jueves, 3 de septiembre de 2015

Honduras: Portando los rostros de las víctimas de la violencia de Estado

Por Natalie Roque Sandoval | Defensores en Línea

Agosto es el mes del detenido-desaparecido, inició en Tegucigalpa como cada mes durante los últimos 32 años, con un plantón silencioso de elocuentes rostros de los que nos faltan. Se conmemora en esta temporada por ser en las que más desapariciones han sido registradas en Latinoamérica, donde en la actualidad se registran al menos 204.994 personas en condición de detenidas-desaparecidas.

Según la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Familiares de Detenidos-Desaparecidos, la desaparición forzada se constituye por un secuestro llevado a cabo por agentes del Estado o grupos organizados de particulares que actúan con su apoyo o tolerancia y donde la víctima “desaparece”, las autoridades no aceptan responsabilidad sobre el hecho y los recursos jurídicos no funcionan. Su objetivo es crear –desde el anonimato y subsiguiente impunidad- un estado de incertidumbre y terror tanto en la familia de la víctima como en la sociedad entera.

Portando rostros

La práctica de portar el rostro de los desaparecidos en carteles, en los cuerpos, mantas u otros soportes, fue iniciada en el cono sur durante la década de los setentas por familiares de las víctimas de desapariciones forzadas; empieza en Honduras en la década de los ochentas, al instaurarse la cruel práctica en el territorio. Resulta emblemático el caso de María Madison quien “con un cartelón, que lo había puesto con una cruz atrás, y andaba con el cartelón, a la par tenía un rosario, la foto de Hans y abajo [escrito en una leyenda] asesinos y  otras cosas. Ella caminaba por las calles de Tegucigalpa sola, preguntando por su hijo y reclamando justicia. Era una católica empedernida, por eso la cruz y el rosario (…) hacia eso sola y la perseguían” .

Según la antropóloga argentina Ludmila Catela, el uso de la fotografía como instrumento recordatorio de un “afin” ausente recrea, simboliza y recupera una presencia que establece nexos entre la vida y la muerte. (…) La foto funciona como una fuente de recreación de lazos sociales y parentales que han cesado con la ausencia física. (…) Estas fotos devuelven la noción de persona, haciéndola salir del anonimato de la muerte, para recuperar una identidad y una historia, empezando por el rostro .

Los familiares agrupadas en el Comité de Familiares de Detenidos y Desaparecidos en Honduras realizaban plantones y movilizaciones portando mantas con sus rostros pintados. Algunas madres comenzaron a usar también pañuelos blancos, elemento simbólico y lugar de memoria de las Madres de plaza de Mayo de Argentina. El Cofadeh como organización comenzó a participar en movilizaciones masivas durante la década de los ochentas, portando mantas y fotografías de lxs desaparecidxs, ya que muchas de ellos eran sindicalistas.

Todavía -y de forma ininterrumpida- desde hace más de treinta años, las familias de las victimas portan sus rostros el primer viernes de cada mes en la plaza de los desaparecidos (Plaza la Merced) de Tegucigalpa, exigiendo verdad y justicia.

El Golpe de Estado de 2009: Ampliando la comunidad afectiva y los lugares de memoria

A finales de junio de 2009 se produjo un Golpe de Estado en Honduras, la instauración de la represión fue inmediata. El estado de excepción se decretó el mismo 28 de junio, prohibiendo la reunión y circulación de las personas, estableciendo horarios de toque de queda y autorizando a los cuerpos represivos del Estado al uso de la fuerza. El 29 de junio comenzaron a dispersar las manifestaciones con gases lacrimógenos y disparos, en la primera semana del golpe de Estado fueron registradas decenas de violaciones a los derechos humanos y  la Resistencia tendría sus primerxs mártires.

El Cofadeh junto a otras organizaciones de ddhh se convirtieron en los centros de denuncia y defensa de las víctimas de la represión. Diariamente decenas de personas acudían a buscar protección o denunciar. La organización también acompañó las movilizaciones, portando estandartes con las imágenes de los desaparecidos de la década de los ochentas, a las que paulatinamente se fueron sumando las imágenes de los mártires de la resistencia.

La sede del Comité es también una estación de memoria permanente en todas las movilizaciones populares que se dirigen al centro, sea al Congreso o al Parque Central pasan por la calle donde se encuentra Cofadeh. Sabemos que allí nos están esperando los desaparecidos, sus rostrosnos recuerdan que no podemos olvidar, que tenemos el deber de recordarles. Siempre se hace una parada, se rinde tributo, se hace memoria frente a los rostros.

La literalidad de los rostros de pasado se ha roto al incorporar a las nuevas víctimas, que en poco más de dos años superaron en número a las de la década de los ochentas. Las nuevas víctimas son incorporadas y asumidas en el seno de la familia del Cofadeh como organización autorizada para hablar en nombre de las víctimas y sus familias. Les legitima el vínculo sanguíneo, les autoriza su condición familia, al mismo tiempo las victimas del Golpe se ven legitimadas al ser asumidas por el Cofadeh. Simbólicamente las familias de ayer portan los rostros de las víctimas de hoy, las víctimas de hoy asumen como suyos a los desaparecidos de ayer en solo reclamo: JUSTICIA.