martes, 5 de enero de 2016

Yo ayudé a crear ISIS

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Por Vincent Emanuele (ex marine EEUU) | teleSUR

Por los últimos años, gente de todo el mundo se ha preguntado: "¿De dónde viene ISIS?" Las explicaciones varían, pero en gran medida se centran en la geopolítica (hegemonía), (refugiados climáticos) orígenes religiosos (suníes y chiíes), ideológicos (wahabismo) o ecológicos. Muchos comentaristas y hasta ex funcionarios militares sugieren correctamente que la guerra en Irak es la principal causa de la existencia de las fuerzas que hoy conocemos como ISIS, ISIL, Daesh, etc. Espero poder añadir algunas reflexiones y anécdotas útiles.


Pesadillas Mesopotámicas             

Cuando estaba acuartelado en Irak con el 1er Batallón, 7mo de Infantería de Marina, desde 2003 hasta 2005, no sabía cuáles serían las repercusiones de la guerra, pero sabía que habría un ajuste de cuentas. Esa retribución, también conocida como retroceso, se está experimentando actualmente en todo el mundo (Irak, Afganistán, Yemen, Libia, Egipto, Líbano, Siria, Francia, Túnez, California, etc.), sin un final a la vista.

En aquel entonces, yo vi y participé rutinariamente en obscenidades. Por supuesto, la maldad de la guerra nunca fue debidamente reconocida en Occidente. Sin lugar a dudas, las organizaciones contra la guerra intentaron articular los horrores de la guerra en Irak, pero los medios de comunicación, el mundo académico y las fuerzas político-corporativas de Occidente nunca permitieron un examen serio del mayor crimen de guerra del siglo 21.

A medida que patrullábamos la vasta región de la provincia iraquí de Al-Anbar, tirábamos la basura que quedaba de nuestra comida, MRE (Meal Ready to Eat), por la ventana de nuestros vehículos, nunca imaginé cómo íbamos a ser recordados en los libros de historia; Yo simplemente quería hacer algo de espacio extra en mi HUMVEE. Años más tarde, sentado en un curso de Historia de la Civilización Occidental, en la universidad, escuchaba a mi profesor hablar de la cuna de la civilización, y pensé en la basura de nuestra MRE, en el suelo del desierto mesopotámico.

Al examinar los recientes acontecimientos en Siria e Irak, no puedo dejar de pensar en los niños pequeños a los que mis compañeros marines tiraban con caramelos de esos paquetes de MRE. Pero los caramelos no fueron los únicos objetos arrojados a los niños: botellas de agua llenas de orina, piedras, escombros y otros artículos fueron lanzados también. A menudo me pregunto, ¿cuantos miembros de ISIS y de varias otras organizaciones terroristas recuerdan también estos eventos?

Por otra parte, pienso en los cientos de prisioneros que tomamos cautivos y que torturamos en centros de detención improvisados y ​​atendidos por adolescentes de Tennessee, Nueva York y Oregon. No tuve la desgracia de trabajar en ningún centro de detención, pero recuerdo las historias. Recuerdo vívidamente a los marines hablándome de puñetazos, bofetadas, patadas, codazos, rodillazos y cabezazos a los iraquíes. Recuerdo los relatos de las torturas sexuales: obligando a los hombres iraquíes a realizar actos sexuales el uno con el otro, mientras los marines presionaban cuchillos contra sus testículos, y a veces eran sodomizados con las porras.

Sin embargo, para que estas abominaciones tengan lugar, los que estábamos en las unidades de infantería teníamos el placer de capturar a los iraquíes durante las redadas nocturnas, atarles de manos, embolsar sus cabezas con fundas negras y tirarlos en la parte posterior de los Humvees y de los camiones, todo esto mientras sus esposas y niños se derrumbaban de rodillas y gemían. A veces los capturábamos durante el día. La mayor parte de las veces no ponían resistencia. Algunos de ellos se tomaban de las manos mientras los marines los golpeaban en la cara. Una vez que llegaban al centro de detención, eran retenidos durante días, semanas e incluso meses a la vez. Sus familias nunca eran notificadas. Y cuando eran puestos en libertad, les soltábamos en el medio del desierto a varias millas de sus hogares

Después cortábamos las ataduras y removíamos las bolsas negras de sus cabezas, varios de nuestros infantes de marina más desquiciados disparaban rondas con sus AR-15 al aire o a tierra, asustando a los cautivos recién liberados. Todo para reírnos. La mayoría de los iraquíes corrían, todavía llorando por su largo calvario en el centro de detención, con la esperanza de un cierto nivel de libertad que les esperaba en el exterior. Quién sabe cuánto tiempo sobrevivieron. Después de todo, a nadie le importaba. Sabemos de un ex prisionero que sobrevivió: Abu Bakr al-Baghdadi, líder de ISIS.

Sorprendentemente, la habilidad de deshumanizar al pueblo iraquí fue en aumento después de que las balas y las explosiones llegaron a su fin, ya que muchos marines pasaban su tiempo libre tomando fotos de los muertos, a menudo mutilando cadáveres por diversión o pinchando con palos sus cuerpos hinchados con el fin de conseguir algunas risas baratas. Debido a que los iPhones no estaban disponibles en ese momento, varios marines llegaron a Irak con cámaras digitales. Esas cámaras contienen una historia no contada de la guerra en Irak, una historia que Occidente espera que el mundo olvide. Esa historia y esas cámaras también contienen imágenes de masacres sin sentido y numerosos otros crímenes de guerra, realidades que los iraquíes no tienen el placer de olvidar.

Por desgracia, yo podría recordar innumerables anécdotas horribles de mi tiempo en Irak. Mucha gente inocente no era únicamente detenida, torturada y encarcelada de forma rutinaria, sino que también fueron incinerados por cientos de miles, algunos estudios sugieren por millones.

Sólo los iraquíes entienden la maldad en estado puro que se desató en su nación. Ellos recuerdan el papel de Occidente en la guerra de ocho años entre Irak e Irán; recuerdan las sanciones de Clinton en la década de 1990, las políticas que resultaron en la muerte de más de 500.000 personas, en su mayoría mujeres y niños. Luego, llegó el 2003 y Occidente terminó su trabajo. Hoy, Irak es una nación totalmente devastada. La gente está envenenada y mutilada, y el medio ambiente natural es tóxico por las bombas con uranio empobrecido. Después de catorce años de la Guerra contra el Terror, una cosa está clara: Occidente es muy bueno para fomentar la barbarie y la creación de estados fallidos.

Vivir con los fantasmas                   

Los ojos cálidos y vidriosos de niños y jóvenes iraquíes me persiguen perpetuamente, como deberían. Los rostros de los que he matado, o al menos aquellos cuyos cuerpos estaban lo suficientemente cerca para examinar, nunca escaparán de mis pensamientos. Mis pesadillas y reflexiones diarias me recuerdan de donde viene ISIS y por qué exactamente nos odian. Ese odio, comprensible pero lamentable, será dirigido hacia Occidente durante años y décadas por venir. Como no podía ser de otra manera

Una vez más, la magnitud de la destrucción que Occidente ha infligido en el Medio Oriente es absolutamente inimaginable para la gran mayoría de las personas que viven en el mundo desarrollado. Este punto no puede ser nunca exagerado cuando los occidentales constante e ingenuamente preguntan: "¿Por qué nos odian?"

Al final, las guerras, revoluciones y contrarrevoluciones se llevan a cabo y las generaciones venideras viven con los resultados: civilizaciones, sociedades, culturas, naciones e individuos sobreviven o perecen. Así es como funciona la Historia. En el futuro, la forma en que Occidente enfrente el terrorismo dependerá en gran medida si Occidente continúa o no su comportamiento terrorista. La manera obvia de prevenir que futuras organizaciones tipo ISIS se formen es oponerse al militarismo Occidental en todas sus terribles formas: golpes de Estado de la CIA, guerras de poder, ataques aéreos, campañas de contrainsurgencia, guerra económica, etc.

Mientras tanto, aquellos de nosotros que participamos directamente en la campaña militar genocida en Irak viviremos con los fantasmas de la guerra.

Fuente: teleSUR