jueves, 29 de enero de 2015

Arrecian la campaña en Venezuela: Diosdado Cabello como objetivo

Por Misión Verdad

Diosdado Cabello, presidente del Parlamento venezolano, es acusado por Estados Unidos de narcotraficante. Esto ocurre en un año de elecciones parlamentarias. Léase bien, en un año de elecciones parlamentarias. Pero las elecciones no son el propósito medular de esa campaña.

La política como mercadería ha consistido en el manejo de la opinión, en la compra-venta de voluntades y orientaciones políticas, en el manejo del electorado al cual se le venden desde informaciones sesgadas hasta "informaciones" teledirigidas desarrolladas con fines concretos. No es nada novedoso en la política, pero en muchos ámbitos sigue funcionando tal cuestión. Los bodrios montados para hacer política, o más bien, pseudo o antipolítica, tienen asidero entre una masa de consumidores ávidos, claramente referenciados, quienes consumen y divulgan tales bodrios. Es así de simple.

Los consumidores de bodrios en Venezuela se encuentran mayoritariamente atrincherados en la oposición. Son los mismos que todavía esperan la muy pregonada quiebra de Pdvsa desde que los "expertos petroleros" comenzaron a pronosticarla desde 2003, con cifras y todo. Pero los bodrios no son diseñados exclusivamente para los opositores, también intentan llegar como armas subliminales, desmovilizadoras, desmoralizadoras en el lado del chavismo. Y este es el meollo del asunto, cuando desde todos los vectores el asedio contra Venezuela arrecia.

El objetivo táctico es Diosdado, son las elecciones parlamentarias, es el liderazgo de Maduro. Pero el objetivo estratégico de la dura campaña contra el chavismo es el desgaste, el debilitamiento, la ruptura medular de nuestros consensos políticos paridos en Revolución. Se trata de destruir los vínculos vertebrales que hemos consolidado de manera transversal desde la dirigencia hasta las bases populares del chavismo.

La destrucción de la cualidad unitaria, simbólica y sustantiva del chavismo es el objetivo central de la desligitimación de nuestros liderazgos. Intentar matar el nombre de Chávez, intentar posicionar la idea de Maduro como traidor del legado de Chávez, destruir el nombre de los principales responsables políticos en la dirigencia, son estrategias dirigidas a un mismo blanco: la identidad y cohesión política de las fuerzas revolucionarias.

No por casualidad vemos a Capriles invocando el nombre de Chávez para tratar de usarlo como bandera política. No por casualidad Lilian Tintori afirma que Maduro "rompió con el legado de Chávez" y que tal situación "tiene en descontento a los venezolanos". ¿No son las contradictorias afirmaciones de estos personajes una clara estrategia de desambiguación de la identidad chavista?

Si revisamos la campaña opositora de forma integral, su discurso y su aparente carencia de mensaje propio, nos encontraríamos con el hecho concreto de que la derecha venezolana y transnacional son en esencia un discurso de sí misma.

Un gran recurso de campaña empleado por la derecha es el recurso de la falacia. Pese al uso de los símbolos e imágenes del chavismo, su estrategia va más allá de engañar o embaucar a los chavistas para atraerlos, su estrategia es destruir la cualidad simbólica sustantiva que nos identifica, que nos diferencia, que nos unifica.

El arma de la falacia (líderes opositores hablando como chavistas) articulada con la desligitimación abierta de los rostros visibles de la dirigencia chavista intenta reproducir dicotomías entre el imaginario chavista, así se trate de una mimetización fallida. Una de sus aristas va por generar el efecto entre el chavismo de: "Yo siempre he sido chavista, pero no me gustan los que ahora están en el Gobierno". Guerra psicológica.

La campaña de la derecha intenta desdoblar al imaginario chavista, casi al punto de intentar hacerle creer al chavismo que Diosdado y Maduro son unos recién llegados al chavismo y que nunca tuvieron nada que ver con Chávez. Intentan colocar la idea de que ahora el chavismo es otra cosa, y que el proyecto chavista fue enterrado con Chávez.

Podemos estar de acuerdo en que en medio de una campaña electoral afirmar que Diosdado es narcotraficante tiene sentido si con ello se pretende dar un golpe de opinión y caldear el entusiasmo entre los opositores. Pero básicamente, cuando la oficina antidrogas de Estados Unidos, el más poderoso cartel de la droga del mundo, la DEA, participa en una estrategia de estas características, lo hace para hacer creíble y dar consistencia a la afirmación de que Diosdado es un capo. Si la acción tuviera como efecto la posibilidad de insertar el expediente Noriega, el globo de ensayo hubiera arrojado, de paso, otro resultado favorable en la agenda intervencionista.

Pero la cuestión va más allá

El ataque a Diosdado encaja perfectamente en el guion de la "destrucción de liderazgos", pero sobre todo en lo que en el libro El arte de la guerra se conoce como la "estrategia del frente interno", la destrucción del enemigo "desde adentro". En la desmoralización de sus bases y la incubación de desapegos entre las bases y la dirigencia.

La idea es romper con los vínculos y pertinencias construidas, cuya responsabilidad de protección recae precisamente en los líderes concretos, como es el caso de Diosdado Cabello en el chavismo, que como rostros visibles son quienes están llamados a mantenerse coherentes con las aspiraciones de la base. Y Diosdado representa la línea dura contra el terrorismo.

Al destruir a Diosdado se rompe el vínculo. Intentan posicionar la idea de la "traición" de Diosdado y su "desviación" absoluta. Cuando dentro de las filas de un ejército los líderes se desvían, las tropas se desmoralizan, se fragmentan, se desmovilizan. Y esta campaña no es exclusivamente una propaganda opositora más, no es un mero ataque a Diosdado, es un tiro por elevación al alma del chavismo.

Nadie mejor para ser empleado en una estrategia de desmoralización del chavismo como Diosdado Cabello. Luego de Chávez, nunca nadie fue tan atacado como Diosdado. Desde que Diosdado asumió la presidencia de manera interina durante sólo horas, en los oscuros momentos del golpe de Estado de abril de 2002, Diosdado Cabello ha sido blanco de ataques y suspicacias, de intrigas, de afirmaciones de todo tipo y sin pruebas, de críticas y ataques tanto desde la derecha como de sectores de la izquierda.

La derecha venezolana debe admitirlo, Diosdado es su favorito. Luego de Chávez. La misma actitud los descoloca. Cuando les monta el bullying en la Asamblea Nacional, sudan frío. Si les apunta con el dedo, saben que algo no va a resultar bonito de eso, lo saben y lo odian por tal razón. Lo odian por mil razones.

En los laboratorios de propaganda de la derecha entienden que Maduro ha ido legitimándose en medio de las adversidades y tienen claro que atacarlo directamente implica otros recursos, lo banalizan, lo colocan como "bruto", como "incapaz", como "autobusero", como "reposero".

El trato diferenciado para Maduro y para Diosdado en lo discursivo tampoco es casual. En ambos casos se construye una recreación de imagen diferenciada, pues cada uno tiene cualidades distintas, estilos distintos y dinámicas políticas distintas. Para él tienen un discurso más odioso, más irracional, más infame.

Estos ataques no son nada nuevos. Son parte de una rutina que tiene puntos altos en un inicio de año donde la suma concetrada de agresiones apuntan a provocar un shock de espectro completo. Un pico en lo mediático y lo discursivo que se circunscribe en el plan macro de desestabilización continuada, permanente, contra nuestro país, contra nuestras instituciones, contra nuestros dirigentes, pero sobre todo contra el pueblo movilizado y consciente, alma y cuerpo de la Revolución Bolivariana. 

El 1% en hora loca acude a otro golpe de opinión como recurso, considerando además que la agenda golpista inmediata no ha logrado cohesionarse, articularse "políticamente" para así construir una plataforma unitaria catalizadora, orientadora y captadora de respaldos políticos amplios, consistentes.

Básicamente viene otra "ayudaíta" desde Washington, de la mano de sanciones contra funcionarios venezolanos y ahora esta acusación a Diosdado de "narcotraficante". No perdamos de vista eso, pero no olvidemos que donde estos ataques tienen su punto focal es en el propio chavismo.

Asesino y represor, colaborador de Hezbollah, colaborador de Hamas, dueño de las empresas más grandes del país, enemigo de Nicolás Maduro, enemigo íntimo de Chávez, super-mega-hiper-corrupto, líder de una corriente divisionista del PSUV, el accionista mayoritario de PDVSA, el que se llevó los dólares, el que le inoculó el cáncer a Chávez, etc. Todo eso han dicho ¿Qué otra cosa más nos van a vender? ¿Qué otra "verdad" sobre Diosdado nos van a vender? Nadie ha logrado probar lo que tanto pergeñan.

Estas preguntas nos pueden llevar a otra mucho más difícil de contestar: ¿Hasta dónde va a llegar la campaña internacional contra Venezuela? No ha de extrañarnos, en serio, si en algún momento aparece algún funcionario del Pentágono afirmando que debajo de la casa de la finada madre de Diosdado, en El Furrial estado Monagas, hay un depósito con armas de destrucción masiva. Así de infames son ellos.