lunes, 18 de agosto de 2014

Hoy internacionalismo hace rima con América Latina

Por Annalisa Melandri

Dos paradigmas diferentes que se manifiestan respecto a la causa del pueblo palestino: por un lado Europa silente y ambigua, incapaz de expresarse de forma unitaria y clara, por el otro lado América latina asume una postura unitaria, solidaria y digna.

El triste silencio que se levanta del panorama europeo sobre la masacre del pueblo palestino, que Israel una vez más está llevando a cabo en estas semanas en su enésima operación genocida, no es hipocresía política, sino solamente una lógica consecuencia del descarado apoyo que los gobiernos de los países que integran la Unión Europea están brindando a la operación “Margen Protector”.

A parte de algunas obvias declaraciones de un “cese inmediato del fuego” en ocasión de los bombardeos israelíes a las escuelas de la ONU en Gaza, la postura de la Unión Europea no refleja ambigüedad, sino expresión de apoyo, ya que no se trata de silencio diplomático, sino de tácito consenso al ataque militar de Israel en la Franja de Gaza.

El silencio cómplice de la Unión Europea, cualquier cosa quiera decir, lejos de representar una postura política consensuada entre sus países, es más bien la suma de los silencios cómplices de cada uno de ellos, ya que hasta las Naciones Unidas en esta ocasión, han condenado con más vehemencia que antes, la masacre de civiles palestinos.

28 silencios, tantos son los países miembros de la Unión Europea, que pesan como piedras en esta ulterior página negra de la historia de la colonización, asedio e invasión militar de Palestina.

Italia lleva alta la bandera del silencio, y en su caja fuerte guarda los contratos de venta de armas firmados con Israel. Mi país es el primer proveedor de armas livianas y aparatos militares a Israel de la Unión Europea y frente al tamaño de los negocios en este sector que hay entre los dos países, todos los llamados que hemos firmado y enviado al gobierno de “centroizquierda” del primer ministro Matteo Renzi, para que retire su embajador o para que exprese una postura firme de condena, parecen (y finalmente lo son), ridículos.

El 41 por ciento de todas las exportaciones de armas livianas y de sistemas militares de la Unión Europea hacia Israel, salen de Italia, según explica el Observatorio Permanente sobre las Armas Livianas y Políticas de Seguridad y Defensa y el mayor cliente de la industria bélica liviana y de sistemas militares de seguridad de Italia es Israel.

No se trata solamente de venta de armas, mas se lee en el (prácticamente único) periódico de izquierda italiano a circulación nacional, “el manifesto”, que la “cooperación entre los ministros de defensa y de las fuerzas armadas de Italia e Israel tiene que ver con “importación, exportación y transito de materiales militares”, con la “organización de las fuerzas armadas”, “formación y entrenamiento”, […] “reuniones de los dos ministros de la defensa y de los comandantes en jefe” de los dos países, “intercambio de experiencias entre expertos”, “organización de las actividades de entrenamiento y de ejercicios”, “participación de observadores a los ejercicios  militares”.

¡Espeluznante!

La izquierda europea, la que en las décadas de los 60 y 70 y principios de los años 80 del siglo pasado, se distinguía en el panorama mundial por su internacionalismo solidario y militante, está desperdiciada, agotada, estricta entre cuatro factores claves que en los últimos años han ido anestesiando progresivamente cualquier señal de justa rebeldía (salvo casos particulares que sin embargo no representan un repudio de masa como hubiera ocurrido en otros tiempos) hacia lo que se puede considerar, según mi opinión, un verdadero genocidio, según todos los criterios del Derecho Internacional Humanitario (DIH) y del Derecho Internacional de los Derechos Humanos. Estos factores son:

1) Una coyuntura económica no difícil, más bien gravísima, sobre todo por la carga aniquiladora y pesimista que conlleva respecto a las perspectivas y las esperanzas de millones de jóvenes hacia un futuro (y a un mundo) mejor. Este no aparece ya deseable y posible, sino que las nuevas generaciones han perdido también la capacidad de soñarlo y por ende proyectarlo en la realidad.

2) El degrado cultural en el que las clases dirigentes (porque de ellas es la responsabilidad) han hundido la juventud europea por medio de las políticas neoliberistas; los recortes a los gastos públicos en materia de educación, investigación científica y proyectos culturales; y las privatizaciones hacia las que caminan expeditas muchas universidades públicas europeas que una vez eran verdaderos santuarios cultuales y académicos.

3) La precarización del trabajo y la progresiva destrucción de los mecanismos de protección social de keynesiana memoria que han llevado (entre otras causas), a una mutación casi social y antropológica de las sociedades modernas. Y es imposible en tal sentido no hacer referencia al pensamiento y a los trabajos del sociólogo Zygmunt Bauman sobre la “sociedad liquida”, en la que se produce el colapso de la imaginación “colectiva” y crece la inseguridad tanto económica cuanto emocional, sobre todo desde el principio de los años 80 (¿una vez más podemos referirnos al neoliberismo como principio del fin?).

4) Como consecuencia de los tres puntos precedente se da el avance de las derechas por todo el viejo continente, expresadas en agrupaciones partidistas pero también y –más grave porque menos cuantificable y tangible– en un sentimiento difuso y permeado de antivalores (deseo de militarismo de la sociedad en respuesta a la inseguridad, intolerancia racial, individualismo, egoísmo, homofobia) que plasma la población y las nuevas generaciones.

Todo cuanto antes expresado ha provocado en las últimas décadas la caída casi total de la atención, tanto a nivel general, cuanto de parte de la militancia europea de izquierda,  hacia los acontecimientos  internacionales.

Y más grave, lamentablemente en ese caso, el hecho que por lo que concierne la cuestión palestina, la izquierda tiene que compartir el escenario de la protesta, cuando la hay, con sectores (aunque minoritarios) de la derecha de matriz neo nazista, históricamente antisemitas.

Completamente diferente el panorama en América latina, sobre todo respecto a las posturas institucionales de los diferentes gobiernos de la región y de sus representaciones diplomáticas en el exterior.

Así nos enteramos, por ejemplo, que la embajada de Venezuela en Roma es la que más activamente está colaborando con la de Palestina para las donaciones de medicinales y contribuciones económicas por la emergencia sanitaria en Gaza de estas semanas, o que en las próximas horas llegarán en Venezuela niños palestinos que necesitan atención medica, “víctimas de la agresión de Israel, para ser atendidos en las casas de albergue que dispuso el presidente Nicolás Maduro”, en una operación que se llevará a cabo conjuntamente con la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ANCUR) y con la UNICEF.

Aviones de las Fuerzas Armadas Venezolanas llegarán además en Egipto la próxima semana para la entrega de ayudas donadas al pueblo palestino.

En el mismo tiempo se multiplican los llamados que salen desde la región pidiendo la paz y el cese de los ataques pero también la adopción de medidas internacionales y la definición, según pidió el presidente del Estado Plurinacional de Bolivia Evo Morales, de Israel como “Estado terrorista”.

Entre los llamados destaca por el peso moral de sus promotores y por el de los firmantes el Manifiesto “En Defensa de Palestina”, promovido por la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (o Red en Defensa de la Humanidad, REDH) fundada propio por Evo Morales. Entre los firmantes están Fidel Castro y el mismo Evo Morales, el escritor Eduardo Galeano, el premio nobel por la Paz Adolfo Pérez Esquivel, la activista Piedad Córdoba, el filosofo italiano Gianni Vattimo entre otras destacadas personalidades del mundo cultural, académico y político latinoamericano y del mundo.

En el Manifiesto se reconoce y expresa “solidaridad con la heroica lucha del pueblo palestino y de sus organizaciones de resistencia”, se “condena el rol imperialista de Estados Unidos” y se denuncia la “complicidad […] de los gobiernos de la Unión Europea” al tiempo que se anima a “sumarse a la campaña por el Boicot, las Desinversiones y las Sanciones al Estado terrorista de Israel siendo hora de la solidaridad activa y creativa”, se exige “el fin del apartheid y el genocidio” y se demanda “a los gobiernos del mundo que exijan a Israel el cumplimiento de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la Onu que lo obligan a retirarse de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Oriental, retornar a las fronteras anteriores a la “Guerra de los Seis Días” (1967) y asegurar el retorno de los refugiados palestinos, tal cual fuera establecido por la Resolución del Consejo de Seguridad Nº 242 del 22 de noviembre de 1967, resolución incumplida hasta el día de hoy por el Estado de Israel”.

Sin embargo las manifestaciones de apoyo y de solidaridad hacia el pueblo palestino van más allá de la difusión del Manifiesto y de otros llamados. Ha sido también en esa ocasión la del presidente de Bolivia Evo Morales la voz tonante que se ha levado firme en condena de Israel, llegando a declararlo “estado terrorista” y exigiendo a los ciudadanos israelíes el visado para entrar al país, contrariamente a cuanto previsto por los acuerdos vigentes entre ambos países desde 1972.

También los años pasados Bolivia se había destacado por ser uno de los países de América latina que más contundentemente había  expresado su solidaridad con el pueblo palestino. En el 2009, junto a Venezuela, rompió las relaciones con Israel a raíz de la operación militar Plomo Fundido y en el 2010 reconoció Palestina como estado soberano e independiente, sumándose a las decisiones adoptadas en tal sentido por los gobiernos de Brasil (el primero en la región a hacerlo) y Argentina.

Venezuela lo hizo en 2011 por medio de una carta escrita por el entonces presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez y dirigida al secretario de las Naciones Unidas Ban Ki-Moon y a la Asamblea General de la ONU en la que el mandatario aclaraba que “una cosa es denunciar el antisemitismo y otra completamente diferente, aceptar pasivamente que la barbarie sionista imponga un régimen de apartheid hacia el pueblo palestino”.

Régimen sionista”, “apartheid”, “genocidio”, Gaza como “gran Auschwitz”: los gobernantes y los políticos europeos nunca han llegado a adoptar palabras tan duras de condena hacia los crímenes israelíes, eso tal vez por el riesgo de ser tachados de antisemitas, chantaje moral al que Israel se agarra siempre cuando las criticas suben de tono, o/y tal vez por un intrínseco (no ilógico, sino mas bien inútil y anacrónico) remordimiento de conciencia que siguen sintiendo hacia el pueblo israelí. Remordimiento  del cual la diplomacia de ese país sigue aprovechándose,  repitiendo al infinito su retorica de “pueblo perseguido”. ¿Hasta cuándo?

Nunca creo en la historia ha habido demostración más tangible de la teoría de la psicoanálisis según la cual la víctima, si no resuelve los problemas relacionados con los abusos sufridos se volverá a su vez victimario.

En la actualidad casi todos los países de América latina y el Caribe reconocen la soberanía e independencia de Palestina, algunos, como Chile y Perú no lo han hecho respecto a los límites territoriales de 1967 y falta al llamado regional en tal sentido la Colombia, y no extraña, aunque duela esta postura, por los vínculos y relaciones militares –y paramilitares– vigentes entre ambos países.

En el ámbito de las iniciativas adoptadas por los gobiernos latinoamericanos en ese momento, resalta la decisión del gobierno de Ecuador, presidido por Rafael Correa, de ratificar, por medio de su representante ante el Consejo de Seguridad de la Onu,  Xavier Lasso, su reconocimiento a Palestina como estado independiente con sus fronteras establecidas en 1967, quien pidió “que se terminen los abusos y la violencia desequilibrada de Israel”.

Mientras todos los gobiernos indistintamente han condenado los ataques de Israel y mientras prácticamente la gran mayoría de los países ha llamado a consultas sus embajadores (El Salvador, Brasil, Ecuador, Chile, Perú y Ecuador) o ha convocado a consultas los embajadores israelíes presentes en su territorio (Argentina y Costa Rica),  resalta negativamente una vez mas el gobierno de Colombia,  que por medio de la cancillería ha emitido un comunicado oficial en el que condena “los actos de violencia y terrorismo contra el territorio israelí.

La Unión de las Naciones Suramericanas, Unasur, recibirá el próximo 22 de agosto en Montevideo el ministro de relaciones exteriores de la Autoridad Nacional Palestina, Riad Al Maliki, quien busca consenso y apoyo y posiblemente una declaración conjunta de condena contra los ataques y la invasión de la Franja de Gaza, y todo deja imaginar que la obtendrá de parte del importante organismo de integración regional.

Cabe destacar, y habrá que esperar para ver los resultados que llevará, que en esa ocasión el ex presidente colombiano Ernesto Samper será nombrado secretario general de la organización.

Al Maliki se encuentra en estas horas en Venezuela donde además de promover y coordinar el apoyo regional hacia la causa del pueblo palestino, ratificará algunos acuerdos en temas de cooperación internacional con el gobierno venezolano ya firmados el pasado mes de mayo por el presidente del Estado de Palestina Mhmoud Abbas. El canciller palestino además se reunirá en Caracas con los cancilleres de los países integrantes  la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA).

Se asiste a dos paradigmas diferentes que se manifiestan respecto a la causa del pueblo palestino: por un lado Europa silente y ambigua, incapaz de expresarse de forma unitaria y clara, estrecha entre su dependencia de Estados Unidos, sus históricos sentidos de culpa y los vínculos económicos, sobre todo de tipo militar con Israel, que le quitan dignidad a las pocas declaraciones de condena de los ataques en Gaza que ha producido, por el otro lado  América latina, que aunque con ligeras diferencia entre algunas  posturas políticas (como el caso de Colombia) recibe y escucha el canciller Riad Al Maliki, envía ayudas internacionales y asume una postura unitaria que se evidencia en  las iniciativas propias de cada país de las cuales hemos hablado poco antes.

¿Antiimperialismo? ¿La presencia de gobiernos de izquierda y centro izquierda que por la mayoría rigen los países de la región? ¿La presencia de Cuba que siempre lleva alta  la bandera del internacionalismo militante y la solidaridad entre los pueblos oprimidos del mundo? ¿El legado de Hugo Chavéz que fue el que quien mas contundentemente asumió la defensa de la causa palestina también con acuerdos de cooperación? ¿Un nuevo orden geopolítico? Quizás  un poco de todo esto.

Lo cierto es que en América latina el repudio a la arrogancia y a la violencia del gobierno israelí en ese contexto  se está expresando a plena voz en las calles, en las redes sociales, en los medios de comunicación, involucrando amplios sectores de la sociedad. Las protestas en todas las capitales de América latina, América central  y Caribe han sido masivas y bien articuladas, como la que se ha dado en Santiago del Chile hace algunos día donde los organizadores han contado mas de 15mil personas o la de ciudad de México.

La protesta no se configura, como patrimonio moral e ideológico exclusivamente de la izquierda (o de la extrema derecha) como ocurre en Europa, (aunque la brutalidad de los ataques y el elevado numero de niños fallecidos está allá también indignando amplios sectores de la sociedad, los mismos que pasado el momento se olvidarán  del drama continuo que los sobrevivientes viven en Gaza), sino expresión común de disgusto y condena hacia lo que es un genocidio, y en este hemisferio sí se puede y se llaman las cosas con su nombre.

Son pocas las voces que se levan en defensa de Israel, por la mayoría cercanas a posturas gubernamentales como en el caso de Colombia o a la comunidad hebraica presente en la región.

Un aspecto importante y peligroso, hay que evidenciarlo, y es la enorme presencia de iglesias cristianas evangélicas, notoriamente vinculadas con Israel, cuyos pastores, sobre todo los más exaltados e integralistas, apoyan el ataque militar israelí y afirman que “Dios protege el estado de Israel”.

Se trata sin embargo de voces aisladas, que por el momento, y afortunadamente, no suman  consenso.