viernes, 25 de julio de 2014

“El poder de los medios se convirtió en un poder político” Rafael Correa

Folha
Por Mónica Bergamo, Folha de Sao Paulo | El telégrafo

Durante su visita a Brasil, la semana pasada, el presidente Rafael Correa ofreció una entrevista al diario Folha de Sao Paulo. Allí se refirió a la importancia de la integración regional y alertó sobre la restauración conservadora.

¿A Estados Unidos le incomoda la reunión del Brics?

Si queremos un mundo multipolar, debemos conformar y alinear bloques. Eso es lo que sucedió ahora, entre el Brics y Unasur. Para la potencia hegemónica de un mundo unipolar debe ser motivo de preocupación. No me canso de felicitar a la presidenta Dilma. La reunión fue una idea brillante. Y puede marcar el comienzo de un orden mundial menos injusto.

¿Las medidas anunciadas podrán crear un contrapunto a la hegemonía de EE.UU. y sus aliados?

La unión hace la fuerza. El Brics es el 40% de la población y el 25% de la producción mundial. Se creó una nueva arquitectura financiera para no depender del FMI y el Banco Mundial. Unasur debería hacer lo mismo con la creación, en el futuro, de una moneda única regional, para ser menos dependientes de los centros de poder. ¿Por qué un juez en EE.UU. puede quebrar Argentina? Debido a que todos los pagos pasan por allí. Con un sistema alternativo, el sistema hegemónico perdería poder.

Usted habla de la moneda única desde 2006. El Banco del Sur, de Unasur, fue creado en 2007 y no funciona. La integración energética está en papel...

Hay cosas teóricamente impecables. Otra cosa es la práctica cuando el problema implica a varios países. El Brics actúa desde hace diez años, son solo 5 países y recién está ejecutando cosas. Pero, de hecho, no tenemos tiempo que perder (en América Latina). Tenemos que hacer las cosas rápidamente. Y no vamos rápido.

Usted dice que hay presidentes de los países del continente que no tienen interés en la integración de América del Sur.

No nos engañemos: la integración de América Latina, con una visión independiente, soberana y digna, es una preocupación para Estados Unidos. Y ya hay una restauración conservadora, la derecha, las élites del continente, que quieren detener estos procesos integracionistas y progresistas dentro de nuestros países. Entonces contrapropuesta a la Unasur emerge la Alianza del Pacífico [integrado por Chile, Perú, México y Colombia], es decir el neoliberalismo puro.

En la última década, el auge económico mundial coincidió con la llegada al poder de líderes de izquierda carismáticos como Lula y Hugo Chávez. Ahora todo ha cambiado. La economía empeoró. Los líderes no son los mismos. ¿El modelo se agotó?

Comenzó un nuevo ciclo en América Latina cuando Chávez llegó al poder en 1999, en plena noche neoliberal. Pronto vinieron Lula, Evo Morales en Bolivia, Tabaré Vázquez en Uruguay, Michelle Bachelet en Chile, Kirchner en Argentina, la Revolución Ciudadana en Ecuador. ¿Quién podría imaginar, en los 90, que estos progresistas llegarían al poder, cuando América Latina era puro Fujimori, Collor, Menem? Fue un cambio de época. Pero ya hemos dicho, hay una restauración conservadora. La derecha nacional e internacional superó la debacle que sufrió con la llegada de nuestros gobiernos. Está claramente articulada. La derecha ecuatoriana tiene contacto con la venezolana, con la estadounidense, que financia supuestas ONG, no sé si con la brasileña, todo para luchar contra nosotros.

Pero hay problemas internos reales en cada país…

Somos víctimas de nuestro propio éxito. Mire los espectaculares avances en Brasil, la reducción de la pobreza. Y mire las protestas que se produjeron contra Rousseff y contra el Partido de los Trabajadores. Hay una nueva clase media que demanda cada vez más. Los medios de comunicación, que son instrumentos de la derecha, se apuran en decir que nada vale, que el pasado fue mejor. Es evidente que hay una restauración conservadora que puede poner fin a este ciclo de gobiernos progresistas. Tenemos que estar muy atentos.

Usted ha dicho que es necesario evitar el personalismo en la política. ¿Buscará una nueva reelección?


Es necesario evitarlo. Pero precisamente, por esa restauración conservadora, hay una gran responsabilidad sobre nuestros hombros. Pero créame, el último recurso del proyecto es mi reelección en 2017.

La situación de la prensa es un tema sensible en cualquier parte del mundo. En América Latina varios países, entre ellos Ecuador, aprobaron leyes que regulan la comunicación…

El poder de los medios se convirtió en un poder político. Nuestro adversario en Ecuador no es la derecha sino sus medios de comunicación. Nos presentan como gobiernos autoritarios que persiguen a periodistas patrióticos que solo quieren decir la verdad. Eso no es cierto. Enfrentamos la manipulación de la información de algunos medios de comunicación en manos de la oligarquía. Sin legitimidad democrática quieren imponer su agenda política, quieren someter a los gobiernos, calumniar, manipular. La sociedad tiene que defenderse.

El PT, que en Brasil está llevando esta discusión, dice que se trata de garantizar la pluralidad, la regulación del negocio de concesiones audiovisuales, pero nunca su contenido. ¿En Ecuador la ley tampoco interfiere en el contenido, por ejemplo, cuando se dice que una persona no puede ser “desacreditada” en la prensa o sufrir “linchamiento mediático”?


Quizá nuestro error fue no usar la palabra acoso, en lugar de linchamiento. Pero está claramente establecido en la ley que es linchamiento. Eso tiene que ser regulado. No se puede imaginar los excesos que tuvo la prensa en Ecuador. Si el director de una empresa municipal cobraba la planilla de agua al director de una radio sufría un linchamiento hasta ser removido de su cargo.

¿El exceso puede crear del otro lado un desequilibrio? El poder de los medios es fuerte, pero también el del Estado...

Por eso hay escrutinio público, hay instancias, una Superintendencia de Comunicación [Supercom], todos [los medios] tienen el derecho a la defensa. ¿Qué es lo que critican? “Nos obligaron a rectificar [informaciones] 82 veces”. ¡No dicen que nos mentían! Estaban acostumbrados a mentir, a no dar derecho a la réplica, a controlar, que los presidentes temblaran ante ellos. Un proyecto político ganó las elecciones, está gobernando, legislando. Se les acabó la fiesta. Cuando le conviene la prensa se denomina el cuarto poder. Y todo poder debe ser regulado por la sociedad a través de la ley. Imagínese el poder financiero no regulado, el poder político sin supervisión. E incluso el poder religioso: de repente aparece una religión que permite los sacrificios humanos. ¿El único poder que no se puede tocar es el de los medios de comunicación? Tenemos que superar estos tabúes.