sábado, 26 de septiembre de 2015

Honduras: Otra decepción

Radio Progreso

Cuando perfilaban las antorchas su luz más libertaria, y cuando parecía que cobraba vigor el reclamo popular por la CICIH y era obvio que fracasaban los intentos toscos del gobierno por desprestigiar al movimiento, y por seducirlo con propuestas falsas, emergió en el horizonte cierto fantasmagórico lucero que enviaba la OEA, para remediar los males inmediatos y políticos de los hondureños.

Hubo quienes le depositaron su confianza, ya que era la posibilidad de un proceso de diálogo urgentemente necesitado, antes de que las cosas fueran de mal a peor.

El príncipe de los engaños, Biehl del Río, convocó a aliados gubernamentales y protestantes, a comprados e independientes y a acomodados, y otorgó a cada cual cinco minutos de gloria expositiva.

Luego recogió los bártulos y con los testimonios grabados partió a las frías tierras del norte, donde es frío el corazón, para hacer consultas y maquinar los siguientes pasos. Semanas luego retornó con un plan bien adobado, cuya suma declaración fue, en síntesis: “Honduras ocupa diagnósticos”...

¡Diagnósticos, augusta maravilla!, largos, técnicos e inquisitivos estudios sobre las dolencias del alma de la patria y sus arritmias contestatarias, los súbitos impulsos de redención que la asaltan, la ira contenida, la repulsa y el asco ante los corruptos, la injusticia legitimada, para lo que discretamente proponía se contratara con millones de dólares a su oficina regional ubicada en Washington, tras lo cual los hondureños disfrutaríamos de vida en paz y felicidad...

No existió diálogo. El “facilitador” –que ignoramos lo que facilitó—escuchó adormiladamente, extrajo sus personales conclusiones y se largó a diseñar un plan pirujo, inventado sobre la base de sus propios intereses, no con las exigencias de los ciudadanos.

Nunca sentó a la mesa a los contendientes para dirimir posiciones, jamás fungió como moderador o conciliador, la tribuna fue exclusivamente suya y hubo ausencia absoluta de debates, polémica, discusión acerca de peticiones y principios y, lo peor, no hay actas públicas de lo tratado.

El tal “diálogo” ni siquiera consiguió los propósitos de la convocatoria, aproximar a los hondureños en torno a un fin común, y más bien los empujó a atrincherarse como fuerzas opuestas pues lo que Biehl del Río hizo fue burlarse del decoro de los indignados adoptando posiciones a favor de la postura gobiernista, desdeñar la posibilidad de la CICIH, criticar a políticos dirigentes de la oposición y jugar vulgarmente, con humor etílico, con que si era una SEXY la que necesitábamos los hondureños...

En varias e históricas ocasiones las amadas patrias de Latinoamérica han sido escenario de cantinfladas políticas y protocolarias, pero esta gestada por la OEA conquista el máximo galardón, muy merecidamente, de ridiculez y esterilidad.

Tampoco nos extrañemos. La conducta de OEA siempre coqueteó en nuestras tierras con la burguesía apátrida, así como disimuló la corrupción e impunidad de los políticos de turno. Y no pudo ser distinto hoy, cuando la oligarquía local está urgida de avales internacionales.

La historia de la OEA –en cuanto organización pluriestatal—registra escasos instantes de respeto pues fue a menudo cómplice en el atropello a las soberanías latinoamericanas. Recuérdese si no a la Guatemala de Árbenz Guzmán, la Cuba de Castro, el asediado régimen de Allende, la Grenada de Bishop, la Nicaragua del FSLN, El Salvador del FMLN en armas, el fallido diálogo tras el golpe de Estado de 2009 y otros en que respondió más a políticas ajenas que al legítimo anhelo de los pueblos.

Su “facilitador” recientemente enviado más bien allanó el camino para que el régimen que desgobierna opere sus programas proselitistas y siga hacia su propia y dictatorial “vida mejor”, del mismo modo que avaló la represión oficial contra los sectores que no sólo rehuyeron sentarse ante el cubierto de plata de la mesa convocada, sino que fijaron con precisión que no puede denominarse diálogo a las conversaciones y acuerdos de un solo sector del ancho espectro de la conflictividad nacional.

Partió el dizque “facilitador” y dejó intactas las dinámicas de inestabilidad y repulsa ciudadana. No solamente clausuró rutas inéditas sino que confirmó, sin quererlo, que las propuestas palaciegas son mal camino y que las calles indignadas deben oponerse a legitimar acuerdos con cúpulas viciosas. La senda libertaria no existe sin movimiento indignado y menos contra el mismo, ya que representa la más íntima voluntad ciudadana.

Puertas al campo

Las puertas de la voluntad colectiva hondureña deben permanecer abiertas para generar diálogos e iniciar debates nacionales en que intervengan todos los sectores de la sociedad y donde cada propuesta se respete como igual; sólo el consenso puede allanarlas o descartarlas.

La base de tal diálogo incluyente exige la instalación de la CICIH, la renuncia del Fiscal General y su adjunto, investigación y enjuiciamiento de personas relacionadas con el saqueo al IHSS, incluyendo al presidente Hernández y su equipo de trabajo cercano, transformaciones a la Ley Electoral, escogencia –sin interferencias ni manipulaciones— de la Corte Suprema de Justicia, la derogación del decreto reeleccionista y la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente originaria, popular y democrática que redacte una nueva Constitución contentiva de un moderno y humanista pacto social.

Para tal proceso conviene el acompañamiento de autoridades internacionales confiables, tipo ONU y CELAC, y requiere asimismo la asistencia de todos los sectores nacionales, incluyendo el oficial, aunque sin preponderancia ni coordinación del Ejecutivo ni de quienes designe, así como sin la presencia ––hecho ahora tragicómico— de cierta inoportuna y mal representada OEA.

Para el pueblo hondureño esta debe ser la última y grosera decepción permitida. Cualquier otra propuesta conciliadora debe provenir exclusivamente de las organizaciones populares, las que deben asumir la dirección de los acontecimientos, nutrirlos con el mejor pensamiento político y precisar con exactitud los objetivos que el desarrollo histórico de la nación exige... Y a los malos facilitadores que se los lleve el río.

País de Indignados, Septiembre 24, 2015

Ismael Moreno, sj
Rodolfo Pastor Fasquelle
Eduardo Bähr
Wilfredo Méndez
Helen Umaña
Mauricio Torres Molinero
Julio Escoto
Darío Euraque
Víctor Meza
Patricia Murillo
Hugo Noé Pino
Efraín Díaz Arrivillaga
Ramón Enrique Barrios