jueves, 29 de agosto de 2013

También en Chile Nestlé se ha convertido en una fábrica de lisiados

Foto: Gustavo Villarreal
Por Enildo Iglesias | Rel-UITA

Una delegación de la Rel-UITA se reunió con dirigentes de la Federación de Sindicatos Nestlé Complejo Industrial Planta Macul (FESICOMA) para considerar la problemática de las lesiones por esfuerzos repetitivos (LER), que en ese centro de trabajo se presentan con un promedio de tres nuevos casos mensuales.

En la Planta Macul se elaboran helados y productos refrigerados y sus trabajadores están representados por la FESICOMA y los sindicatos que la integran. Los dirigentes de estas organizaciones están alarmados ya que anualmente se presentan entre 30 y 40 casos de LER, con el agravante que en ocasiones los afectados son atendidos inadecuadamente o continúan trabajando por miedo a ser sancionados.

Son varios los factores responsables de esta situación:

    El ritmo de trabajo, impuesto unilateralmente por la empresa y causante de este tipo de lesiones.
    El Decreto Supremo 50 de 1988, del Ministerio del Trabajo y Previsión Social, establece la obligación del  empleador de informar oportuna y convenientemente a todos sus trabajadores acerca de los riesgos a que están expuestos en sus labores, de las medidas preventivas y del procedimiento correcto de trabajo. Disposición que Nestlé, como la mayoría de las empresas en Chile, no cumple.

    La salud ocupacional en este país se encuentra inserta dentro de una realidad socioeconómica que puede describirse de la siguiente manera: la salud, la educación y la previsión social deben generar lucro igual que cualquier empresa.

    En este contexto se encuentran las mutuales de seguridad de accidentes, instituciones privadas sin fines de lucro encargadas de las acciones de prevención de riesgos y de los servicios y tratamiento de accidentes de trabajo y enfermedades profesionales, creadas por la Ley N° 16.744 del 1 de febrero de 1968.

    Sin embargo, hoy en día las mutuales se convirtieron en un millonario negocio, especialmente a partir del momento en que pasaron a atender a pacientes particulares compitiendo con las clínicas privadas.

Las empresas están obligadas a pagar mensualmente a la mutual una cotización general para cubrir en caso de accidentes de sus trabajadores los tratamientos, rehabilitación y el período de invalidez que corresponda. Uno de los problemas que presenta este sistema, es que a las  empresas se les reduce su cotización en función de la baja siniestralidad.

Es así que en muchas oportunidades, para no perder ese beneficio, las empresas prefieren que el trabajador accidentado sea atendido en forma particular antes que enviarlo la mutual.

En el caso de las LER la situación es aun más compleja, ya que se trata de una enfermedad invisible. Su diagnóstico es clínico, o sea, realizado por un médico, pues no existen análisis capaces de captar tales lesiones.

Si unimos ambos factores, podemos perfectamente imaginar el caso de una trabajadora -o trabajador- que cuando comienza a sentir los primeros dolores provocados por las LER (Grado I) es tratada en la enfermería de la empresa donde le suministran calmantes y vuelve a su trabajo habitual.

Cuando la dolencia alcanza el Grado III (dolor constante que impide realizar la labor) recién es enviada a la mutual, la cual aduce que la lesión es antigua y no la considera enfermedad profesional.

Es lo que le sucedió a la compañera Rosa Cisterna. Ella trabajaba colgando cajas de helados desde una mesa a una cinta transportadora elevada provista de ganchos. Cuando debido a sus dolores finalmente fue enviada a la mutual, le dijeron que su enfermedad no era laboral. Se vio obligada a atenderse en el sistema privado (pago), ha sufrido dos operaciones y lleva dos años de licencia médica sin goce de sueldo.

Hilda Llani, es empacadora en el departamento de congelados, el pasado mes de junio se lesionó un dedo, fue atendida en la enfermería de la empresa y volvió a su trabajo, como no mejoraba, cinco días más tarde fue enviada a la mutual, la que aduciendo el tiempo transcurrido no le reconoció la lesión como accidente laboral.

Posteriormente la empresa argumentó que ella ya tenía ese problema y que el accidente lo agravó, olvidando que todo el personal que ingresa a Nestlé lo hace previo examen médico.

En nombre de la eficiencia y la competitividad y bajo el lema ahora españolizado “A gusto con la vida”, Nestlé está produciendo tullidos a lo largo de América Latina  a través de una masacre silenciosa a la que debemos poner fin urgentemente.

Fuente: Rel-UITA