martes, 2 de agosto de 2016

América Latina en la mira de un modelo asesino y excluyente

Foto Rel-UITA
2do. Seminario Internacional sobre Violencia en el Campo

Por Gerardo Iglesias | Rel-UITA

Brasilia será el punto de encuentro, en noviembre, de líderes sindicales, ambientalistas, campesinos y organizaciones de derechos humanos para analizar la situación de violencia que padece el medio rural en nuestra región. El pasado lunes 25, en la sede de la Confederación Nacional de Trabajadores de la Agricultura (CONTAG) de Brasil se acordó que el 21 y 22 de noviembre sesionará el 2do. Seminario Internacional sobre Violencia en el Campo en América Latina.

La primera, denominada “Violencia en el Campo: Escenarios, Víctimas y Victimarios”, se había efectuado también en Brasilia, el 5 de marzo de 2013. En la carta abierta “Violencia en el Medio Rural: a favor de la vida y la paz”, se afirmaba en ese entonces:

“Los grandes propietarios, el agronegocio y las transnacionales actúan como una verdadera red transnacional del crimen organizado, una vez que esta violencia, en su ofensiva, es funcional a la privatización de la naturaleza, la concentración de tierras y la producción a gran escala.

La concentración de la tierra está directamente relacionada con la concentración del poder.

Los pocos propietarios de estas tierras, que siempre gozaron de privilegios y que ejercieron y ejercen influencia sobre las diferentes instancias gubernamentales en nombre de sus intereses personales, financieros y políticos, explotan, esclavizan, amenazan, torturan y matan a aquellas personas que osan luchar contra sus privilegios.

Entre las diversas soluciones, Trabajo Digno, Reforma Agraria y Justa Distribución de Renta representan instrumentos necesarios e importantes para mitigar estos problemas.

Lo que falta es voluntad política y una mirada más humana en relación con los pobres que viven en situaciones y regiones de riesgo, donde lo que impera es la ley de quien tiene más.

La omisión del gobierno en responder a los intereses de los poderosos, de los grandes terratenientes es notoria: sólo valen quienes tienen poder adquisitivo.

Esta atroz ferocidad del capitalismo, del neoliberalismo, está desencadenando violaciones de los derechos territoriales. Los derechos humanos y colectivos no existen en este mundo, con la complicidad de los Estados (…)”

El terrorismo de un modelo para unos pocos
Y la impunidad tragándoselo todo

Han pasado más de tres años y la situación de violencia se ha incrementado.

Como muestra apenas algunos lamentables hechos: el asesinato de Berta Cáceres dirigente del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (Copinh) y Lesbia Yaneth Urquía lideresa comunitaria vinculada a esa organización, y la masacre de Curuguaty, en Paraguay, una operación orquestada en la que murieron 17 personas y que sirvió tanto para derrocar al presidente Fernando Lugo como para frenar las protestas campesinas.

Brasil, Colombia y Perú figuran a su vez entre los países más peligrosos para los activistas ambientalistas en todo el planeta.

En Brasil, además, a diario se informa sobre asesinatos perpetrados por milicias privadas, fundamentalmente en zonas como Mato Grosso del Sur, donde los índices de concentración de la propiedad de la tierra en latifundios, son particularmente elevados. 

Y qué decir de México, donde los asesinatos de activistas sociales, de sindicalistas, de ambientalistas se cuentan por centenares. 

Es en este contexto, donde además la región pierde soberanía alimentaria a pasos agigantados, que se celebrará en unos pocos meses el encuentro de Brasilia, un contexto que exige respuestas urgentes de parte del movimiento sindical y de la sociedad toda para hacer frente a la ofensiva combinada de las transnacionales, sus cómplices locales y su mano de obra armada.