martes, 11 de agosto de 2015

Colombia: “No me arrepiento de nada y sigo en la lucha”

Foto Mauricio Ramos
Cortero gravemente herido por represión policial recupera lentamente su vida

Por Giorgio Trucchi | Rel-UITA

En la madrugada del 3 de marzo pasado, un contingente del Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) atacó con saña a los corteros en huelga del Ingenio Risaralda, que exigían contratación directa e indefinida. Carlos Ossa Trejos, directivo de la seccional La Virginia del Sintrainagro, recibió el impacto de una bomba lacrimógena disparada a quemarropa en su rostro.

No contentos, arremetieron contra él a patadas y golpes, y con machetes le propinaron varias heridas. Carlos quedó más de un mes en coma y tuvo que ser intervenido quirúrgicamente en repetidas ocasiones.

La brutal represión provocó la pérdida de su ojo derecho y de parte de la caja encefálica, pero sobrevivió y, lentamente, está recuperando su vida.

“Fue un ataque brutal y estuve al borde de la muerte. Pero no me arrepiento de nada y sigo en la lucha al lado de mis compañeros”, dijo durante una visita que La Rel realizó a su casa en Ansermanuevo, Valle del Cauca.

-¿Cuáles son sus recuerdos de aquel 3 de marzo?
-Era de madrugada. Estábamos descansando cuando de repente llegaron los agentes del ESMAD y comenzaron a lanzarnos bombas lacrimógenas. Nos levantamos y nos replegamos hacia la planta del Ingenio. Me acuerdo que había mucha confusión y humo. Pasé un alambrado para entrar al Ingenio y sentí un impacto muy fuerte en mi rostro. Creo que perdí el conocimiento porque el impacto y el dolor es el último recuerdo que tengo.

Mis compañeros me contaron que la explosión me botó el ojo y parte de mi cabeza, justo aquí donde ahora tengo este hueco. Los malditos continuaron a pegarme. Me daban golpes y patadas, y me infirieron varios machetazos en la cabeza y en los brazos. Finalmente me levantaron, me tiraron en un carro y me llevaron a un hospital.

Estuve mucho tiempo en el hospital. A mi esposa los médicos le decían que los golpes podían haber afectado al celebro, y que si sobrevivía podía quedar como un vegetal.

Sin embargo desperté y estoy aquí, con vida y recuperándome. Perdí un ojo, tengo este hueco, muchas heridas…estos malditos me masacraron. Pero también tengo muy buenos compañeros que nunca nos han dejado solos.

-¿Qué dice la empresa?
-Me está mandando un dinero cada semana, muy poco, y no quiere reconocer que mi baja es por accidente laboral. Ya no puedo trabajar y sufro de vértigos. Mis compañeros ya presentaron una demanda en los tribunales, para que se me garantice una pensión y una indemnización por lo que me hicieron dentro de las instalaciones del Ingenio Risaralda.

-Su esposa y sus compañeros me contaban que usted estaba muy comprometido con la lucha por la defensa de los derechos laborales y sindicales.
-Decidimos irnos a la huelga porque la empresa nunca quiso escucharnos. A las 10 de la noche del día 2 de marzo me llamó mi hija llorando y me pidió que regresara a la casa, porque era muy peligroso estar ahí. Yo le contesté que no podía dejar la lucha, ni abandonar a mis amigos y compañeros de trabajo. ¿Cómo podía traicionarlos?

En los días previos al inicio de la huelga, la empresa mandaba gente a mi casa para que renunciara a la lucha y no me involucrara en la protesta. Me prometían la luna, pero me mantuve firme y sigo en la lucha. Estoy vivo, voy recuperándome y vamos para adelante.

-¿Se abrió una investigación sobre los hechos del 3 de marzo?
-No hay ninguna investigación y todo está quedando en total impunidad. Estos malditos casi me matan y nadie dice, ni hace nada.

-Es bueno ver tantas compañeras y compañeros solidarios con usted y su familia.
-Esto es lo más lindo. Los compañeros del Sindicato nunca nos han dejado solos. Nos visitan, nos apoyan, hacen recolectas para ayudarnos y para costear los gastos médicos. Su ayuda es invaluable y se los agradezco del profundo de mi alma.

-En algún momento se arrepintió de haberse involucrado en esta lucha?
-Esta empresa es muy injusta. Hemos sufrido muchas injusticias y humillaciones. Nunca quiso escucharnos y nos obligó a tomar la decisión de irnos a la huelga. ¡Nunca me voy a arrepentir, no importa el precio que tuve que pagar! Y si algún día me tocara volver a hacerlo, no lo pensaría ni un momento.

Fuente: Rel-UITA