jueves, 6 de agosto de 2015

El Salvador: Cuarenta años de resistencia estudiantil

Menly Cortéz
Por Menly Cortéz | ContraPunto

El 30 de julio se cumplieron 40 años de la masacre estudiantil, en un hecho ejecutado por los cuerpos de seguridad del estado salvadoreño.

Los libros de historia sobre El Salvador nos relatan que los años setenta se caracterizaron por gobiernos militaristas que imponían su democracia a base de golpes de Estado y votaciones fraudulentas, por lo que eran poco toleradas las manifestaciones y críticas a los gobiernos de turno.

En el año de 1972,  el coronel Armando Molina competía por la silla presidencial. El exrector de la Universidad de El Salvador,  Rufino Quezada, en su libro 25 años de estudio y lucha dice: “La política del coronel Molina al asumir su mandato fue bastante evidente: reformas y represión”.

Pese a esta política implementada por el régimen militar, la juventud de esa época se organizaba y realizaba manifestaciones para pronunciarse en contra de los atropellos que vivían, aunque esto les costara la vida.

Cuarenta años después, y en un contexto de política diferente, los jóvenes universitarios rinden tributo a los estudiantes que en los capítulos tumultuosos de la historia del país salían a las calles a enaltecer su voz para pedir un mejor futuro.

La represión empezó en Santa Ana

Las fiestas julias en Santa Ana, al occidente del país,  se volvieron perfectas para que los estudiantes organizados de secundaria y universitarios salieran  a las calles, y mezclar el ambiente festivo con  sátira y política, creando  a principios de la década de los 60' el tradicional desfile bufo,

Corría el 25 de julio del año 1975, según José Danilo Ramírez, sobreviviente de los eventos del 25 y 30 de julio, los estudiantes se preparaban esa noche para el desfile,  en  el que se pronunciarían contra del gobierno y el concurso Miss Universo, pues el  régimen del coronel Molina gastaba millones de colones en un certamen de belleza y no solucionaba los problemas sociales  de la época.

Los militares no iban a tolerar una burla más por parte de los estudiantes, por lo que el ejército intervino en la Facultad Multidisciplinaria de Occidente. “Querían detener el desfile, rompieron las pancartas, en ese tiempo hacían muchos chistes del Coronel Molina y el presentía lo que iba a suceder en el desfile” dijo Ramírez. Los estudiantes fueron golpeados, amenazados y algunos fueron capturados por la extinta Guardia Nacional.

La noticia del incidente en Santa Ana llegó hasta los oídos de los estudiantes en San Salvador, quienes de inmediato prepararon una manifestación en apoyo a sus compañeros, sin importar las advertencias que el ministro de defensa, Humberto Romero realizó en días anteriores.

El miércoles 30 de julio por la tarde,  los estudiantes salieron a marchar en la 25 avenida Norte, rumbo al centro de la capital, pronunciándose en contra del hecho en Santa Ana. En la protesta se exigía el respeto a la autonomía universitaria, cuando fueron atacados por miembros de la guardia nacional, que  dispersaron la manifestación con disparos, finalizando el evento de forma catastrófica.

Los principales medios no comunicaron de los 11 muertos y al menos 80 desaparecidos de los que hasta la fecha no se tiene reporte, en un hecho represivo que a 40 años, sigue en la impunidad.

Varios de los manifestantes resultaron lesiones graves porque al huir saltaron del puente que está sobre la 25 avenida Norte.  Alcides Hernández sobreviviente de la masacre del 30 de julio asegura que el hecho fue una emboscada militarmente preparada.

 “Estaba en el segundo bloque de los que marchaban, íbamos en medio y jamás olvidaré ese remolino de gente que buscaba una salida”, recuerda Hernández, que se desempeña como docente en la universidad. “Lo que nosotros llevábamos de armas eran los cuadernos que nos habíamos echado en la bolsa, todos los que salimos sabíamos que nos iban a reprimir pero no que nos iban a matar” agregó.

40 años de estudio y lucha

Cuarenta años después, existen organizaciones juveniles que intentan mantener la memoria histórica saliendo a las calles cada 25 y 30 de julio.

En Santa Ana, el desfile bufo ha cobrado  mayor  fuerza en los últimos cuatro años tras un largo tiempo de que la actividad había sido suspendida, luego de que en el año 2006 ocurriera un evento parecido al del año 1975, en la lucha por el medio pasaje para los estudiantes.

Mientras que en San Salvador, los estudiantes realizan una marcha que inicia en la entrada de Ciencias y Humanidades de la UES, que culmina en el mismo lugar en donde ocurrió la masacre. Sin embargo, para esta cuadragésima conmemoración algunas organizaciones estudiantiles decidieron no salir y realizar un acto político cultural en el recinto universitario.

Según Jessica Hompanera estudiante de la Universidad de El salvador poco a poco los ciudadanos van olvidando estos capítulos de la historia salvadoreña. “La gente ve la marcha del 30 de julio y no saben que es lo que pasó ese día”.

Alcides Hernández, asegura que es necesario que se motive y se transmita a los estudiantes la historia de los héroes y mártires, “porque si ellos no conocen de esta situación no podrán recuperar la beligerancia y el deseo de que esta universidad mejore. Los estudiantes son los responsables de asegurar el cambio” afirma.

Mientras que Ernesto García, ex miembro de la Asociación General de Estudiantes de la Facultad Multidisciplinaria de Occidente (AGEFMO) asegura que  el movimiento estudiantil actualmente posee una decadencia política y teórica. “La única manera en que resurja el movimiento estudiantil es mediante el aparecimiento de una nueva dirección q luche por la independencia partidaria del mismo” agregó.

Para los sobrevivientes que asistieron a los distintos actos conmemorativos del 40 aniversario del 25 y 30 de julio es necesario que las autoridades abran investigaciones para esclarecer las desapariciones y muertes de estudiantes que quedaron impunes desde los años setenta, a lo que el procurador David Morales brindó el total apoyo firmando una carta de entendimiento con las autoridades de la UES para investigar las masacres estudiantiles.