martes, 21 de enero de 2014

“Las radios son un derecho y no queremos intromisiones del Estado”, dice dirigente garífuna hondureño

Foto G. Trucchi | Opera Mundi
Félix Valentín, miembro del consejo directivo de OFRANEH, denuncia destrucción de recursos naturales en Honduras

Por Giorgio Trucchi | Opera Mundi (3º y última parte)

El artículo 16 de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas dice, textualmente, que “los pueblos indígenas tienen derecho a establecer sus propios medios de información en sus propios idiomas y a acceder a todos los demás medios de información no indígenas sin discriminación alguna”. Es el mismo precepto que llevó la OIT (Organización Internacional del Trabajo) a elaborar, en 1989, el Convenio 169 sobre Pueblos indígenas y tribales en países independientes.

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Este Convenio, que tiene como postulados básicos el respeto de las culturas, formas de vida e instituciones tradicionales de los pueblos indígenas, y la consulta y participación efectiva de estos pueblos en las decisiones que les afectan, cuenta hoy con 22 ratificaciones, en su mayoría de países latinoamericanos. Honduras lo ratificó en 1995.

Basado en este mismo principio, la organización garífuna OFRANEH (Organización Fraternal Negra Hondureña) fue creando varias emisoras comunitarias a lo largo de la costa caribeña de Honduras, desdeñando cualquier contacto y solicitud de frecuencias ante la autoridad de telecomunicaciones.

“¿Cómo podríamos confiar en gobiernos que han pretendido subastar el territorio ancestral garífuna, saquear sus recursos naturales y destruir nuestra cultura y forma de vivir?”, pregunta Félix Valentín, miembro de la junta directiva central de OFRANEH durante la entrevista con Opera Mundi.

Por sus denuncias persistentes contra la concentración y el acaparamiento de territorios, los megaproyectos hidroeléctricos, mineros y turístico, y la expansión de los monocultivos en territorio garífuna, las emisoras comunitarias de la OFRANEH han sufrido una larga serie de atentados, acrecentando la desconfianza hacia un poder político-económico que ha copado todos los espacios institucionales.

“Para montar nuestros medios de comunicaciones no necesitamos de permisos, ni de reglamentos. La Declaración de las Naciones Unidas sobre pueblos indígenas y el Convenio 169 nos otorgan el derecho inviolable a tener nuestras emisoras y no queremos intromisiones del Estado”, dijo Valentín.

Opera Mundi: ¿Cuántas radios comunitarias tiene OFRANEH?

Félix Valentín: Tenemos cinco. La primera radioemisora, Faluma Bimetu (Coco Dulce), fue creada en Triunfo de la Cruz por el CODETT (Comité de Defensa de las Tierras de Triunfo de la Cruz), con el propósito de defender nuestra cultura y territorio ante la ofensiva de grupos de poder hondureños que querían apoderarse de nuestro territorio ancestral.

En 2003, se instaló la Radio Durugubuti en la comunidad de San Juan Tela, que es administrada en su totalidad por un grupo de jóvenes, y en 2009, se crearon otras dos radios comunitarias: Radio Sügüa en la comunidad de Sambo Creek, que ha jugado un papel muy importante en el rescate y preservación de la cultura garífuna, y Radio Warumuga en la ciudad deTrujillo, impulsada también por jóvenes que plantearon un firme rechazo a la venta de territorio costero con fines de explotación turística.

Finalmente, en 2011, se dio vida a Radio Brisas del Mar, la quinta emisora comunitaria, en la localidad de Punta Piedra, donde desde hace más de dos décadas las comunidades garífunas luchan contra la invasión territorial promovida por militares de alto rango para apropiarse de la cuenca del río Miel. Este caso fue elevado hasta la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Nuestras emisoras integran también la Red Mesoamericana de Radios Comunitarias, Indígenas y Garífunas, una red estratégica que reúne a varias radios comunitarias que nacen y se enlazan para fortalecer las luchas de las organizaciones sociales y los pueblos de la región.

OM: ¿Cuántas de estas radios tienen una frecuencia asignada por el Estado?

FV: Ninguna, porque desde un principio fuimos categórico en no querer pertenecer a este sistema de telecomunicaciones. De acuerdo con el Convenio 169 de la OIT, tenemos el derecho de crear nuestros propios medios de comunicación, y nadie puede obligarnos a ser parte de un sistema, ni a respetar una Ley de Telecomunicaciones o a participar de una supuesta regularización del espectro radioeléctrico, cuyo verdadero objetivo es condicionar el accionar y los contenidos expresados por las radios comunitarias.

OM: ¿Por qué tanta desconfianza?
FV: ¿Cómo podemos confiar en gobiernos e instituciones que se han aliado con las élites nacionales y los grupos de poder para saquear nuestros territorios y nuestros recursos, y que hasta han pretendido subastar el territorio hondureño por medio de la aprobación de la Ley de las ZEDE (Zonas de Empleo y Desarrollo Económico), más conocidas como ciudades modelo?

¿Cómo podemos olvidar la impunidad que ha envuelto los atentados, el robo de transmisores, la quema de locales, el hostigamiento y el acoso de las autoridades de telecomunicaciones y de las municipalidades contra nuestras radios, así como el desconocimiento y la negación total de nuestro derecho a la consulta previa, libre e informada ante proyectos de explotación territorial?

En este sentido, no podemos, ni queremos permitir ningún tipo de condicionamiento a nuestras radios, que han surgido del pueblo, son para el pueblo y expresan el sentir del pueblo, de parte de instituciones que han estado pisoteando constantemente nuestros derechos.

OM: ¿Cuál ha sido la importancia de estas radios y de su trabajo de comunicación?
FV: OFRANEH es una federación que aglutina a decenas de comunidades y que trabaja para la reivindicación de los pueblos indígenas y negros de Honduras. Nuestras emisoras han podido romper la campaña de desinformación proveniente de los medios de comunicación masivos, y difundir la verdad nacional e internacionalmente, despertando la conciencia de nuestra gente.

Además, han jugado un papel unificador en defensa de nuestros territorios ancestrales, de las formas y prácticas comunitarias, de nuestros recursos, nuestra cultura y cosmovisión, y han contribuido al desarrollo, capacitación y formación de los jóvenes de nuestras comunidades. En este sentido, estamos exigiendo que el Estado reconozca y respete los convenios internacionales que ha ratificado, así como los derechos inviolables que nos otorgan.

Fuente original: Opera Mundi (portugués)