domingo, 15 de enero de 2017

¿Quién gana y quién pierde con el acuerdo migratorio entre Cuba y EE.UU.?

Por Iroel Sánchez | La Pupila Insomne

Muchas veces y en numerosos medios de comunicación se ha estado planteando la idea de que la nueva política de Estados Unidos hacia Cuba plantea inéditos desafíos para la Revolución cubana. Incluso, se ha llegado a afirmar que con ella se iniciaba el fin del proceso triunfante en la Isla en 1959. Sin embargo, he aquí que con el acuerdo migratorio alcanzado este 12 enero lo que se finiquita es una de las bases propagandísticas de su némesis: el carácter de “exilio” del núcleo poblacional instalado en Miami desde los mismos inicios de la Revolución, favorecido por políticas estadounidenses que presuponían hasta ayer su condición de víctimas, de refugiados políticos que huían de un “perverso régimen comunista”.

Con la “Declaración conjunta” emitida ayer por los gobiernos de Cuba y Estados Unidos, se pone fin a los privilegios migratorios únicos otorgados a cualquier cubano que arribara a Estados Unidos por cualquier vía, incluso ilegal, y se cancela el programa de estimulo a la deserción de médicos cubanos que colaboran en terceros países implementado durante la administración de George W. Bush y mantenido luego por Obama.

Junto al fin del bloqueo económico, la devolución del territorio ocupado por la base militar norteamericana en Guantánamo, la eliminación de los fondos para la subversión y el cese de las transmisiones ilegales de radio y televisión, lo alcanzado este 12 de enero es parte de los reclamos históricos de Cuba, aunque se mantiene en pie la Ley de Ajuste cubano de 1966, una herramienta propagandística de la Guerra Fría que solo puede derogar el Congreso estadounidense. Pero dicha Ley no obliga sino que otorga discrecionalidad al presidente para admitir ciudadanos cubanos; no es previsible que la administración entrante de Donald Trump, quien se ha manifestado repetidamente contra la emigración desordenada, haga retroceder un acuerdo en el que están interesados todos los organismos federales norteamericanos relacionados con la seguridad fronteriza, lucha contra la trata de personas, el narcotráfico, etc. Mas, cuando como parte del acuerdo Cuba aceptará las deportaciones de sus ciudadanos que arriben ilegalmente desde hoy a EEUU y evaluará “caso por caso” aquellos que en el momento de firmarse el acuerdo permanecían en EEUU después de entrar ilegalmente allí.

La llamada “política de pies secos/pies mojados” ha afectado a todos los países del entorno de Cuba y EEUU, ha estimulado la violencia, el terrorismo y la trata de personas. Esto ha creado a Estados Unidos problemas con sus vecinos en la región y motivado reclamos internacionales y regionales hacia Washington por los problemas y las distorsiones que provoca.

Al interior de EEEUU, muchos políticos y académicos venían planteando  la misma opinión. La exjefa de la Sección de Intereses de los Estados Unidos en Cuba, Vicky Huddleston, lo había reclamado en el New York Times, en función “fomentar una migración segura y ordenada, además de salvar vidas”. Los congresistas ultras de Miami han tenido una posición dual al respecto, porque por una parte no desean la llegada de nuevos emigrantes que en su mayoría regresan de visita a Cuba y aspiran a una relación normal con sus familiares en la Isla -en 2016, 329.496 cubanos residentes en EEUU viajaron a Cuba, creciendo esta cifra 12% con respecto a 2015-, lo que debilita su base electoral y por otra necesitan mantener el carácter de “refugiados políticos” de una emigración fundamentalmente económica que el bloqueo que favorecen estimula.

En 2002 y en 2009, Cuba presentó propuestas de acuerdos migratorios a Estados Unidos que fueron ignoradas y volvió a presentar un nuevo proyecto de acuerdo en 2009, el que  fue actualizado en 2010 y reiterado el 30 de noviembre de 2015. La Habana había venido reiterando públicamente desde el 17 de diciembre de 2014 la necesidad de arribar a lo que este 12 de enero se ha alcanzado. Por, su parte, Washington, había estado reiterando que mantendría el estado de cosas vigente con la política de “pies secos/pies mojados” y el programa de estímulo a la deserción de médicos. Por ende, el acuerdo migratorio puede considerarse una victoria cubana, aunque es también una victoria del sentido común y de los sectores que aspiran honestamente a una normalización entre los dos países y una gran derrota para aquellos que alimentan la confrontación.

Se decía que Obama  tumbaría la Revolución en Cuba pero lo que acaba de caer es la base para mantener la retórica que convierte a todo emigrante cubano en “exiliado” y enemigo de la Revolución.  


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