viernes, 23 de enero de 2015

Costa Rica : El “ninguneo” contra la CELAC

"Las fuerzas de la derecha en la región y fuera de ella, han procurado minimizar, soslayar u ocultar los exitosos resultados de este genuino mecanismo de integración, cooperación y desarrollo"

Por Nodal | Miguel Ángel Ferrer / Rebelión

A diez días de la Tercera Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) en San José, capital de Costa Rica, prácticamente nadie habla o menciona el acontecimiento. Causa mayor revuelo en la prensa televisiva el que, durante el evento, se vayan a cerrar al tránsito vehicular algunas de las principales avenidas de la ciudad capital, ya de por sí muy congestionada, que los temas que se vayan a discutir.

Como se sabe, la CELAC constituye una de las expresiones más representativas de los cambios que han tenido lugar en América Latina en los últimos 15 años. En ella participan, a diferencia de la OEA, exclusivamente países latinoamericanos y caribeños. Sin la tutela de los EEUU, y a pesar de la diversidad de posiciones ideológicas y puntos de vista políticos que prevalecen en el subcontinente, constituye un espacio autónomo como no había existido nunca antes.

Precisamente por esa autonomía, la CELAC es vista, junto a otros organismos e instituciones de integración latinoamericanos, como la UNASUR y el ALBA, con recelo por los Estados Unidos. Por eso, uno de sus grandes logros ha sido, precisamente, que en ella participen países que se encuentran próximos a ellos y apoyan sus políticas, como Colombia o Perú, por ejemplo.

Acorde con las nuevas circunstancias que prevalecen en América Latina, la CELAC realizó recientemente un foro en China al que acudieron 12 Jefes de Estado, reafirmando así el creciente interés de ese país en continuar profundizando sus relaciones de todo tipo, pero especialmente comerciales, con nuestro subcontinente.

La CELAC es, pues, un espacio político importantísimo para profundizar el nuevo papel que ha asumido América Latina.

Acorde con la dinámica establecida, Costa Rica asumió la presidencia pro tempore del organismo en 2014, tomando la estafeta de Cuba, que había ocupado esa posición durante el año anterior.

El país tomó el compromiso en un año electoral sui géneris, en el que por primera vez en más de 50 años se quebró el bipartidismo que había prevalecido. La campaña electoral que llevó a ese resultado fue, también, llena de vaivenes y hechos inéditos. En este contexto, los ojos del país estuvieron atraídos hacia ese proceso, y el interés por la CELAC quedó relegado a un segundo plano: no se impulsó ninguna iniciativa que pusiera el sello de Costa Rica e, incluso, llegó a cuestionarse, durante la discusión para la aprobación del presupuesto gubernamental del 2015 en la Asamblea Legislativa, que hubiera recursos económicos para realizar la Cumbre en el país.

Además, aunque el presidente costarricense Luis Guillermo Solís, ve personalmente con interés este tipo de foros, el país se ha alineado históricamente con las políticas de Washington, lo cual lo hace reticente a este tipo organismos, que eventualmente puedan despertar algún tipo de disgusto en el Norte por ser vistos como propuestas del “chavismo”.

De ahí que, a quince días de la Cumbre, en Costa Rica prácticamente nadie habla o menciona el acontecimiento. Causa mayor revuelo en la prensa televisiva el que, durante el evento, se vayan a cerrar al tránsito vehicular algunas de las principales avenidas de la ciudad capital, ya de por sí muy congestionada, que los temas que se vayan a discutir.

Este contexto de frialdad e indiferencia pudo, sin embargo, haber sido abiertamente hostil si las fuerzas políticas que prevalecieron hasta mayo del 2014 hubieran continuado en el poder. Estas, apostaron siempre por cualquier esfuerzo dirigido a hacer prevalecer los proyectos alternativos a los aquí mencionados. Aún hoy, a pesar de los límites que ya mostró luego de la Cumbre Asia-Pacífico en la que China mostró su liderazgo global, Costa Rica sigue siendo fuerte candidato para ingresar a la Alianza del Pacífico, que se ha constituido en el más sólido esfuerzo norteamericano por presentar una alternativa al ALBA, la UNASUR, el Banco del Sur, el Mercosur y la misma CELAC.

Costa Rica, que se ufana siempre de tener una política exterior que le da lustre, pasó por la presidencia de la CELAC sin pena ni gloria.

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Los próximos miércoles 28 y jueves 29 de enero de 2015 se realizará en la ciudad de San José, capital de la República de Costa Rica, la Tercera Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). La Segunda Cumbre (2014) tuvo lugar en La Habana, Cuba, y la Primera (2013) se efectuó en Santiago, la capital chilena.

Como es bien sabido, la CELAC está integrada por la totalidad de las naciones del continente americano, con la dos únicas excepciones de Estados Unidos y Canadá, países que escapan, por razones geográficas, a las denominaciones latinoamericano y caribeño. De modo que la CELAC reúne a las 33 naciones del subcontinente latinoamericano y caribeño, desde los gigantes Brasil y México hasta las más pequeñas como, por ejemplo, Antigua y Barbuda, Barbados, Granada, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía o San Vicente y las Granadinas.

Ya haber podido reunir a la totalidad de las naciones latinoamericanas y caribeñas en un mecanismo de integración política y económica en medio de la diversidad es indudablemente un logro monumental. Pero el logro se agiganta ante nuestros ojos cuando se conocen algunas de sus realizaciones.

Con el absoluto consenso de todos sus miembros, la CELAC ha hecho, como bloque, enormes aportaciones a la paz y a la estabilidad de la región, cuales, verbigracia, la proclamación de la región latinoamericana y caribeña como zona de paz y libre de armas nucleares, el apoyo al proceso de paz en Colombia, declaraciones contra el bloqueo a Cuba, el respaldo permanente a la soberanía argentina sobre las islas Malvinas (y la promoción del diálogo sobre este tema en la ONU), y el respeto a la institucionalidad y al gobierno, democráticamente electo, de Venezuela, a raíz de los hechos violentos de febrero de 2014.

En su breve vida, cual lo demostró en el caso venezolano, la CELAC se ha convertido en obstáculo insalvable para los endémicos intentos de golpe de Estado que por décadas asolaron a nuestra región, con su trágica cauda de muertos, desparecidos, torturados y exiliados.

También como bloque, la CELAC trabaja con éxito para enfrentar la crisis financiera internacional, los efectos del cambio climático y los problemas de toda índole que produce la migración intrarregional e internacional. Igualmente trabaja con evidentes y demostrables tino y éxito en los diversos programas de seguridad y cooperación del área, así como en el proceso de reconstrucción de Haití, la lucha contra el terrorismo en todas sus manifestaciones y, aportación extraordinaria, su pronunciamiento por el restablecimiento de la relaciones diplomáticas ente Cuba y Estados Unidos.

No obstante la innegable importancia de todos estas aportaciones de la CELAC, las fuerzas de la derecha en la región y fuera de ella, han procurado, con cierto éxito, minimizar, soslayar u ocultar los exitosos resultados de este genuino mecanismo de integración, cooperación y desarrollo. Esto explica el bajo perfil que la CELAC y sus Cumbres han tenido y tienen en los medios de comunicación nacionales, regionales e internacionales. Véase a título de ejemplo de esta actitud de minimización, la escasa y sesgada cobertura mediática de los multimillonarios créditos y planes de inversión que China ha hecho o tiene programados para el bloque en general y para Ecuador y Venezuela en particular.

Este propósito de la derecha por minimizar la trascendencia y los logros de la CELAC, actitud que en México llamamos “ninguneo”, no es inocente. La derecha, fiel a su tradición antipopular, trabaja en pos de la discordia, las divisiones y los enfrentamientos entre los miembros de la CELAC. Combatir y vencer estos aviesos propósitos deberán ser los propósitos centrales de la organización. En el éxito o fracaso de la CELAC se juega en muy buena parte el futuro de nuestra región.