lunes, 26 de enero de 2015

El agronegocio o de cómo el conuco alimenta al mundo

Por Jessica Dos Santos | Misión Verdad

En el mundo existen entre 800 y 900 millones de hambrientos y una gran proliferación de enfermedades relacionadas con el alimento (malnutrición, diabetes, problemas cardíacos, cáncer, etc.). Sin embargo, algunos insisten en “industrializar” aún más el actual sistema alimentario dominado por las grandes corporaciones mientras rechazan las únicas iniciativas que han dado frutos.

El desconocimiento

A pesar de que el agronegocio, concepto usado a partir de la década de los 50 para denominar el conjunto de operaciones de producción, procesamiento, almacenamiento, distribución y comercialización de productos, controla a nivel mundial la mayoría de las tierras existentes, especialmente las de mayor calidad, es gracias al campesinado y a la agricultura familiar (explotaciones agrícolas pequeñas sustentadas con mano de obra de familiar/comunal llámese parcela, pequeños predios, conucos, huertos, etc.) que disponemos de comida.

En cada país, la agricultura de pequeña escala controla menos de la mitad de las tierras agrarias, pero produce la mayor parte de los alimentos consumidos por la población. Según la propia Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), “La agricultura familiar suministra más del 80% de los alimentos frescos del mundo y prosperan con la producción lechera, de aves de corral y ganado porcino”.

Por su parte, la organización internacional ETC Group afirma: “En el mundo hay 1.5 billones de campesinos y campesinas en 380 millones de pequeñas fincas, 800 millones más que producen en huertos urbanos, 410 millones recolectan las cosechas ocultas de nuestros bosques y sabanas, 190 millones de pastores y más de 100 millones de pescadores artesanales. Al menos 370 millones de ellos son de pueblos indígenas. Ellos y no las grandes corporaciones producen mucho más del 70% de los alimentos que se consumen en el mundo”.

Caso Venezuela

Venezuela no tiene los datos exactos de cuánto de lo que se come proviene de este esfuerzo. Sin embargo, el Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas (INIA) basado en los últimos censos agrícolas y los registros de la Gran Misión AgroVenezuela hablan de la existencia de 300 mil predios (menores de 7 hectáreas) dedicados a la agricultura familiar

“Burlarse de la agricultura a pequeña escala, hacer mofa, implica un gran desconocimiento. Casi toda nuestra producción cacaotera es producto de la agricultura familiar, al igual que la producción de los frutales, raíces y tubérculos (yuca, ñame, etc.). Incluso con un conuco de una sola hectárea. Además, la producción lechera, que muchos pensarían que es principalmente de los grandes hacendados y de los grandes productores, en realidad viene de pequeños predios, con 15 o 30 vacas ordeñadas manualmente”, explicó la expresidenta del INIA, Tatiana Pugh, quien agregó: “Durante el sabotaje de 2002-2003 aquí faltó de todo, menos lo que nuestros campesinos y campesinas trajeron a las ciudades”.

Además mucha de la producción familiar se queda en el campo porque todavía depende de la distribución de privados. “Buena parte de lo que se vende en los mercados a cielo abierto es producto de la agricultura familiar. Esos bienes son ofrecidos a precios asequibles. Pero muchos no consiguen cómo salir del campo. Mientras el agronegocio aprovecha esto para establecer componentes especulativos”, agrega Pugh.

Un poquito más allá

La agricultura familiar puede alimentar a todo un país. Según La Vía Campesina, en el caso de Argentina casi 80% de lo que llega a la mesa viene de la agricultura familiar. Mientras que en Brasil, la agricultura familiar maneja tan solo el 24,3% de las tierras agrarias, pero representan el 84,4% de lo que se consume en el país.

“En Brasil esta agricultura de pequeña escala produce el 87% de toda la yuca, el 70% de los frijoles, el 46% del maíz, el 34% del arroz, el 58% de la leche, el 50% de las aves de corral, el 59% de porcino y el 30% de bovino, el 38% del café, entre otros muchos”, especifican.

Estas cifras se repiten en todo el mundo. La agricultura familiar alimenta al pueblo. El agronegocio tiene vocación exportadora (le genera más ingresos), se dedica a alimentar al ganado, a producir etanol para los carros, pero no a paliar el hambre de esos más de 800 millones de seres humanos mencionados al inicio.

Además los métodos de producción usados por el agronegocio (monocultivos, semillas transgénicas, maquinaria pesada, riego excesivo, plaguicidas, abonos químicos, rubros fuera de tiempo, etc.) degradan rápidamente los mejores suelos del mundo (compactación, esterilización, etc.) y luego los abandonan, sin el arraigo y amor por la tierra de las familias dedicadas a la agricultura como forma de vida (no como negocio).

¿Para cuándo?

Esto nos lleva a preguntarnos: ¿Existe futuro para la especie humana si seguimos con este sanguinario sistema alimentario? Hoy en día la agricultura familiar alimenta el mundo, pero, ¿qué harán las futuras generaciones? ¿Hasta dónde 300 mil campesinos pueden alimentar a 30 millones de venezolanos? ¿Cómo resistirán aquellos países donde las tierras día tras día son entregadas a las transnacionales (Colombia, Paraguay, México, etc.)?

¿La actual crisis alimentaria se debe realmente a una falta de “industrialización” como vociferan algunos o más bien la especulación y el acaparamiento han sido producidos por las grandes industrias? ¿Cuándo pensamos otro modo de distribución de la tierra y los alimentos?