martes, 9 de septiembre de 2014

Movimientos sociales y movimientos revolucionarios armados en América Latina y El Caribe

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Por Ollantay Itzamná | Rebelión

En la ciudad de Barranquilla, Colombia, del 2 al 5 de septiembre del presente año, se realizó el I Congreso Internacional sobre Movimientos Sociales y Movimientos Revolucionarios Armados en América Latina y El Caribe, organizado por la Universidad del Norte, CLACSO, y otras instituciones académicas.

En dicho evento participaron investigadores/as y activistas reflexivos provenientes de más de 10 países de Latinoamérica, quienes presentaron y debatieron sus trabajos sobre la correlacione-interacción entre movimientos sociales y movimientos armados ocurridos, en el pasado siglo, y algunos impactos sociopolíticos actuales producto de aquella historia reciente.

Según investigaciones del colombiano Darío Villamizar, en Latinoamérica, entre 1953 y 2014, se organizaron 370 organizaciones guerrilleras, en 23 países. Varias de estas desparecieron sin ninguna acción militar de alcance nacional. Otras, sin ejecutar ninguna acción militar.

Lo poco que se conoce sobre el origen, historia e impacto de los grupos guerrilleros en la región, no sólo está determinado por estereotipos o estigmas, sino que la gestión del miedo y el terror estatal instaurados durante la guerra antisubversiva configuró en los pueblos una memoria selectiva que condena casi a una amnesia colectiva sobre dichos sucesos.

Muchos teóricos/as sobre las guerrillas de Latinoamérica aún consideran que los procesos revolucionarios armados desde la segunda mitad del pasado siglo en la región fueron y son impulsados por la Revolución Cubana. Otros, aún buscan identificar las condiciones objetivas y subjetivas que activaron los procesos revolucionarios. En parte quizás tengan razón. Pero, lo cierto es que los procesos revolucionarios no se exportan, ni obedecen únicamente a la simplificación de la realidad entre lo subjetivo y lo objetivo.

Muchos grupos guerrilleros surgieron con la finalidad de tomar el poder (llegar a ser gobierno) e instaurar un proceso revolucionario con justicia social de arriba hacia abajo. Otros, nacieron enarbolando únicamente demandas sectoriales, sin mayor perspectiva de transformaciones estructurales en los estados. Pero, todos ellos fueron fecundados por las injusticias estructurales prohijadas por los estados, y la sistemática anulación de los canales de participación democrática.

En muchos casos, los grupos guerrilleros, conformados por la vanguardia de la conciencia revolucionaria, crearon movimientos sociales con la finalidad de agenciarse un apoyo material y expandirse ideológicamente. En otros casos, los grupos armados no activaron, ni promovieron movimientos sociales. En este último caso, las utopías revolucionarias desaparecieron con la aniquilación o desmovilización de los combatientes.

Experiencias como el de Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, ambos aniquilados en el Perú, no dejaron legado sociopolítico significativo. No aportaron para la acumulación de la fuerza sociopolítica mediante la activación de movimientos sociales. En Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Uruguay, Brasil, los grupos guerrilleros activaron movimientos sociales, no sólo como soporte material, sino como una dinámica de expansión y profundización ideológica. Por ello, en estos países, con excepción de Guatemala, la izquierda militar-izquierda social sí tuvo la capacidad de convertir su fracaso militar momentáneo en victoria electoral posterior.

Colombia y Guatemala son los países donde las guerras internas han cobrado la mayor cantidad de vidas humanas. En Colombia (en vísperas de la firma de los acuerdos de paz), ya suman más de 900 mil asesinados. En Guatemala, en los 36 años de guerra interna, se asesinó más de 200 mil personas, de los cuales más del 90% fue responsabilidad del Ejército. Aún no sabemos cuál será el legado sociopolítico de los grupos armados en Colombia post acuerdos de paz.

En Guatemala, la actual convulsión social creciente frente a la sistemática invasión hidrominera-monocultivos hacia los territorios indígenas, y las consecuencias nefastas de la privatización de los servicios básicos y bienes públicos, en buena medida, es dinamizada por sobrevivientes o ex combatientes de la guerra interna. Aunque también es evidente la ruptura entre los movimientos sociales y la actual izquierda política (víctima de su pasado militar).