miércoles, 20 de enero de 2016

Tras 25 años del inicio de la Guerra del Golfo, una movilización en Italia reclama el fin de la guerra permanente

Foto: Naturaleza Viva
Por Davide Angelilli | teleSUR

Los movimientos han organizado manifestaciones y acciones políticas en diferentes ciudades y lugares del país, denunciando la política exterior del Estado italiano, por su naturaleza opresora e imperialista a detrimento de la autodeterminación y de la paz en el Sur del mundo.

Un grito por la paz internacional desde el sur de Europa. Tras 25 años exactos de la explosión de la denominada guerra del Golfo, este sábado, 16 de enero, movimientos y organizaciones sociales de la izquierda italiana han llevado a cabo una movilización nacional contra la guerra.


Los movimientos han organizado manifestaciones y acciones políticas en diferentes ciudades y lugares del país, denunciando la política exterior del Estado italiano, por su naturaleza opresora e imperialista a detrimento de la autodeterminación y de la paz en el Sur del mundo. Las marchas más multitudinarias, con algunas miles de personas, se han realizado en Roma y en Milán. Contemporáneamente, activistas sociales, sindicales y antimilitaristas, han organizado concentraciones de protesta frente a bases militares estadounidenses en Sicilia, Trieste, Vicenza y en otras ciudades.

El inicio de un cuarto de siglo de guerra y militarización sin tregua: el 16 de enero de 1991 se ha convertido en una fecha particularmente significativa para Italia. En un artículo recientemente publicado por el periódico Il Manifesto, el estudioso y experto en cuestiones bélicas, Manlio Dinucci, ha ilustrado cómo la invasión de Iraq fue determinante porqué abrió la actual fase de guerra permanente que está golpeando Oriente próximo. Una fase que está generando una cada vez mayor inestabilidad internacional. La agresión a Irak – continua explicando Dinucci - fue la primera vez en la que la República Italiana participó en una guerra guiada por la potencia norteamericana, violando así el artículo 11 de su propia Constitución, que declara el repudio a la guerra “como instrumento de ataque a la libertad de los otros pueblos y como medio de solución de las controversias internacionales”.

Las fuerzas sociales de la izquierda italiana han denunciado cómo -tras estos veinticinco años de operaciones e invasiones “realizadas en lugares lejanos de las metrópolis europeas y occidentales”- los acontecimientos bélicos se están convirtiendo también en un asunto de interior para los Estados europeos.

Tras los ataques terroristas de Paris del último año, a la guerra provocada en el exterior se le está añadiendo una guerra social interna, animada por la islamofobia y por la voluntad de reprimir cualquier manifestación de disenso en nombre del Estado de emergencia. Colectivos feministas han puesto el énfasis en la necesidad de rechazar, por un lado, el uso instrumental de las “mujeres” para generar aversión al Islam en las sociedades europeas. Y, por el otro, de desenmascarar la “absurda legitimación” de las intervenciones bélicas mediante la retórica de los derechos humanos y civiles de las mujeres violados en los países árabes.

Evidenciando, al contrario, que la violencia contra las mujeres lamentablemente es un problema de todas las sociedades, “no tiene raza” y de ninguna manera puede ser fuente de justificación para las posturas racistas que apoyan las guerras internacionales.   

Junto con la plataforma social Eurostop (entre los promotores de la iniciativa), diferentes personalidades de la cultura y de la política subrayan la naturaleza profundamente beligerante de la OTAN y la arquitectura antidemocrática de la Unión Europea. También, el alcalde de la ciudad de Nápoles, en el sur del país, Luigi De Magistris se ha adherido a la jornada No War. “Una parte de Occidente nunca ha dejado de tener una postura colonialista hacía los pueblos de Oriente próximo”, ha declarado el político en una nota de prensa a los medios.

Más que una manifestación de protesta, las organizaciones sociales han definido la jornada como el primer paso de una movilización política y cultural, para evidenciar la relación directa entre las políticas de guerra en el exterior y las medidas cada día más represoras en el interior de Europa. El punto de inicio de una movilización inclusiva y popular contra el sistema de guerra permanente, en todas sus expresiones. En el contexto de crisis social y económica que viven las sociedades europeas, los movimientos populares de Italia piden un cambio político radical. Contra la expansión social del racismo y de la xenofobia –afirman- se necesita un proyecto político que trasforme la democracia fósil de las sociedades europeas. Un proyecto que sepa imaginar y construir un modelo de sociedad diferente, con la participación protagónica de los migrantes. De quien, a menudo, escapa de escenarios de muerte y destrucción para llegar a una Europa cada día más injusta y desigual.

Este contenido ha sido publicado originalmente por teleSUR