martes, 8 de marzo de 2016

Un 8 de marzo de luto

Foto G. Trucchi | Rel-UITA
Por el asesinato de Bertha Cáceres

Por Violeta Lacayo | Rel-UITA

Hace más de cien años que se instituyó el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer. La jornada recuerda, paradójicamente, que la lucha por los derechos está manchada y precedida de muertes.

En 1857 fueron asesinadas 146 obreras de la industria textil en Nueva York, que se habían rebelado frente a las 12 extenuantes horas de jornada laboral que debían cumplir ganando salarios miserables y padeciendo condiciones inhumanas de trabajo.

Este año, en la víspera de su cumpleaños número 43, y a cuatro días de conmemorarse el 8 de marzo, fue asesinada en Honduras una luchadora de la vida, una luchadora por los derechos humanos, Bertha Cáceres.



De origen Lenca, centroamericana, joven, transgresora, rebelde, inquieta, guerrera, líder, conocida en el mundo por su batalla contra las transnacionales destructoras del medio ambiente en Honduras, por atreverse a portar la bandera de la justicia social para su pueblo, por no dejarse intimidar por el capitalismo y el patriarcado.

Bertha había sido víctima de múltiples ataques previos, entre ellos las amenazas de violarla, lincharla, secuestrar a sus hijas y atacar a su madre, un tipo de amenazas que se le hacen a una mujer, diciéndole que es vulnerable, que tendrán control sobre ella y sus personas queridas, en especial las mujeres que le rodean.

A pesar de estos ataques, esta valiente y valiosa mujer no se detuvo. Siguió adelante, y fue reconocida por el mundo a través del más prestigioso premio que puede recibir una defensora del medio ambiente, el Premio Goldman.

Pero uno de sus mayores premios fue el haber logrado que la compañía constructora de represas más grande a nivel mundial, Sinohydro, de origen chino, y la Corporación Financiera Internacional, institución del Banco Mundial que invierte en el sector privado, desistieran de participar en el proyecto hídrico que afectaría irreversiblemente a la comunidad hondureña.

Claramente Bertha había tocado intereses políticos y económicos, lo cual le reportaría a ella la sanción más grande cuando se lucha por un mundo mejor, más justo e igualitario: su muerte.

Estamos ante un crimen político, de una mujer que enfrentó a un sistema injusto y salvaje; un sistema, que en un acto desesperado, para callar la voz de Bertha, decide y ejecuta enviar un mensaje ejemplarizante a través de su asesinato, con la clara intención de remarcar las reglas para que a otros y en especial a otras no se les ocurra retarlos.

Saldo negativo
Una igualdad que no llega

Cuando hablamos de derechos para las mujeres, debemos hablar en primera instancia de autonomía, la cual refiere al control de las mujeres sobre su cuerpo (autonomía física), la capacidad de generar ingresos y recursos propios (autonomía económica) y la plena participación en la toma de decisiones que afectan su vida y su colectividad (autonomía en la toma de decisiones).

Estos tres factores son básicos y fundamentales para garantizar el ejercicio de sus derechos humanos en un contexto de igualdad real, alcanzando con ello la tan deseada igualdad de género.

Cada año, en el marco del Día Internacional de la Mujer, en muchos países del mundo se realiza un relevamiento de los avances que, en materia de derechos, tienen las mujeres.

Lamentablemente, los números, las estadísticas y los informes siguen dando saldo negativo para las mujeres: los salarios siguen siendo desiguales a igual trabajo, las opciones laborales para las mujeres continúan siendo menos dignas, y por si eso fuera poco, siguen muriendo mujeres por levantar su voz en la lucha por los derechos humanos.

Fuente: Rel-UITA