miércoles, 22 de junio de 2016

Hace 36 años la desaparición forzada de líderes sindicales y estudiantiles en Guatemala

Por Noticias Comunicarte

El 21 de junio de 1980, 27 líderes sindicales y estudiantiles se encontraban reunidos en la CNT, en el centro de la capital guatemalteca, cuando fueron capturados y desaparecidos por agentes de las fuerzas de seguridad del Estado.


En 1990, el Grupo de Apoyo Mutuo (GAM) impulsó la demarcación de un día especial en el que se pudiera demandar el fin de las desapariciones forzadas, esclarecimientos, juzgamientos, castigos a los responsables y el resarcimiento a los familiares de las víctimas. Después de la realización de muchas movilizaciones y actividades para llamar la atención del poder público, en junio de 2004, el Congreso guatemalteco decretó el 21 de junio como ‘Día Nacional contra la Desaparición Forzada’.

En 1968 se fundó la CNT mediante la unión de tres federaciones sindicales: la Federación Central de Trabajadores de Guatemala (FECETRAG),  la Federación Nacional de los Obreros del Transporte (FENOT) y la Federación Campesina de Guatemala (FCG).  La CNT nunca contó con personalidad jurídica, pero se afilió a la Confederación Latinoamericana de Trabajadores (CLAT), de orientación socialcristiana. Desde su origen estuvo integrada por sindicatos industriales, ligas campesinas y cooperativas.

La CNT era el núcleo de la actividad sindical y la organización mayoritaria durante la década de los setenta. En 1974 contaba con siete sindicatos adheridos. En 1979 sumaban 69 sindicatos. Dado su importante rol en la organización social la CNT se convirtió en un espacio de influencia no sólo notable entre las distintas corrientes sindicales existentes en el momento, sino también entre las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR) y el Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), que tenían influencia política en el sector. En 1978, después de mucho debate, la CNT rompió con la CLAT, lo que la dejó carente de vínculos internacionales. En 1980 la CNT contaba con una estructura integrada por diferentes secciones que a su vez se interrelacionaban: organización, propaganda y asuntos jurídicos, que apoyaban a los sindicatos en sus reivindicaciones.

En su aplicación de la Doctrina de Seguridad Nacional (DSN) el Estado consideraba al movimiento sindical como parte de la insurgencia. Un ex sindicalista, que fuera detenido y torturado en un cuartel militar, cuenta que agentes de seguridad le mostraron un organigrama detallado del CNT-FAR donde se identificaba a una organización con la otra. 

Los agentes del Estado y los empresarios tenían información sobre las actividades de los sindicatos, obtenida mediante acciones de infiltración en la CNT realizados por los aparatos de seguridad del Estado. Esta había sido la razón por la cual la CNT había expulsado con anterioridad a varios de sus miembros. Un declarante recuerda que uno de los porteros de la sede pertenecía a "la judicial".  También las patronales, en varias empresas, dificultaron la acción sindical, como por ejemplo, al asignar turnos de noche a ciertos trabajadores comprometidos con el movimiento sindical, con el fin de que no pudieran desarrollar activismo con las bases de las fábricas.

Los miembros de la CNT fueron objeto de diferentes acciones de hostigamiento. Por ejemplo, en enero de 1979 se hizo estallar una bomba en su sede. En el mismo año se produjeron varios allanamientos: en uno golpearon al guardián y en otro se llevaron los archivos de la CNT. El 22 de febrero de 1980 siete líderes fueron arrestados por la Policía Nacional.  Se encontraron amenazas anónimas en los casilleros, en los baños, y hasta se difundió una lista de "condenados a muerte" en la que se incluían a asesores y dirigentes de la CNT.  Los seguían a la salida del trabajo. Un declarante recuerda los vehículos "Toyotas beiges" en que viajaban hasta cuatro sujetos desde donde, con pistolas en las manos, los amenazaban. 

Ante este acoso creciente los sindicalistas sintieron temor, algunos hasta pensaron retirarse, y tomaron medidas preventivas. Por ejemplo, Ismael Vásquez -que después fue desaparecido- sabía que su vida corría peligro, por lo que desde tiempo atrás había puesto sobreaviso a su familia. Solía cambiar su ruta de entrada y salida de la casa todos los días. A pesar de todo los dirigentes de la CNT trataron de preservar su espacio y el funcionamiento de la sede.

La reunión del 21 de junio de 1980 

La cúpula dirigente había convocado a una reunión extraordinaria, fijada para el 21 de junio de 1980, porque había problemas internos en la organización. En esa reunión se quería resolver las divergencias ideológicas sobre la dirección del movimiento sindical, las estrategias para la sobrevivencia del movimiento sindical, el asunto de la expulsión de tres miembros de la CNT y el apoyo al sindicato de Coca-Cola, que era objeto de intensa represión.

En la madrugada del sábado 21 de junio es asesinado Edgar Aldana Ruano, miembro de este último sindicato. Unido este asesinato a los problemas de seguridad ya existentes en la sede de la CNT, hacia las once de la mañana los responsables de la convocatoria decidieron cancelar la reunión prevista para esa tarde en la CNT. Sin embargo, no todos los delegados pudieron ser informados a tiempo y algunos empezaron a llegar a partir de las dos de la tarde. En palabras de un sobreviviente: "A las tres menos diez yo pasé a una tienda [cercana al local de la CNT] y vi que habían unas personas armadas, y no eran pistolas sino que eran metralletas (...) todos tenían sus pañuelos puestos y estaban de particular, habían como tres oficiales uniformados y eran de alto rango por las insignias que tenían". El grupo estaba formado por más de sesenta hombres armados, pertenecientes a la Policía Judicial, a la Policía Nacional y al Ejército.

El testigo "sentía que iban a allanar ahí. Yo llegué a la CNT y estaba abierta la puerta. Cerré la puerta. Subí las gradas y les dije a los compañeros: 'Vámonos, vámonos porque esto lo van a allanar'. Sólo terminado de decir estas palabras estaba cuando tocaron el timbre. Uno de los compañeros abrió y entonces empujaron la puerta, y ya estaba un jeep frente a la puerta estacionado, para que nadie pudiéramos salir".  En ese momento había unas 30 personas en el local.
La 9 y 10 avenidas estaban rodeadas por las tropas que habían interrumpido el tráfico vehicular y apuntaban hacia arriba con sus armas de fuego. Los sujetos apostados en la calle estaban vestidos de civil y enmascarados, pero había tres o cuatro que eran militares, a quienes se pudo identificar por las insignias, las gorras, el uniforme verde olivo que vestían y las voces de mando. También había un jeep Toyota color gris.  Fueron tres las personas que lograron escapar. 

Uno de ellos contaba: "(...) Oíamos los gritos de los compañeros y sólo oía que los maltrataban y como que les tiraban contra la pared". No se escucharon disparos, sólo golpes. Se retiraron los militares y ellos lograron salvarse. La operación duró entre tres y cinco minutos; fue una "operación relámpago".

Otro testigo recuerda la escena cuando llegó tarde a la reunión, pasados unos 10 minutos del operativo militar. La cuadra estaba vacía. No estaba el portero del sindicato en la calle. Pensó: "Qué descuido". Empujó la puerta y entró. No había nadie en el local. Había manchas de sangre en el corredor y los archivos estaban abiertos. De pronto alguien entró y lo sacaron. Al salir a la calle, unas seis personas lo rodearon y le contaron lo sucedido, mientras dos compañeros sindicalistas lloraban. Estuvo allí cinco minutos y cuando se dieron cuenta que venían dos judiciales decidieron retirarse. Un familiar de una de las víctimas, que llegó luego a la sede con otros que se hallaban en la misma situación, relató que lo que presenciaron fue horrible pues había pozas de sangre por todas partes y las instalaciones estaban hechas un desastre.

Hay dudas sobre el número total de víctimas. Un testigo de los hechos indica que el número de 27 personas se refiere al quórum que se había alcanzado en el momento de la reunión: "Eran los que ya estaban sentados para empezar la reunión y por eso a ellos no les dio tiempo de salir, porque estaban dentro (...)".  La CEH logró identificar a 27 personas.

DETENIDOS DESAPARECIDOS 21 DE JUNIO DE 1980 CNT

1. Orlando Antonio García Rodríguez del sindicato de la empresa
TURSA.
2. Irma Candelaria Pérez Osorio del sindicato de ININUPLASTIC.
3. Rafael Antonio Aguilar Pérez del sindicato de la empresa SERMACO
4. Edwin René Hernández Paiz del sindicato de la empresa SERMACO
5. Selvin Arnoldo García López del sindicato de la empresa SERMACO
6. Alvaro Orlando Estrada del sindicato de la empresa SERMACO
7. Bernardo Marroquín Salazar del sindicato de la empresa KERNS
8. Florencia Xocop Chavez directivo de la CNT
9. Mario Campos Valladares directivo de la CNT
10. Oscar Armando Salazar directivo de la CNT.
11. Jorge Luis Serrano del sindicato de la empresa ENLOZADOS NACIONALES.
12. Florentino Gomez López del sindicato de la COCA COLA.
13. Ismael Vásquez Ortiz del sindicato de la COCA COLA.
14. Manuel Antonio Rodríguez Ramos del sindicato de la empresa FOREMOST.
15. Mario Martínez del sindicato de la empresa FOREMOST.
16. Sara Cabrera Flores del sindicato de la empresa ACRICASA.
17. Hilda Carlota Pérez Menéndez del sindicato de la empresa ACRICASA.
18. Sonia Elizabeth Alecio del sindicato de la empresa RICHARDSON VICKS.
19. Crecencio Coronel Ordóñez del sindicato de la empresa ENLOZADOS
NACIONALES.
20. Cristina Yolanda Carrera Cabrera del sindicato de la empresa SISTEMAS
ELÉCTRICOS.
21. Manuel René Polanco Salguero del sindicato del diario PRENSA LIBRE.
22. Agustin Chitay Chapetón del sindicato de la empresa INDUPLASTIC.
23. Rafael Estrada del sindicato de la empresa ACRICASA.
24. Oscar Augusto Pérez del sindicato de la empresa ACRICASA.
25. Luis Roberto Bonilla de la CNT.
26. Celso Santos Huaz de la CNT.
27. Roberto López de la CNT.