sábado, 1 de febrero de 2014

Fortalecer el agro y garantizar la soberanía alimentaria son desafíos del próximo gobierno salvadoreño

Efe
Privatización de servicios públicos y el abandono del campo marcaron años posguerra civil en administración de Arena

Por Giorgio Trucchi | Opera Mundi

El Salvador tiene un área total de 2.1 millones de hectáreas, de las cuales casi 995 mil son cultivables. De esta cantidad, unas 770 mil hectáreas son cultivadas y el resto se clasifican como ociosas. Ante la expansión de los monocultivos para la exportación, principalmente de café y caña de azúcar, que ocupan unas 260 mil hectáreas, en los últimos 5 años el gobierno del presidente Mauricio Funes ha impulsado políticas de siembra de alimentos, aumentando la producción de granos básicos (maíz, frijol, arroz y sorgo) de 16 a 22.5 millones de quintales, en un área total que ha alcanzado las 210 mil hectáreas.


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Estas medidas responden a una situación muy crítica que ha vivido el país en relación a la capacidad de satisfacer la demanda interna de alimentos y de alcanzar su propia soberanía alimentaria.

Después de los Acuerdos de Paz que, en 1992, pusieron fin a 12 años de guerra civil (1980-1992) y la victoria del partido Arena (Alianza Republicana Nacionalista) en las primeras elecciones posguerra (1994), El Salvador se enfrentó a la aplicación y profundización de medidas macroeconómicas neoliberales, que privilegiaron la reducción del Estado, la privatización de los servicios públicos y el abandono del agro y la producción de alimentos.

Para los gobiernos que se sucedieron por más de 15 años, fue más importante enfocarse en la expansión del sector bancario y financiero, en la producción manufacturera de maquila, así como en la agroindustria y la producción agrícola para la exportación a gran escala y en la importación de alimentos, todos sectores controlados por un muy reducido grupo de familias de la burguesía salvadoreña.

“Pasamos más de15 años a la defensiva, sin crédito ni asistencia técnica, resistiendo la agresión del modelo neoliberal que se abatió sobre nuestro país, particularmente contra el modelo cooperativo agropecuario y el desarrollo efectivo de la reforma agraria promovida con los Acuerdos de Paz”, dijo Abel Lara, presidente de la CONFRAS (Confederación de Federaciones de la Reforma Agraria Salvadoreña) a Opera Mundi.

Esta situación conllevó una paulatina reconcentración de la tierra y un aumento progresivo del costo de los granos básicos, como resultado, también, de la entrada en vigencia, en 2006, del CAFTA-DR (Tratado de libre comercio de Centroamérica y República Dominicana con Estados Unidos).

De la defensiva a la propuesta

El dirigente campesino explicó que, durante todo este periodo, se llevó a cabo una verdadera contrarreforma agraria, que dejó abandonado al sector agropecuario. “Nos aliamos con otras organizaciones y comenzamos a impulsar fuertes movilizaciones para exigir políticas públicas a favor del sector. Sufrimos represión, detenciones, pero nunca paramos de luchar”.

Fue hasta en 2009, con la victoria electoral de Mauricio Funes, que las cosas comenzaron a tomar un giro diferente. “Nos involucramos al proceso de consulta popular y presentamos propuestas muy claras. Para nosotros era fundamental tener personas de nuestra total confianza en el gobierno y que se tomara como referencia para el sector agropecuario el modelo de agricultura familiar”, explicó Lara.

De acuerdo con CONFRAS, los resultados no se hicieron esperar. “El Estado dejó de comprarles semillas importadas a las grandes empresas nacionales e internacionales, y estimuló las cooperativas para que iniciaran a producir semillas certificadas de frijol, maíz y sorgo. Después de un proceso de validación, estas semillas son distribuidas en ‘paquetes agrícolas’ a los campesinos para reactivar la producción de alimentos a nivel nacional”.

Este nuevo modelo distribuyó anualmente paquetes agrícolas a un promedio de 350 mil pequeños productores individuales en estado de pobreza extrema, brindándoles también asistencia técnica y acompañamiento a través del CENTA (Centro Nacional de Tecnología Agropecuaria y Forestal).

Además, por medio del Banco de Fomento Agropecuario, se incentivó el apoyo crediticio con una baja tasa de interés para la pequeña y mediana empresa agropecuaria. También se promovió el encadenamiento productivo, involucrando en el proyecto gubernamental aquellas cooperativas, o productores individuales que no están en una situación de pobreza extrema, acompañándolos hasta la comercialización del producto.

Soberanía alimentaria

Datos del MAG (Ministerio de Agricultura y Ganadería) evidencian que, con este modelo, El Salvador logró reducir sensiblemente y estabilizar los precios de granos básicos, al mismo tiempo que pudo satisfacer la demanda interna de frijol y sorgo, y está a punto de hacerlo con el maíz.

Además, el esfuerzo de promover el modelo cooperativo agropecuario permitió el fortalecimiento de las cooperativas ya existentes y la creación de nuevas (+ 24% del 2009 a la fecha), con énfasis particular en el involucramiento de mujeres y jóvenes. Situación diferente para el arroz, cuya demanda interna sigue dependiendo en gran parte de la importación desde Estados Unidos, controlada por empresas del ex presidente Alfredo Cristiani (1989-1994).

“Ahora es el momento de profundizar estos cambios. Necesitamos que el Estado le apueste al modelo cooperativo, a la producción asociativa y colectiva sostenible, que tenga una mayor presencia en el sector import-export de alimentos, que todavía está en manos de unas pocas grandes empresas”, detalló Miguel Alemán, presidente honorario de la CONFRAS. 

Según él, deberá aumentar la compra de granos básicos a los pequeños y medianos productores, con el objetivo de almacenarlos y así poder hacerle frente a cualquier crisis alimentaria. El gobierno que saldrá electo en las elecciones del 2 de febrero deberá también promover la implementación de la agroecología, y profundizar la entrega de escrituras a familias campesinas. “Ya se han entregado 45 mil escrituras ‘como bien de familia’ y estamos confiados de que este proceso va a continuar. Necesitamos avanzar con los cambios”, dijo.

Mientras tanto, el sector campesino pide la contratación de más técnicos e ingenieros agrónomos, que continúe y se intensifique el crédito agrícola a los pequeños productores, y que se reduzca el déficit de producción de arroz y maíz amarillo, para depender menos del exterior.

Asimismo, que se multiplique la estructura para el almacenamiento de granos básicos, que se invierta en la transformación y procesamiento de alimentos, sector que todavía está controlado en su totalidad por las grandes empresas nacionales y transnacionales, y que se apruebe la Ley de Soberanía Alimentaria, cuyo anteproyecto ha sido boicoteado en Parlamento por las bancadas de oposición.

“Necesitamos que El Salvador sea capaz de producir su propia comida. Aunque en los últimos años se ha logrado bajar nuestra dependencia del exterior, tenemos todavía un fuerte déficit en la producción de arroz, maíz amarillo, hortalizas, fruta y lácteos. En muchos casos es el efecto nefasto del CAFTA”, explicó Ricardo Ramírez, directivo de la CONFRAS.

Finalmente, se ve como imprescindible la creación de un poder popular. “Solamente con un gobierno enraizado en la población se podrán impulsar cambios fundamentales, que tengan que ver con la revisión de los acuerdos comerciales firmados por El Salvador, tal como el CAFTA, el Tratado de Libre Comercio México - El Salvador, Guatemala y Honduras y el Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y Centroamérica, así como la Ley de Asocio Público Privado”, dijo.

ALBA Alimentos

ALBA Petróleos de El Salvador es una empresa de economía mixta que nace para incorporar al país en el acuerdo PetroCaribe. Ante la resistencia de incorporar a El Salvador como Estado, se conforma la Asociación intermunicipal ENEPASA (Energía para El Salvador), para actuar como contraparte.

Entre los proyectos con visión social impulsados por esta entidad destaca ALBA Alimentos de El Salvador. “Con este proyecto se ha apoyado el crédito hacia productores individuales y organizados, se han entregado paquetes tecnológicos para la siembra de granos básicos y se ha encargado del mercadeo, firmando contratos con las grandes cadenas corporativas para la comercialización de la producción”, relató el presidente de la CONFRAS.

Además, ALBA Alimentos se ha dado a la tarea de comprar la producción de granos básicos a precio justo, ha brindado capacitación técnica y comercial a los productores, y ha apoyado el programa gubernamental del Vaso de Leche Escolar.

El año pasado, inauguró la primera planta de biofertilizantes del país, con la que se espera reducir la dependencia y el alto consumo de agrotóxicos en la producción de granos básicos. También se instaló una planta procesadora de maíz, arroz y frijol, rompiendo el oligopolio que existe en este sector.

“El proyecto ha sido muy cuestionado y tuvo que enfrentar la oposición de los por la grandes empresarios. Por primera vez, en El Salvador, hay alguien que compite con ellos y que le hace contrapeso. Esperamos poder avanzar y, de manera gradual, dejar de depender de las decisiones de unos pocos grupos económicos que tanto daño le han hecho al país”, concluyó Ramírez.

Fuente original: Opera Mundi (portugués)