jueves, 14 de agosto de 2014

Las que limpian los hoteles: “Estamos hechas polvo; seguimos trabajando a fuerza de pastillas”

Foto Ernest Cañada
Mujeres invisibles y súper explotadas. Campaña Internacional de UITA: "Trabajo, salud y dignidad para las camareras de piso"

Por Ernest Cañada | Rel-UITA/ALBA SUD

Dolores Ayas nació hace 57 años en Granada, Andalucía, pero a los doce años tuvo que emigrar para ganarse la vida -“como los pobrecitos que vienen ahora de África”, dice-. Trabajó en el campo, en Almería, Lérida y Francia, hasta que finalmente se instaló en Mallorca donde entre los años 60 y 70 ocurrió una fuerte expansión del turismo y hubo mucha demanda de mano de obra. Ahora, y desde hace más de 30 años, se desempeña como camarera de piso en Playa de Palma, Mallorca.

Trabaja en un hotel 4 estrellas de una gran cadena hotelera española, donde es delegada sindical por Comisiones Obreras. Hablamos con ella sobre sus condiciones laborales y las de sus compañeras.

-La carga de trabajo de las camareras de piso es por lo general bastante pesada, ¿cómo es en tu caso?
-Nosotras hacemos 20 habitaciones al día, y limpiamos también las zonas nobles. Antes hacíamos 22, pero con mi pelea he conseguido que hagamos 20, que igual me siguen pareciendo muchísimas, una barbaridad.

-¿Por qué es tan agotador?
-Por varias cosas, pero lo más duro es mover las camas de madera, son muy pesadas. Cada día son 50 camas. Y los colchones pesan también un muerto, es horroroso.
Hay días en que no puedo con mi alma. Porque además de mover las camas hacia afuera tenemos que levantar el colchón y meter la ropa.

Antes eran camitas con ruedas que una empujaba y ya está, pero ahora las han cambiado y son camas normales. Yo no puedo con ellas. Soy incapaz de meter esas camas desde el pasillo a la habitación o sacarlas de ahí porque, sencillamente, no puedo levantar un peso que supera el mío con creces.

-¿Y cuántas camareras de piso hay?
-En el hotel somos unas 14 camareras, y ahí se incluye la gobernanta. Ocho somos fijas discontinuas y el resto son eventuales.Y para ellas la situación es muy difícil, porque aparte de la presión de que las pueden tirar a la calle en cualquier momento, muchas de las nuevas que entran no son capaces de sacar el trabajo adelante porque es durísimo. Y no es que sean perezosas, es que es muy difícil. 

Más habitaciones y más estrés

-Porque además el ritmo de trabajo es muy intenso, ¿no?

-Sí, y como la temporada es más corta también hay más problemas. Antes el hotel estaba cerrado 40 días y el resto del año permanecía abierto. Siempre había algo de ocupación. Entonces había épocas que tenías menos habitaciones y te daba tiempo para hacer la limpieza más a fondo.

Pero ahora no abren el hotel hasta tener la garantía de que lo tienen hasta arriba, y no baja en toda la temporada. Entonces el trabajo siempre es enorme y no se puede hacer como Dios manda, porque nunca hay tiempo. Nunca se puede hacer el trabajo en condiciones que no sean de mucho estrés.

-Y si los turistas se quedan menos días en el destino también repercute en vuestra carga de trabajo…
-Si cada día tengo cinco salidas en las otras habitaciones sólo puedo hacer lo mínimo, lo imprescindible, y voy siempre hasta arriba. Eso es un estrés enorme. Y al final la cara la damos nosotras, porque el cliente debe pensar: "Mira qué tía más guarra". Me da mucho coraje que las cosas no se hagan como se debe.

Nosotras somos números y no les importamos

-¿Siempre ha sido tan intenso el trabajo en los hoteles de Mallorca?
-Cuando empezamos el trabajo era más leve. No se nos exigía tanto esfuerzo. Yo recuerdo hacer el trabajo en buenas condiciones. Pero ahora los ritmos han aumentado. Los empresarios cada vez quieren más. Se fijan una meta de dinero para ganar en el año, y cuando sus beneficios quedan debajo de eso son pérdidas. 

Yo veo los hoteles llenos, pero ellos siempre dicen que hay pérdidas; siempre quieren un poco más y han visto que lo pueden conseguir. Nosotras somos sólo números y no les importamos.

-Como decías, esto debe provocar una situación de estrés muy fuerte.
-Así es, ya no es solamente el volumen tan grande de trabajo, es también el estrés, porque ves que no llegas, que por más que te esfuerzas y das todo, no llegas.
Aquí trabajas las ocho horas corriendo desde que entras hasta que sales. Y yo ya no tengo edad para correr tanto. Luego, cuando llegas a tu casa ya no puedes hacer nada. Toda la energía que tengo la consumo en el trabajo, ya no me queda más.

"...Yo estoy jodidísima..."

-Este ambiente laboral está seguramente afectando mucho vuestra salud.
-Yo estoy jodidísima, como la mayoría de las trabajadoras. Tengo la columna muy mal, estoy operada del túnel carpiano, tengo las manos destrozadas… estoy como todas, vamos, no soy más que un espejo de todas.

Estamos hechas polvo y trabajamos todos los días a fuerza de pastillas. Estamos todas drogadas, no con drogas ilegales, son legales. Yo tomo pastillas para el reuma, anti-inflamatorios y también para el corazón, porque voy muy estresada.

-¿Qué han logrado como Sindicato?
-Conseguí que nos bajaran dos habitaciones diarias, porque cuando renovaron el hotel, hace un año y medio, pedí una revaluación de la carga de trabajo de las camareras de piso, con el apoyo del Sindicato. Había cambiado todo el sistema del hotel, pero no querían una revaluación de tareas.

Entonces la opción que me quedó fue decirles que hacían la revaluación o los denunciaba a la Inspección de Trabajo. Al final nos sacaron dos habitaciones.

Pero lo más triste es que la gente está tan asustada que casi me muerden. Me han llegado a decir que si hacíamos 22 por qué ahora tenemos que hacer 20, y yo alucino de colores. El problema que te encuentras es que tus compañeras te atacan porque tienen miedo, porque temen que si reivindicamos nuestros derechos las echen.

-Ciertamente es un contexto muy difícil para el trabajo sindical.
-Ser sindicalista hoy es muy complicado. Desde hace dos o tres años hay una campaña para tirar a los sindicatos por los suelos. Es horroroso. Y el miedo ha calado entre los propios trabajadores.

Fuente: Rel-UITA