viernes, 17 de julio de 2015

Grecia: Qué tal si el culpable no es Tsipras

Por Bruno Sgarzini | Misión Verdad

Cuando no entendemos una decisión individual, una derrota parcial o definitiva, o una supuesta claudicación, buscamos personas que tengan la culpa, que nos saquen el peso de comprender, que podamos señalar cuando pasan enfrente nuestro para continuar en nuestra zona de confort sin equivocarnos, sin preguntarnos, sin sentirnos "derrotados", a la espera de una nueva victoria individual que nos podamos adjudicar "colectivamente".

Este ha sido y es el fetiche de la izquierda -también de la derecha, por cierto-, y es un culto por los iluminados esterilizados en el tiempo, por la historia, o por la propaganda hecha historia, en la que hay buenos, malos, enemigos, derrotados y triunfadores. Obviamente, cada ideología hace de esto un relato y quiere ver lo que quiere ver, como si fuera un niño que se tapa la cara cuando simplemente se manda una cagada y lo descubren.

Ante tanto deslastre de culpas, de desprotección, de infelicidad de acostarse en la cama repleta de clavos del capitalismo del desastre que se nos cae encima, es evidente que, simplemente, habría que preguntarse: ¿qué tal si el culpable no es Tsipras, ni tampoco los planes o voluntades individuales por correr el curso de la historia, de su eje, y volverla más limpia, menos olorosa, de lo que realmente es?

Breve repaso de un culpable necesario

Syriza y Tsipras llegaron al gobierno a principios de año con el mandato de mejorar condiciones en el pago de la deuda y el desembolso de ayuda de la troika (Banco Central Europeo, Fondo Monetario Internacional y Comisión Europea). Forzaron una negociación en la que los griegos eran los culpables de que los planes sólo hayan endeudado más al país (una clásica para dominar las colonias del mundo), y encima lo eran aún más por negarse a aceptar que se borraran las pensiones más bajas del país (lo que dejaba al borde de la pobreza a un millón de personas) y llamar a un referéndum para poner a prueba el rescate ofrecido por la troika con imposiciones durísimas.

El resultado del referéndum fue un rotundo No destinado a fortalecer la posición del gobierno griego para negociar un tercer desembolso de 82 mil millones de euros y, así, mantener a Grecia en la zona euro, de acuerdo al mismo Tsipras, quien en cadena nacional remarcó esto ante el hecho de que la mayoría de los griegos (y los europeos, incluso) aún ven a la Unión Europea (UE) como un beneficio para su vida individual y consumidora.

Entonces, con la mochila de culpas y derrotas ajenas disfrazada de ilusiones, Tsipras tuvo que sentarse a negociar con los mismos tecnócratas que le habían dicho que un referéndum alejaba a Grecia de la UE, e incluso fue con una propuesta que cedía en el mediano plazo el tema de las pensiones. Pero en la reunión extraordinaria de la UE los esperaba un sinfín de pedidos para que abriera un fondo de 50 mil millones de euros, resultante de privatizaciones; que también abriera las puertas a una revisión periódica de la economía griega, y por último pusiera en la mesa las medidas aprobadas en su gobierno, que básicamente eran (y son) boicotear las reformas aprobadas para paliar la crisis humanitaria originada por el austericidio en curso.

Y Tsipras estuvo más de diez horas en una reunión, donde se dice que hasta le hicieron una especie de "submarino mental" (eufemismo sobre esta forma de tortura física, a lo Guantánamo), hasta que finalmente cedió en todo lo que antes no había cedido, bajo la promesa de que luego de aprobar las reformas que permitirían el desembolso, se hiciera una reestructuración de la deuda y se recibiera 82 mil millones de euros, un monto mayor al puesto antes en la mesa, y se terminara con el bloqueo y ataque financiero en su contra, que tenía al borde de un ataque de nervios a los griegos con depósitos en los bancos.

Disfrazar la realidad para querer ver lo que se quiera ver

Quizás la mejor imagen de las negociaciones haya sido la ronda de reuniones bilaterales de Tsipras, y su ministro de Finanzas, Evclidis Tsakalotos, con los representantes alemanes y franceses, realizadas mientras el resto de los primeros ministros de la UE jugaban a los videojuegos en salas comunes o dormían en sus oficinas, porque sintetiza el momento actual de la fase del capitalismo del desastre que ya golpea las puertas europeas en forma desintegradora: el dueño impone las condiciones al súbdito para que la Roma moderna ingrese con sus tanquetas a su país, con el resto de los vasallos adormecidos o entretenidos en los espejos de colores modernos.

Esto último simboliza salvajemente a la clase media incluida en el sistema europeo (instituciones, teoría, consumo, participación política, entre otros etcéteras) que no hace nada por evitar que su contraparte excluida se vaya de su zona de confort, que dicho sea de paso fue así durante mucho tiempo por la miseria de otros países lejanos, generalmente minas.

Hace unos días lo habíamos dicho: Syriza y Tsipras son producto de esa realidad, no bajaron con una liana de Sierra Maestra a hacer la "revolución" imaginada desde una computadora, y deben lidiar, lisa y llanamente, con una fase del capitalismo que se expande a costa humana hasta en los centros mundiales, donde se termina la "ficción" consumidora. No hay soluciones mágicas, ni recetas dogmáticas, de cómo afrontarla sino que se cae encima al punto de que los hombres y mujeres Estado deben administrar su impredecible venida abajo, en todas sus formas.

Y digámoslo también: los fundamentos morales, éticos y políticos que sostenían los pactos sociales de los modelos de "gobernanza" occidentales se están cayendo junto a su fachada democrática. Izquierda, derecha y tecnocracia regeneradora del capitalismo sólo explican el desastre, y encima se horrorizan cuando sus recetas no se aplican bajo el simple disfraz de "Tsipras traicionó a su pueblo", "traicionó al No", como si una coalición política y su accionar interno y externo explicaran el denso fondo de la firma de un acuerdo (inviable económicamente hasta para el FMI) en un contexto en el que aparece la realidad ante nuestros ojos.

La cual se resume en que si no aceptas el mando del mercado, del capitalismo fulminante, en este caso de Alemania o Goldman Sanchs (el principal acreededor de Grecia), te caerá el colapso económico, social, político y militar encima, y afrontar esto no lo decide Tsipras, Syriza, sino el motor de la historia, que son los millones de griegos, no un conjunto de individualidades o voluntades iluminadas, lo que hoy se ve en todo el espectro de los vanguardistas a nivel mundial, adeptos a escucharse a sí mismos hasta tener razón por hablarse y responderse a través de ecos de su voz.  

La individualidad, además, es los que explica también cómo cada actor geopolítico, político y económico jugó y juega a que el factor Grecia debilite a Alemania, quiebre la UE, la cohesión de esa casa atada con alambres en la que se evidenció la diferencia de visiones entre el primer ministro francés, Francois Hollande, y Angela Merkel respecto a la salida o no de Grecia del euro.

Por esto mismo es que Estados Unidos apoyó a Atenas en su quita de deuda, Rusia especuló todo lo que pudo con una ruptura, y los chinos hicieron lo que mejor saben hacer: prometer inversiones a quienes les puedan ser útiles a su estrategia de expansión. No por nada un vocero de Syriza recordó después del No que el único aliado de Tsipras es Nicolás Maduro. Y es verdad: en el mundo real Grecia está prácticamente sola, y su gobierno jugó a ganar tiempo frente a la carcelera Merkel, pero no le quedó otra que firmar si quería permanecer en el euro, como aparentemente desean la mayoría de los griegos.

La necesidad de héroes y villanos

Una de las fantasías abrazadas es que la población se va a sobreemplear, supraexplotar, empobrecer y que de golpe emergerá su descontento para construir un nuevo mundo, un nuevo sistema, con sus propios valores, o simplemente resistir, y es lo que podemos definir como la idealización del "pueblo". Cuando esto no sucede y la revolución no hace su aparición, entonces la culpa es de un individuo maquiavélico que desoyó a las "masas desposeídas", porque podemos decir que es el mito de los salvadores, de los ídolos de posters, de los hombres y mujeres Estado, buenos o malos, que nos quedan a mano para darles un relato y reproducir nuestra forma de pensar. Bastante lineal, dicho sea de paso.

En un capitalismo que desintegra impredeciblemente a corto y mediano plazo a Europa (y hasta a Estados Unidos), la búsqueda de salvadores, héroes y villanos nos hace indefensos para comprender nuestro entorno, sin poder evidenciar que sus paredes se caen a pedazos en el mediano y largo plazo a tal punto que el mismo Papa tiene un discurso anticapitalista para captar fieles para su trasnacional de la fe.

Porque también hay una realidad que hay que comentarle a los "indefensos": hoy por hoy, los países que se resisten a la lógica excepcionalista y globalista (que vendría a ser la de Alemania imponiéndose financieramente en la mesa de negociaciones) están en guerra, sea de baja o alta intensidad, no viven en zonas o burbujas de confort, y son -oh casualidad- contados con los dedos de la mano, al punto de que uno de ellos (Cuba) está en vías a aminorar la intensidad de su resistencia.

Hoy en Grecia se acaban de votar las reformas exigidas por la troika, la propia Syriza votó dividida e incluso hubo dimisiones de ministros. También se especula con que caería el gobierno encabezado por Tsipras, o que continuaría con los enemigos políticos que derrotó en las elecciones. Y todo es tan impredecible que todos saben que se impidió un colapso económico y financiero dentro de días, pero que el plan de la troika tampoco es viable socialmente y no se sabe dónde pueda a llegar a desembocar la experiencia de labotatorio que aplican en Grecia. .

Y nada de lo que pase esconderá que los griegos se enfrentaron solos contra la maquinaria excepcionalista, y que cuando perdieron los mismos que abrazaron su "triunfo" en el referéndum buscaron culpabilizar a un individuo, un solo ser humano, para así correr hacia sus refugios morales.

Vaya miseria.