martes, 17 de septiembre de 2013

Honduras: Un palacio sin justicia, una esperanza con pueblo...

Por Karla Lara

"¡Justicia, Justicia!, en coro, a grito pelado, ¿Qué queremos para Bertha Cáceres, qué queremos para Aureliano Molina, qué queremos  para Tomás Gómez? ¡Justicia, Justicia! Justicia!"... así se escuchó durante dos días frente al Palacio Judicial de la Esperanza Intibucá el pasado 12 y 13 de Septiembre, cuando se llevaba a cabo la Audiencia Inicial de la compañera y los compañeros, defendida no solo por excelentes abogados, sino por otros iguales, de las mismas luchas, Victor Fernández y Omar Menjivar.

Mientras hacían lo suyo dentro, escuchar las expresiones racistas de “profesionales” esbirros de DESA y SINOHYDRO que cifran torpemente el precio de un alambre sin saber dimensionar siquiera el costo de haber usurpado tierras ancestrales lencas;  mientras la parte acusadora, derrochando poca capacidad de sustento, presentaba textos copiados de páginas webs del COPINH autenticadas por “Notarios”, mientras atropellaban la verdad, nos contaron l@s Observadores Internacionales en la Audiencia, llegó la hora de las palabras de pobladores y pobladoras de Río Blanco y miembr@s del COPINH.

Y la palabra volvió no solo a tener sentido y decencia sino que, como dijo Víctor Fernández, una lección de coherencia, de pertenencia, de autodeterminación, que simplemente deja en evidencia que “río” para quienes desde su poder, usurpan, significa, pisto y para la gente lenca, significa vida, secretos ancestrales, en una relación que la mirada occidental del saqueo no solo ignora y quizás por lo mismo, destruye e irrespeta; y así volvió a tocar la palabra a los títeres abogados y jueces del Poder y se siguió  calumniando el origen, hasta llegar a su cúspide pidiendo cárcel preventiva para Bertha y medidas sustitutivas para Aureliano y Tomás.

 Afuera la reacción fue la digna, los gritos exigiendo “Libertad, Libertad”,  alternaban el de “Justicia” sostenido durante las jornadas de los dos días, que discurrieron entre palabras, canciones, recordatorios, una pausa con frijolitos y arroz y de esas tortillas gordas que llenan y hacen posible la espera y la persistencia de un pueblo que sabe acompañar hasta el último momento. Todas y todos nos pegamos a la puertas de vidrio del endeble Palacio; tampoco se permitiría que la sacaran por la puerta de atrás hacia la cárcel; habíamos llegado para recibirla como la lidereza que es, con la dignidad que le caracteriza, y la esperaríamos allí, por la puerta de enfrente, a pesar que la noche acechaba tanto como los policías y militares que arropados en su manto oscuro, rodeaban no el Palacio, sino la zona, seguramente en perversas elucubraciones de vernos correr desatinadamente por el efecto de los gases, buscando el rincón de maleza para violarnos o golpearnos, pero deben haberle temido al grito, a la decisión que si conoce el pueblo lenca, al que una se suma, con temor, pero igualmente animadas por tanto ejemplo de templanza.

A la jueza le debe haber temblado la mano, no creo que la conciencia, porque para que te tiemble un sentimiento o el lugar del cuerpo donde se guarda, hay que saber de qué se trata, y esa Jueza no debe tener conciencia de la ESPERANZA que tiene este PUEBLO lenca, pero bien sabe de lo vacío de JUSTICIA que esta el PALACIO, que ha determinado dar la resolución del caso el próximo Viernes 20 de Septiembre a las 3 de la tarde. Volveremos a gritar, a estar allí para verle, como debe ser, salir por la puerta de enfrente, digna Bertha, acompañada de Aureliano y Tomás.