lunes, 2 de febrero de 2015

Honduras: ¿Logros económicos?

elheraldo.hn
Por Hugo Noé Pino

El cumplimiento del primer año de todo gobierno es motivo de análisis para determinar los avances y logros alcanzados. Estos logros pueden evaluarse de diferentes formas: por una parte, desde el punto de vista de los objetivos del gobierno en su programa económico; y por otra, desde el punto de vista de las expectativas de la población en la solución de sus problemas principales.

El gobierno actual ha tenido desde su inicio en el plano económico dos grandes retos a superar: el primero, reducir los fuertes desequilibrios macroeconómicos reflejados en el alto déficit fiscal que en 2013 alcanzó el 7.9 del PIB y reducir el déficit de la balanza de pagos por arriba del 8% del PIB. El segundo, establecer medidas que apoyen el crecimiento económico a fin de reducir los altos niveles de desempleo y pobreza en el país.

En el marco de los desequilibrios macroeconómicos, el gobierno destaca importantes logros entre ellos el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y la reducción del déficit fiscal de 7.9% a 4.9% del PIB. En relación al acuerdo con el FMI hay que recordar que un país requiere el auxilio de esa institución cuando se encuentra en serios problemas financieros, producto en este caso de la política fiscal irresponsable seguida en los dos años anteriores. En otras palabras, que lo que se está tratando de hacer es rectificar los errores cometidos por los mismos funcionarios públicos. Si a esto se le puede llamar logro, es algo discutible.

Pero más importante que lo anterior es preguntarse cuáles son los medios para alcanzar los fines. En ambos casos, la firma del acuerdo con el FMI y la reducción del déficit fiscal, ha tenido como consecuencia el aumento muy fuerte de impuestos, principalmente indirectos, la reducción de subsidios, el aumento de las tarifas de energía eléctrica, la depreciación más rápida de la moneda, el congelamiento de los salarios de los empleados públicos, la reducción de los beneficios de las jubilados, la reducción del presupuesto real de 2015,  y otros medidas que afectan el bienestar de la población.

Por otra parte no se adopta ninguna medida para reducir las exoneraciones fiscales injustificadas, más bien se aumentan y se eliminan impuestos como el de los dividendos aplicables a las zonas bajo regímenes especiales. Por eso bien dice el dicho “cada quien habla de la fiesta según le va en ella”.

“Recuperar la credibilidad internacional” a costa de las mayorías de un país no es lo justo, ni tampoco decirle que estos son grandes logros.

No es ninguna sorpresa, por lo tanto, que el 69% de la población considere que la situación económica del país es mala o muy mala de acuerdo al sondeo de opinión pública realizado por el Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación (ERIC) de la Compañía de Jesús en diciembre pasado.

Adicionalmente, el sondeo muestra que el mismo porcentaje piensa que la situación en los próximos meses será peor o igual, mientras solamente el 26 señala que será mejor.

En lo relacionado al crecimiento económico, cifras preliminares anunciados muestran un crecimiento de 3.1%, no diferente de las proyecciones oficiales e internacionales. Lo anterior significa muy poco dinamismo de la inversión privada, tanto nacional como extranjera. En efecto, sectores importantes como la construcción volvieron a disminuir en su crecimiento por segundo año consecutivo y la inversión extranjera se mantuvo prácticamente estancada. Esto es un aporte muy bajo en la reducción de los altos niveles de desempleo.

En resumen, los logros alcanzados están en función de los objetivos que tiene el gobierno, pero con un alto costo social que lo hacen diferir en relación a las necesidades y aspiraciones de las mayorías.

El 2015 se presenta como año con perspectivas positivas dado la drástica reducción de los precios de petróleo, el mejoramiento de los precios del café, el anuncio del gobierno de Estados Unidos de destinar mil millones de dólares para los países del triangulo norte (al aprobarse tendrían efecto para el último trimestre del año). Sin embargo, ninguna de estas oportunidades será bien aprovechas si el gobierno se empeña en seguir una ruta en contra de los intereses de las mayorías.

El camino para un mejor aprovechamiento de condiciones favorables pasa por un pacto social (que incluye un pacto fiscal) que reduzca el ambiente de polarización impulsado por el mismo gobierno y en donde diferentes sectores aporten propuestas para sacar el país adelante.