lunes, 11 de junio de 2012

Chile: Los manifestantes rechazaron la impunidad de los represores

Reuters
Por Ignacio Vidaurrázaga - Rebelión

¡Que vergüenza! Dice el cartel de una mujer en medio de los manifestantes reunidos en la intersección de San Diego y Santa Isabel, este frío domingo de junio, para expresar lo que provoca el que pueda realizarse un homenaje a Pinochet con protección de inmensos recursos del Estado, casi 40 años después del golpe militar.

Roberto Dorival, tiene un hermano detenido desaparecido y es integrante del colectivo Londres 38. “Si tuviésemos verdad y justicia para todos los nuestros y una Constitución democrática, un homenaje a Pinochet importaría poco, daría lo mismo, pero en las actuales condiciones es una afrenta y también un llamado de atención al mundo de los derechos humanos”, señaló.

Son las 10:00 y de a poco comienzan a juntarse centenares de manifestantes con banderas y letreros con rostros de detenidos desaparecidos y ejecutados. Mientras, férreos cordones policiales de Fuerzas Especiales -FFEE- rodean el teatro Caupolican como si estuviesen agotadas las entradas para Los Beatles o Fito Páez. Ya se sabe que buses han llegado desde muy temprano con asistentes y Av. Matta se convierte en el estacionamiento más inmediato de este particular espectáculo en el mítico Caupolican, que quizás luego se merezca un sahumerio de “limpieza”. Todas las garantías y todas las seguridades para “ver una premiada película”. A esta hora ya se sabe que habrá representantes de grupos pro franquistas y gusanos de Miami.

Los manifestantes permanecemos encajonados y rodeados en un par de cuadras de San Diego, con policía montada, carros de agua, lanza gases e varios cientos de infantería policial. Aquí, esta reunido el mundo de los derechos humanos oxigenado por jóvenes con banderas negras, roja-negras, mapuches, del PS y del PC, del colegio de profesores, del PTR y chilenas, por cierto. No han llegado dirigentes políticos. A eso de las 12:00 hay sobre 1500 personas y muy pronto comienzan las escaramuzas, un herido es sacado en ambulancia mientras se escuchan diversos gritos: ¡Pinochet CNI asesinos del país!, ¡Pacos cafiches del Estado!

Abuelas con las fotos de sus hijos al pecho. Y en el ambiente se nota que está reunida mucha rabia porque han pasado 22 años desde el término de la dictadura, para otros 40 desde que comenzó, y aquí vamos y estamos. O la curación quedo mal hecha, o nunca ocurrió. O simplemente no se puede, esta viva y aún late. Violadores de los derechos humanos quedando libres por beneficios carcelarios mediante condenas que siendo rebajadas no se cumplen y el tiempo que se cumple sucede en penales especiales. Parece que esta transición ha resultado demasiada magnánima.

El joven rostro de la detenida desaparecida María Teresa Eltit lo portan esta mañana otros jóvenes estudiantes de Trabajo Social de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. También están los de Víctor Díaz y Bautista Van Shouwen, el de Blanco Tarres y Alcibiades Valenzuela, María Victoria Toro y Juan Eladio Ulloa, el de Abel Carrasco Vargas y muchos otros. El canal de televisión Megavision realiza una transmisión como si tuviese el auspicio de la Fundación Pinochet, en Eyzaguirre con San Diego son expulsados por manifestantes.

La sociedad chilena parece requerir de periódicas mediciones en relación al grado de vigencia del pinochetismo, el nivel de aceptabilidad o como se ha movido el barómetro de la reconciliación en esta dilatada transición, que parece no tener fin o haber ya dado todo lo que le fue posible. Porque a fin de cuentas de eso se trata: el nivel de pasividad y felicidad de los y las chilenas con la transición. La justicia y verdad de las violaciones a los DD.HH alcanzada en Chile a 22 años del fin de la dictadura es una medida, la educación otra y así sigue la historia . El recuento es duro y pormenorizado. ¿Los restos de cuántos detenidos desaparecidos ha sido posible rastrear y ubicar fehacientemente? ¿O cuánta verdad sustentable tenemos sobre todos los crímenes de la dictadura? Los actos pro Pinochet son un scanner a la sociedad chilena y ello se aprecia en los silencios y en los pronunciamientos como hemos apreciado en las ultimas semanas

Son las 12:00 horas y ya se conocen declaraciones del presidente Piñera diciendo que el también fue un opositor a Pinochet y del vocero de gobierno ministro Chadwik que se arrepiente de haber colaborado con un gobierno que violó los derechos humanos. En torno al Caupolican varios miles de manifestantes se enfrentan con el cerco policial de centenares de Carabineros de FFEE que protegen este homenaje-espectáculo. Semáforos, escaños y todo lo que había de mobiliario público alimenta las barricadas y fogatas que rodean un perímetro de unas diez cuadras. Impensable en junio y sin mediar movilización estudiantil. Pero el cerco y hostigamiento a miles de manifestantes provocan reacciones que no podían dejar de prever quienes autorizaron esta reunión de pinochetistas para ver una película.

“Beto” Rodríguez Gallardo es un sobreviviente del caso represivo conocido como “Montaje de la Rinconada de Maipú” donde fueron ejecutados varios integrantes de su familia el entonces Cuartel “Terranova”, hoy Villa Grimaldi. Ya esta mojado por el carro lanza agua de FFEE y manifiesta: “el movimiento de derechos humanos se va a oponer a todos los esfuerzos de los milicos por salir en libertad. No vamos a permitir leyes de indultos, van a tener que cumplir sus condenas, porque los vamos a ir a buscar a sus casas”.

En una reja metálica en San Diego con Eyzaguirre hay un cartel de papel que dice: “Ni perdón ni olvido en Villa Francia por los 14 asesinados por Pinochet”. Muy cerca jóvenes enfrentan a los piquetes de FFEE que intentan inútilmente proteger a despistados que con su entrada se aproximan al espectáculo.

La periodista Agueda Sáez, viuda del dirigente del MIR Jecar Neghme, afirma: “esta manifestación es un gesto mínimo de dignidad, cada metro de democracia fue producto de la lucha en dictadura y no se los vamos a ceder a quienes torturaron y mataron, ellos se merecen este repudio. Lo que hoy pasa revela todo lo que falta para terminar con la herencia pinochetista”.

El busto de Luis Emilio Recabarren, líder del movimiento obrero en los primeros años del 1900, observa los enfrentamientos entre manifestantes antipinochetistas y la policía desde su monumento en la Plaza Almagro. Muy cerca grupos de jóvenes secan sus ropas mojadas por el carro lanza agua en las barricadas encendidas por San Diego.

Eloisa González es dirigenta secundaria de la ACES, y se encuentra junto a decenas de sus compañeros en medio de la manifestación. “Aquí se ve como nuevamente los recursos del Estado están en función de proteger asesinos y en contra del pueblo. Creo que la mayoritaria presencia de juventud revela como la memoria crece y se reconstruye y como el traspaso entre generaciones se sigue dando”, cuenta.

Dan las 14:00, comienza la evacuación de los asistentes a esta mañana de película. Fuerzas policiales disponen barras papales y un callejón oscuro para protegerlos, pero pareciera que nada es suficiente, centenares de jóvenes ya han rodeado el perímetro del Caupolican.

Grupos de asistentes al acto homenaje salen escoltados `por organizados grupos neonazi desde el interior y se enfrentan a los manifestantes con lumas retractil y mostrando cuchillos.

Son las 15:00 hrs. En la posta central hay varios manifestantes heridos, algunos en calidad de detenidos. En tanto desde las afueras del teatro Caupolicán son perseguidos por manifestantes algunos asistentes al ser reconocidos y corren humillados a protegerse.

En un taxi busca huir sin ser reconocido el ex ministro de Pinochet, Alfonso Márquez de la Plata. Su taxi es reconocido por los manifestantes y muy dificultosamente logra salir de la multitud que cerca completamente la salida de los cerca de 1000 asistentes que recuerdan y reivindican al dictador. Se escuchan disparos y periodistas tienen el registro.

Todo indica que condiciones para homenajes a Pinochet no hay, hoy lo dijeron varios miles de manifestantes en Santiago, mientras se replicaba el rechazo en otras ciudades de Chile y el extranjero. Por mi parte ya me he retirado, y no puedo dejar de recordar esas calles donde anduvimos con mi hermano Gastón, asesinado por la CNI en septiembre de 1986.