miércoles, 11 de abril de 2018

El desesperado plan de Marco Rubio en la Cumbre de las Américas

Por Luis Alberto Rodríguez | Miradas Encontradas

El presidente Donald Trump anunció que no asistirá a la VIII Cumbre de las Américas de Perú porque atenderá la respuesta de Estados Unidos sobre Siria y otros asuntos globales. Así, se perdió la que sería primera oportunidad de observar al magnate en medio de presidentes de Latinoamérica que le han hecho franca oposición. Será para la próxima o para la ninguna, me parece.

Entonces la pregunta ronda: ¿quién irá en representación de Estados Unidos? El secretario de Estado, Mike Pompeo, ya dijo que él no y estamos en espera de lo que diga el vicepresidente Mike Pence.


Pero quien ya se ha adelantado a esta cuestión es el senador Marco Rubio quien, aunque no asista en representación oficial de la Casa Blanca, se sabe que tiene en agenda viajar a la Cumbre de Perú para sembrar sus propios intereses.

Rubio, senador por la Florida y ex aspirante presidencial por el Partido Republicano, busca ser recibido por el presidente peruano Martín Vizcarra y el canciller Néstor Popolizio, con el pretexto de evaluar la cooperación entre Perú y EE.UU. en materia anti-droga; pero, lo que en realidad pretende, es presionar a Lima sobre el tema Venezuela a cuyo Estado acusa de “narco-gobierno” y de preparar un “fraude electoral” con miras a sus elecciones presidenciales del próximo mayo.

A cambio, Rubio promete al gobierno de Perú desviar la atención en la Cumbre de las Américas sobre los recientes actos de corrupción en los que se ha envuelto y que valieron la dimisión del ex presidente Pedro Kuzcynski. Un trato alentador para la deslegitimada presidencia de Vizcarra.

En la agenda de Rubio está escrita la intención de aprovechar la ausencia de Trump para ocupar su espacio y dar a entender que la política de Estados Unidos hacia Latinoamérica pasa por sus manos. No obstante, se trata de un plan desesperado del senador por la Florida, en tanto que –en Washington es sabido–, ha perdido su influencia sobre el Presidente, por lo cual intenta quemar algunas de sus naves para defender su cofradía en el Continente. Perú es uno de los últimos intentos de Rubio por sostener cierta influencia política dentro y fuera de EE.UU.

Lo cierto es que muchos líderes republicanos –y demócratas–, presionan a Rubio para que este renuncie a el apoyo que le brinda la Asociación Nacional del Rifle, a cambio del respaldo que el senador brinda a la venta pública de armamento de grueso calibre, a pesar de la grotesca crisis que deja 33 mil asesinatos por arma de fuego al año en Estados Unidos.

Esto, junto con la notable pérdida de liderazgo entre el electorado de Florida, ha desgastado a Rubio dentro del Partido Republicano y ha dejado de ser considerado como uno de sus líderes.

La fama de Marco Rubio de traidor y egoísta le ha valido el rechazo de varios de sus colegas en el Congreso y es calificado por la élite estadounidense como un “oportunista”.

A Rubio no lo quieren ni los cubanos de Miami. Mucho menos mexicanos, puertorriqueños o la generalidad hispana en Estados Unidos. Sus posibilidades de ser nominado a la candidatura republicana a la Presidencia en el 2020 son casi nulas, y aún carga sobre su espalda la opinión que, si logró su reelección en el Senado en el 2016, no fue tanto por él sino porque el Partido Demócrata no presentó buen candidato.

Por eso, la VIII Cumbre de las Américas de Perú representa para Rubio una última llamada: apostar fuerte, contra todas las posibilidades de perder. Ya no es un político de proyección nacional. Este personaje busca cobrar afuera, lo que ya no tiene dentro de Estados Unidos.


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