Por José A. Amesty R. | ALAI
Justo en el contexto, en que se desarrollaba en la barriada habanera de San Isidro, una supuesta huelga de hambre, por una decena de personas, algunas con vínculos probados con agencias y representantes de Washington, el Departamento de Estado Norteamericano, anunció que destinará hasta un millón de dólares para programas (un millón por cada proyecto) que estén vinculados con “los derechos civiles, políticos, religiosos y laborales en Cuba”.
Más específicamente, dinero ilícito e impúdico, para agresión e injerencia en asuntos internos de Cuba, para subversión que justifiquen políticas norteamericanas como las del bloqueo, y a la campaña mentirosa contra la situación de los Derechos Humanos en la isla. Se anuncia que luego de los hechos en San Isidro, aun se sigue fomentando el caos y la violencia en Cuba.
Promoviendo igualmente, su agenda injerencista en naciones latinoamericanas como Nicaragua y Venezuela, entre otros, de acuerdo con numerosas denuncias realizadas por esos Gobiernos. Desde el triunfo de la Revolución cubana, Washington financia a grupos subversivos, como el denominado “Movimiento San Isidro”, con el fin de que impulsen acciones desestabilizadoras dentro de Cuba.

































