, como la llama Correa. Si hubiese ganado Aécio, tendríamos un salto de calidad en esa campaña y seguramente hubiera condicionado de manera muy negativa el modelo político de toda la región, comenzando por Uruguay y, por supuesto, fortaleciendo a la derecha argentina.

- En esta contraofensiva e intento de restauración conservadora por parte de Estados Unidos, ¿distinguís, además, factores internos de cada proceso?


- Yo digo que si hay una marca que tiene un análisis desde una perspectiva marxista, es precisamente la idea de la reconstrucción, la idea de la totalidad. La totalidad supone que tenés que manejar todo el cúmulo de factores y variables internas e internacionales. Estos países no viven en un aislamiento absoluto, son parte de un sistema que ha sido caracterizado hasta por la propia derecha norteamericana y europea como imperial. Ellos no quieren decir imperialista, porque la palabra tiene una connotación muy dura, pero sí como un sistema imperial. Entonces, en el contexto de ese sistema imperial, los factores locales juegan de determinada manera.

No es lo mismo para la derecha radical venezolana que en Estados Unidos gobierne Obama que un presidente del Tea Party. No es que Obama no hizo lo suficiente, molestó y mucho, pero con un presidente del Tea Party la cosa puede ser mucho más grave y puede inclusive desembocar en una invasión a Venezuela. En la política doméstica de la Argentina, no es lo mismo un Brasil volcado al liberalismo, proponiendo un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y poniéndole acta de defunción al Mercosur y a la Unasur, que un gobierno que llega teniendo una política latinoamericanista de apoyo a los procesos emancipadores, por más que esos procesos tengan tropiezos, no sean avances rectilíneos hacia la cumbre del socialismo.

Eso no existe, o existe solo en los libros o en la imaginación de algunas cabezas un poco recalentadas, pero los procesos históricos son avances, retrocesos, estancamientos, nuevos avances. Lo que pasa es que en esos procesos de cuadros complejos tener un cuadro internacional favorable siempre es de gran ayuda.

- ¿Creés que los gobiernos de Dilma y de Tabaré -en caso de que gane- tendrán la voluntad de tomar medidas para la profundización?

- Yo tengo mis grandes dudas. Pero tengo menos dudas acerca del retroceso que venía si ganaban Lacalle Pou o Aécio. En relación a estos dos tengo muchas menos dudas. Tengo muchas dudas sobre la vocación, sobre la voluntad, sobre la posibilidad transformadora reafirmada del PT en caso de ganar la elección. Dio muestras a lo largo de doce años de haber cometido errores estratégicos y fundamentales al comienzo del gobierno de Lula, como desarmar ese enorme movimiento social que catapultó al PT al poder en el 2002.

Entonces hay que ver si tiene la fuerza, la inteligencia, el liderazgo, si tienen la gente, los cuadros y la militancia para relanzar un movimiento muy fuerte. Si no se produce esta reactivación del movimiento popular, yo creo que va a terminar exactamente igual que ahora y probablemente con una acusación institucional en el Congreso que termine sacándola del poder antes de lo que ella pensaba.

- Ante este análisis sobre Brasil, cuesta no trasladarse a la Argentina de 2015. ¿Te parece que la izquierda se encontrará ante esta situación del mal menor?

- La vida política nos enfrenta a dilemas que no son los que uno quiere. En 1983 tenías a Alfonsín o a Luder. No era que Alfonsín fuera la promesa de la revolución socialista o del avance al socialismo como a mí me hubiera gustado, pero lo otro era la quema del cajón y volver a lo peor del peronismo. Creo que en el caso de Brasil ahora está pasando lo mismo. En Colombia, hace tres meses pasó lo mismo, tuvieron que votar entre un títere de Uribe o Juan Manuel Santos. Santos es un tipo que por lo menos mantiene un diálogo de paz y por lo menos iba a garantizar una cierta libertad democrática a los movimientos contestatarios. Zuluaga te metía en la cárcel o te desaparecía, esa era la opción real, no era una opción entre reforma y revolución, era una opción entre un gobierno recontra conservador como el de Zuluaga y un gobierno un poco menos conservador.

Lo que yo le digo a la gente de izquierda, que está un poco -pienso yo- desconcertada con todo esto, es que concuerdo con todas las críticas que se le han hecho al PT. Fui muy duro desde el año 2003, cuando le envié un memorándum a Lula advirtiéndole de algunos problemas que tuvo en su gestión de gobierno. Si alguien dice que Aécio es lo mismo que Dilma, lo que tengo derecho a pedirle es que me diga cuál es la estrategia insurreccional que tenemos. Si la estrategia es institucional a través de las elecciones, me coloca a mí ante la alternativa de Aécio o Dilma, y si la alternativa es repudiable, tenemos que tener una estratega insurreccional. Cuando se callan ante esto, yo les pido que sean serios.

Estoy de acuerdo con esa crítica, en la medida que me digan qué otro camino hay por fuera de las elecciones. No quiero decir violencia, quiero decir un camino de acumulación de fuerzas, un camino que quiere decir grandes movilizaciones de masas que reproduzcan el derrocamiento de Mubarak en Egipto, por ejemplo. Ahora, si el camino electoral demuestra ser una trampa, lo denunciás, pero el otro camino no me lo señalás, tengo todas las razones del mundo para decir que eso no es un argumento serio.

- Todo este escenario que planteás para Brasil lo pienso para la Argentina…

- No tengas la menor duda que en junio o julio me van a llamar para preguntarme lo mismo que está pasando en Brasil y vamos a ver qué es lo que digo, por ahora no anticipo nada. Suponete que la alternativa es Macri y Scioli, yo quisiera salir rajando de ahí, irme a Groenlandia, pero pensemos un poco qué se hace en ese terreno. Yo me puedo ir, pero la gente que se queda acá está cocinada. ¿Qué alternativa les damos? Hay que pensarlo muy bien. Ante una alternativa desgraciada como esa, más vale que pensemos y que debatamos.

* Programa radial que se emite los domingos de 13 a 15 hs por FM La Tribu 88.7