jueves, 11 de septiembre de 2014

Los septiembres de Salvador Allende

Allan McDonald
Por Enildo Iglesias | Rel-UITA

A 44 años del 4 de septiembre de 1970 y 41 del 11 de septiembre de 1973, los trabajadores reivindicamos el primero. Y nunca mejor aplicado el término reivindicar, que según el diccionario significa “reclamar uno lo que le pertenece”.

Desde una improvisada tribuna, utilizando un deficiente equipo de sonido e instalado nada menos que en el balcón de la Federación de Estudiantes de Chile, en la noche del 4 de noviembre de 1970 Salvador Allende se dirigía a su pueblo con motivo del triunfo electoral obtenido ese día por la Unidad Popular.

En aquella ocasión, entre otras cosas, dijo Allende: “Yo les pido a ustedes que comprendan que soy tan sólo un hombre, con todas las flaquezas y debilidades que tiene un hombre, y si pude soportar -porque cumplía una tarea- la derrota de ayer, hoy sin soberbia y sin espíritu de venganza, acepto este triunfo que nada tiene de personal, y que se lo debo a la unidad de los partidos populares, a las fuerzas sociales que han estado junto a nosotros.

Se lo debo al hombre anónimo y sacrificado de la patria, se lo debo a la humilde mujer de nuestra tierra. Le debo este triunfo al pueblo de Chile, que entrará conmigo a La Moneda el 4 de noviembre. […] Pero también declaro y quiero que lo sepan definitivamente, que al llegar a la Moneda, y siendo el pueblo gobierno, cumpliremos el compromiso histórico que hemos contraído de convertir en realidad el programa de la Unidad Popular
”.

Y el pueblo, pleno de alegría y esperanza entró a La Moneda para impulsar las primeras 40 medidas de la Unidad Popular que apuntaban a mejorar las bajas pensiones y dar previsión a los que no la tenían; a proteger a la familia y a los niños creando el Ministerio de la Familia, igualando las asignaciones familiares, desarrollando un programa de emergencia de vivienda, agua y luz eléctrica y dando medio litro de leche a cada niño.

También estaban dirigidas a atender la salud de la población suministrando gratuitamente medicamentos y exámenes y creando consultorios materno-infantiles en cada población.

Otros puntos no menos importantes eran la reforma agraria, la reforma del sistema judicial, la estatización de la banca y la nacionalización del cobre.

En lo estrictamente político, el Programa establecía que: “El Gobierno Popular garantizará el ejercicio de los derechos democráticos y respetará las garantías individuales y sociales de todo el pueblo.

La libertad de conciencia, de palabra, de prensa y de reunión, la inviolabilidad del domicilio y los derechos de sindicalización y organización regirán efectivamente sin las cortapisas con que los limitan las clases dominantes”.

Y reconociendo a quien estaba representando finalizó su discurso expresando:“Gracias, gracias, compañeras. Gracias, gracias, compañeros. Lo mejor que tengo me lo dio mi partido, la unidad de los trabajadores y la Unidad Popular
”.

Tres años más tarde, el 11 de septiembre de 1973, la soldadesca alzada encabezada por el sátrapa asesino Pinochet ponía fin a aquel intento de construir un Chile más justo y el pueblo, desalojado a sangre y fuego de La Moneda, nunca más volvió a ocupar su lugar en ese recinto.

En su último mensaje Allende decía: “Trabajadores de mi patria, quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo.

En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen la lección […] Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor
”.

Pese a que la vía chilena al socialismo sigue vigente, desde la caída de la dictadura, hace ya 24 años, ni una sola de las propuestas de la Unidad Popular ha sido puesta en práctica por los gobiernos de la Concertación y de la Nueva Mayoría que se autoproclaman sus sucesores.

El neoliberalismo, instalado con las bayonetas de la dictadura, sigue tan campante con la complicidad de una clase política aliada del gran empresariado, logrando que Chile figure entre los países de mayor desigualdad.

Esta situación (analizar si la misma es buscada o no supera las limitaciones de este artículo) lleva a que la gente desconfíe de los políticos y dado que en Chile el voto no es obligatorio, vimos como en la segunda vuelta presidencial de las elecciones de diciembre del año pasado la abstención llegó al 58.04%, es decir que 6 de cada 10 chilenos optó por no votar, además cerca de dos millones de jóvenes ni siquiera se inscribieron en el registro electoral.

Mientras no se democratice la vida interna de los partidos políticos y mientras desde el gobierno se no den algunas señales, como modificar en serio un Código de Trabajo que viene desde la dictadura continuará la desconfianza y la apatía, y lejos estaremos de ver abrirse las grandes alamedas dando paso al hombre libre.

Frente a este difícil panorama, el desafío de reorganizar la participación popular, más que en los partidos políticos recae sobre el movimiento sindical. ¿Estaremos a la altura?