lunes, 16 de junio de 2014

El Salvador: Los sueños y los desafios del “pulgarcito de América”

Foto G. Trucchi
Por Marco Consolo

El domingo 1° de junio, con la presencia de más de 6000 invitados, en una sesión solemne y pública, el Parlamento salvadoreño instaló en la Presidencia de la República al ex comandante guerrillero Salvador Sánchez Cerén, candidato del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). En la ceremonia de asunción participaron varios Jefes de Estado, entre los cuales se encontraban, el ecuatoriano Rafael Correa, el boliviano Evo Morales, Danilo Medina de República Dominicana, junto al vicepresidente cubano Salvador Valdés, al vicepresidente de la Venezuela bolivariana Jorge Arreaza, y a más de 100 delegaciones extranjeras, entre las cuales estuvo la de Rifondazione Comunista.

Sánchez Cerén viene directamente de las filas del Farabundo Martí, del cual fue uno de los fundadores, contrariamente al Presidente saliente, Mauricio Funes, un periodista progresista independiente. 

Noveno de doce hermanos, Sánchez Cerén nace el 18 de junio de 1944 en una familia de artesanos. A los 18 años se vuelve maestro. Su trabajo en las escuelas rurales le permite vivir en carne propia, el panorama de pobreza e injusticia social y lo convierte en un dirigente sindical del sector docente. A principios de los años  ‘70 entra en las Fuerzas Populares de Liberación (FPL), una de las cinco organizaciones que más tarde formarán  el Frente Farabundo Martí. Ocho años después pasa a la clandestinidad y en 1983 se convierte en su principal dirigente con el nombre de Leonel González.

Ya en 1992 es uno de los signatarios de los “Acuerdos de Paz”, más tarde asume la responsabilidad de Coordinador General del FMLN. Fue diputado en le período de los años 2000 a 2009. A partir del 2009  se convirtió en Ministro de Educación y último Vicepresidente del país, hasta el 1° de Junio próximo pasado, fecha en que asume la Presidencia.

 EL SANTO DE LOS POBRES

Después de la ceremonia oficial hubo una fiesta popular con la presencia de miles de militantes en la Plaza Cívica, donde se encuentra la catedral de San Salvador. Un lugar muy simbólico para la historia salvadoreña: el 30 de marzo de 1980, en efecto, el lugar había sido teatro de una masacre durante el entierro de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, un prelado progresista, que estuvo siempre en primera fila en defensa de las demandas sociales y los derechos humanos. Pocos días antes, mientras celebraba una misa, Mons. Romero había  sido asesinado por  los escuadrones de la muerte de la extrema derecha, a sueldo del Gobierno cívico-militar que ostentaba el poder.  Hoy sus restos descansan en una cripta de la catedral. El Vaticano de Wojtyla y Ratzinger, empeñado en desmontar la presencia de la “teología de la liberación” en el continente, no quiso conceder su beatificación oficial, aunque el pueblo salvadoreño lo bautizó  rápidamente como “el santo de los pobres”.

El asesinato de Mons. Romero fue la señal de reacción de la derecha oligárquica frente al crecimiento de las movilizaciones populares. Una reacción que restablecía la tutela militar sobre los gobiernos “de marioneta”, supeditados a la oligarquía local y a la política de “guerra de baja intensidad” de los Estados Unidos.  Para Ronald Reagan y George Bush padre, se trataba de aislar la revolución cubana y la nicaragüense y evitar a toda costa el contagio centroamericano.  Este “homicidio excelente” puso de relieve la falta de espacios para hacer política “legal” y fue una de las razones que impulsaron a muchas organizaciones populares de tomar la decisión de pasar a la clandestinidad y a la lucha guerrillera, fundando en Octubre el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

Años después, algunas monjas y sacerdotes jesuitas de la Universidad Central Americana, pagaron con su vida su opción en favor de los pobres. Con el tiempo  se descubrirá que la orden de asesinar a Mons. Romero había venido del Mayor Roberto D’Aubuisson, uno de los jefes de los escuadrones de la muerte. Formado en la tristemente célebre “Escuela de las Américas” estadounidense, el alto oficial se había convertido en jefe de inteligencia y después había fundado el partido ARENA (Alianza Republicana Nacionalista), antes de morir de muerte natural en febrero de 1992. Exactamente un mes después de la firma de los “Acuerdos de Paz” producida el 16 de enero en el castillo de Chapultepec, en México.

 LA FIRMA DE LOS ACUERDOS DE PAZ

Este día, junto al desaparecido Shafik Handal y a otros comandantes guerrilleros, Salvador Sánchez Cerén (el popular Leonel), firma los acuerdos de paz. Estos acuerdos   ponen fin a los 12 años de una sangrienta guerra civil: de un lado la guerrilla de FMLN, del otro los Gobiernos autoritarios y las Juntas militares, que se mancharon las manos  con crímenes horribles, contando con el apoyo de los Estados Unidos. Un conflicto que, según las cifras oficiales, costó más de 75.000 víctimas, entre muertos y desaparecidos y que deja profundas heridas, las que están lejos ser  sanada.

Después de la firma de los acuerdos, el FMLN tiene que  reinventarse y se transforma de fuerza guerrillera en partido político. Su nueva plataforma programática se basa en una transición democrática emanada de la voluntad popular, y en las transformaciones estructurales del ejército, de la policía, el respeto por los derechos humanos, la modificación del sistema electoral, de la economía,  de la distribución de la tierra, del sistema legislativo, de las relaciones internacionales. El FMLN se transforma en fuerza política con el objetivo de convertirse en partido de masas y así comienza la larga marcha institucional para la conquista del Gobierno, que al final alcanzará en 2009. Un proceso complejo, con fuertes debates internos que causan la salida de distintos cuadros. Como dijo  Shafik Handal: “El FMLN es como un gran árbol frondoso, que crece continuamente porque tiene raíces en el pueblo. Pero en todo árbol hay hojas que se marchitan y caen “.

FARABUNDO EN EL  GOBIERNO

Hoy Sánchez Cerén sucede a Mauricio Funes, un ex periodista y candidato independiente apoyado por el FMLN, que había gobernado el país desde 2009, no sin ambigüedades y abiertas contradicciones, pero que deja la presidencia con un fuerte apoyo popular.

En el momento de hacerse cargo de la presidencia, Mauricio Funes recibió un país muy endeudado, sin inversión, con el sector agrícola prácticamente destruido, altos índices de corrupción, desigualdad y exclusión, y con una tasa de criminalidad y violencia entre las más altas del mundo. Hay que tenerlo en cuenta para poder comprender la profundidad del cambio.

Además de disfrutar de una gran popularidad por la lucha contra la corrupción, las políticas sociales y las mejoras de los ingresos, el gobierno de Funes ha contribuido de manera decisiva a neutralizar parte de la guerra psicológica permanente contra el FMLN. De hecho, a pesar de las amenazas mediáticas de la derecha, muchos se han dado cuenta de que los escenarios de caos y violencia vaticinados  en caso de victoria, no se produjeron y que era posible cambiar de rumbo.

En 2009, la candidatura de Funes había permitido atraer a sectores moderados, dividir la derecha y ganar la primera vuelta con el 51,4%. Esta fase, en la que el gobierno de izquierda fue liderado por un aliado político, fue vital para la  “gobernabilidad parlamentaria” del país y para la segunda victoria presidencial, esta vez de un líder histórico del FMLN.

Esta vez, después de perder por un pelo (49%) la elección en la primera vuelta el 2 de febrero pasado,  Sánchez Cerén ganó la votación en segunda vuelta el 9 de marzo (50,11%), con poco más de 6.600 votos de diferencia con Norman Quijano, el candidato de la extrema derecha de ARENA, que había logrado subir los 10 escalones que los separaban, llegando en segundo lugar con el 49,89%.

En la primera ronda, de hecho, la derecha se presentó dividida entre ARENA (39%) y GANA (11%), una escisión de ARENA, para la segunda vuelta, se movilizaron de manera unitaria contra la “amenaza roja”. Y entre las dos vueltas electorales,  la artillería mediática derechista se concentró en una violenta campaña anticomunista, de miedo y terror, evocando “el fantasma del Castro-chavismo”. Tonos de la “guerra fría”, propio de una derecha cavernícola y retrógrada como la salvadoreña, unida para tratar de no ceder un centímetro de poder económico y político. En el pasado, esta derecha, se había caracterizado por hacer del país una república con soberanía limitada, bajo la protección de EE.UU. y “en su “patio trasero”. Sin embargo, a pesar de la millonaria campaña, la derecha ha perdido.

 LOS SUEÑOS DEL PULGARCITO DE AMÉRICA

 La presidencia de un ex comandante guerrillero es un hecho de gran valor simbólico para el pequeño país de América Central, el “pulgarcito de América”, como le había bautizado Roque Dalton, el recordado poeta salvadoreño.

En su discurso inaugural, centrado en la modernización del Estado y en el llamado a la unidad del país para resolver los grandes problemas, el nuevo Presidente ha reafirmado la prioridad de los programas sociales y su continuidad, a partir del apoyo a la educación pública a través del popular “paquete escolar”. El “paquete” incluye libros, cuadernos, uniformes, zapatos y un vaso de leche para cada niña/o, financiados por el Estado, y producidos  a “kilómetro 0″, reactivando, de esta manera,  importantes sectores económicos con base territorial. Así como el objetivo de garantizar una computadora para cada alumno en los próximos años, y el acceso a internet para las escuelas.

No podía faltar una referencia a los caídos en la guerra y a los mártires. Reivindicando la memoria histórica, Sánchez Cerén ha reconocido el compromiso del gobierno hacia los ex guerrilleros, los soldados y los inválidos de guerra, y al mismo tiempo se ha comprometido con los familiares de los “detenidos desaparecidos”, en la búsqueda de la verdad y en hacer justicia.

Entre los puntos del programa de gobierno (discutido de puerta en puerta a lo largo de seis meses) sobresalen la lucha contra la corrupción, la transparencia administrativa, la lucha contra el crimen organizado, el diálogo con la oposición, la reforma fiscal, protección de los migrantes salvadoreños en el exterior, la mejora de condiciones de trabajo y el fortalecimiento de los derechos sindicales a partir de las “maquilas” de las “zonas francas”. Se van a crear los ministerios de la mujer y el de  la cultura, áreas que hasta ahora no tenían rango ministerial.

De particular importancia es el programa de apoyo al sector rural y a la agricultura campesina, particularmente en la producción de productos agrícolas de consumo masivo con el objetivo de la soberanía alimentaria. Durante la anterior legislatura, el gobierno de Funes ha puesto en marcha una serie de inversiones en el sector agrícola, apuntando a  los créditos a los pequeños agricultores, la formación técnica, la construcción de los “bancos de semillas” con la participación del movimiento cooperativo. Medidas que han hecho que hoy en día el país sea autosuficiente en maíz y frijol, alimentos básicos de la población. Sin embargo, justo en estos días, los EE.UU. estarían presionando para que El Salvador compre semillas genéticamente modificadas de Monsanto, bajo la amenaza de suspender la ayuda financiera de cerca de 300 millones de dólares.

Entre los objetivos declarados por el nuevo gobierno, está el “Pacto por el Café”, uno de los principales sectores de exportación. Entre los compromisos adquiridos, el de mejorar la infraestructura del transporte local y el principal puerto del país.

El primer anuncio público del nuevo presidente ha sido el ingreso del país en PETROCARIBE, la alianza energética que hoy reúne a 19 países, inventada por el fallecido presidente Hugo Chávez. La iniciativa PETROCARIBE ayudará a financiar y ampliar los proyectos que ya están en marcha a través del “ALBA Petróleo”, el original acuerdo energético entre la Venezuela Bolivariana y las ciudades gobernadas por el FMLN.

En política exterior se reafirma la prioridad de la integración latinoamericana, en paralelo con la mejora de las relaciones con Estados Unidos, país al que Sánchez Cerén ha realizado una visita oficial en las últimas semanas y donde viven cerca de 2 millones de salvadoreños. Como se recordará, el país está “dolarizado” desde el año 2001, cuando el gobierno de ARENA renunció a acuñar moneda, atándose de pies y manos a la economía de EE.UU..  El “padre de la “dolarización”, el entonces presidente Francisco Flores, es ahora un fugitivo de la justicia, acusado de embolsarse millones de dólares de donaciones internacionales. En los últimos meses, el parlamento también ha investigado un supuesto soborno en la privatización de la empresa eléctrica, privatización que ha favorecido la italiana ENEL.


EL CAMINO CUESTA ARRIBA

Estamos ciertos en que hay que soñar con un futuro mejor, pero manteniendo los ojos bien abiertos. Porqué el gobierno del pequeño país tiene ante sí un camino cuesta arriba, con unos 6 millones de habitantes y casi 3 millones de migrantes (incluyendo varios miles en Italia, segundo destino después de Estados Unidos). Se inicia una dura batalla para la aplicación y el desarrollo del programa, en el que la izquierda del FMLN ha sido capaz de mantener la iniciativa estratégica hasta la fecha, en una dinámica compleja,  hecha de realidad y de sueños, de proyectos históricos opuestos, e intereses sociales profundamente antagónicos.

No se trata solamente de profundizar las reformas iniciadas desde el año 2009. La  agenda para el cambio vendrá marcada por la necesidad de realizar las políticas sociales, en un contexto de dolarización y de  subordinación a la economía de los EE.UU., disminuyendo, al mismo tiempo, la dependencia de las remesas de los migrantes.

En primer lugar entre los principales retos del nuevo gobierno, está la difícil situación económica, agravada por la crisis internacional. Según datos oficiales, Sánchez Cerén recibió un país con una tasa de crecimiento del 0,9 %, un déficit fiscal superior al 4,2 % y una deuda equivalente al 56,2% del PIB, registrados en 2013.

Para encontrar los fondos necesarios para las medidas anunciadas, el nuevo gobierno está promoviendo una reforma tributaria a través del diálogo con otros partidos y con los empresarios. Se habla de  al menos 1.320 millones de dólares entre nuevos impuestos y la emisión de bonos, un paquete que el gobierno anterior había presentado en el Parlamento en sus últimos días.

El proceso de cambio de la base material productiva es fundamental para generar empleo e ingresos, en un contexto de una mayor justicia y bienestar social. Nada fácil ni automático. Las últimas declaraciones parecen excluir   un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), con el que el gobierno de Funes ha mantenido un “acuerdo provisional” de tres años y que expiró en 2013. Según el acuerdo, el FMI garantizaría al país una suma de alrededor de 790 millones de dólares en el caso de falta de liquidez.

En el aspecto institucional, el FMLN no tiene mayoría en el Parlamento y sólo tiene 31 escaños de un total de 84. Ciertamente, esto no es un detalle para avanzar y cumplir con la agenda legislativa y política.

La derecha controla la Sala Constitucional de la Corte Suprema, protagonista de los ataques abiertos en contra del gobierno, incluso en estos días. El temor es que podría repetirse el patrón de “golpe institucional”, como fue el caso de Honduras y Paraguay.

En el aspecto político, para hacer las transformaciones necesarias, se necesita resolver un equilibrio paralizante entre izquierda y derecha, con alianzas que permitan la construcción de una nueva hegemonía en la estructura del Estado y en la misma sociedad, todavía con una fuerte influencia de los intereses oligárquicos y corporativos. Serán determinantes la capacidad de movilización popular, los mecanismos de participación y control desde abajo.

Los principales dirigentes sociales del FMLN tienen muy clara la diferencia entre “autonomía” del gobierno y la “independencia” del cuadro político nacional. Si por un lado se reivindica claramente la autonomía y la no supeditación al “gobierno amigo”, por el otro hay claridad sobre el papel “no neutral y no independiente” de los movimientos con respecto al cuadro político y al conflicto.

 Y hay una novedad positiva. En los últimos tiempos ha nacido una nueva instancia de coordinación del movimiento popular, social y sindical, que tuvo su bautismo el pasado 1° de mayo. Se trata de la  Coordinadora Unitaria Social y Sindical (CUSS). Su consolidación no está asegurada, debido a un pasado de desconfianza mutua y de divisiones de los movimientos. Pero no hay duda de que este es  un importante paso adelante para la unificación de los sectores populares. Se trata de fortalecer la organización y la conciencia, luchar por las demandas socio-económicas, mantener la crítica y al mismo tiempo apoyar políticamente al nuevo gobierno, sin ser cooptados. Una tarea  difícil, delicada, común a todas las experiencias de transformación, no sólo en América Latina, de cuyo resultado depende el futuro de la esperanza de cambio.

Uno de los temas altamente sensible es el crimen organizado y su violencia criminal que cuenta con el apoyo de sectores corruptos de la policía y las fuerzas armadas (cuya depuración está progresando lentamente) con el corolario de la inseguridad, el caballo de batalla de la derecha internacional. Pese a las críticas de muchos sectores, el gobierno de Funes había llegado a una tregua frágil y oscilante con las “maras”, que, sin embargo, redujo drásticamente los asesinatos. El nuevo gobierno habla de “políticas integrales”, hechas de represión del delito y de prevención con las políticas sociales.

Aunque los “golpes militares” todavía no son piezas de museo, la derecha interna está derrotada, pero no vencida. ARENA representa los intereses económicos de la oligarquía, pero al mismo tiempo cumple con las expectativas políticas e ideológicas de amplios sectores no sólo de la clase media, sino también de sectores populares, tanto rurales como urbanos. Es una importante fuerza nacional, con experiencia y recursos, que controla muchos municipios en el país, empezando por la capital,  San Salvador.

Sobre la base del esquema del “golpe blando ” la derecha podría tratar de utilizar las calles en contra del gobierno. Inmediatamente después de las elecciones, ganadas por el FMLN por un estrecho margen, por unas horas ARENA dijo no reconocer los resultados de las elecciones e hizo un llamado a l pueblo y a las Fuerzas Armadas, a salir a las calles en señal de repudio. Luego tuvo que dar marcha atrás debido a la falta de apoyo popular. Y hace algún tiempo, aunque con pobres resultados, la derecha había movilizado a las damas de los barrios ricos, con manifestaciones “contra el hambre y la falta de alimentos provocada por el gobierno”.

El guión será probablemente muy similar al aplicado en Venezuela, con una mezcla de la escasez de alimentos debido en gran parte al acaparamiento de la empresa privada, aumento de la violencia callejera, ofensiva diplomática y financiera internacional, y por último, presión mediática. A propósito de medios de comunicación, aquí también el poder de los medios de comunicación está totalmente en manos de los poderes fácticos, con un control casi total de prensa, radio y TV. Solamente una anécdota: el cierre de la campaña del FMLN ha movilizado a cerca de 250.000 personas en la capital, pero los titulares de la prensa fueron dedicados a los escándalos relacionados con el fútbol.

En esta área, en contraste con muchos países del continente, el Gobierno ya ha admitido su impotencia,  declarando no poder  meter mano a la reforma  del sector, dada la falta de una mayoría parlamentaria.

LAS CONTRADICCIONES ABIERTAS

Fuera de los problemas “externos”, también hay muchas ambigüedades y contradicciones en el seno del propio gobierno. Entre ellas se encuentra la aprobación de la “Ley de Asocio Público-Privado” (APP), vista como una oportunidad para atraer la inversión para el desarrollo. Se oye el eco de las sirenas del “crecimiento económico” y de la “teoría de los dos tiempos” en que puede haber redistribución sólo en el segundo. Se recomienda “apretarse el cinturón” en la actualidad, para poder vivir mejor mañana. Es el conocido sermón de los sacerdotes del neoliberalismo, del Banco Mundial y del FMI. Sin embargo  resultó ser una falacia ilusoria. La realidad es que,  también aquí, se han incrementado las ganancias de las empresas, pero nunca se han redistribuido.

 En cuanto a la política exterior, pesa mucho la hipoteca de la firma de los Tratados de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos y con la Unión Europea, el primero firmado por los gobiernos de la derecha y el segundo por el anterior gobierno de Funes.

En el primer caso, los Estados Unidos han tomado como modelo el NAFTA (el TLC entre los EE.UU., Canadá y México del 1994) y hace tiempo el acuerdo es plenamente vigente. Por el contrario, en el caso del “Acuerdo de Asociación” entre la Unión Europea y América Central (CAFTA), los países centroamericanos han recibido una fuerte presión para la firma inmediata, mientras que aún falta la ratificación de muchos países europeos. Y de los tres pilares (comercial, político y de cooperación) oh casualidad, arrancó sólo el primero. Nada nuevo bajo el sol, para un TLC como siempre escrito directamente por los grupos de presión de las multinacionales europeas y hecho a la medida de sus necesidades.

Si la oligarquía tradicional ha perdido su capacidad hegemónica en el Estado y en la economía, son precisamente las multinacionales del sector financiero, las de la energía, telecomunicaciones, etc.., las que a través del TLC, empujan para adueñarse de la educación, de la salud, del sistema de pensiones, del agua y la agricultura. Y aunque no lo controlen directamente, sin duda las corporaciones tienen una influencia en el nuevo gobierno.

Otro tema polémico a escala continental es la presencia de El Salvador en calidad de observador en la “Alianza del Pacífico”, el acuerdo político-comercial de la derecha continental bajo los auspicios de EE.UU, acuerdo hecho para socavar la integración latinoamericana. Presencia apoyada por el gobierno anterior, pero en contradicción con las declaraciones paralelas a favor de la integración de la región, autónoma del gigante del Norte. A pesar de las relaciones de fuerza parlamentarias, que sin duda no son favorables, será difícil mantenerse neutral en el conflicto entre la Alianza del Pacífico y el ALBA (Alianza Bolivariana de los pueblos de Nuestra América), teniendo en cuenta también que el ALBA ha ayudado bastante a El Salvador

La desestabilización Internacional también tiene como actor secundario al gobierno de derecha de Honduras, que, con tonos agresivos recientemente sacudió el polvo de una vieja disputa territorial sobre la pequeña Isla Conejo,  en el Golfo de Fonseca sobre el Océano Pacífico.

Sin embargo hay también alguna buena noticia: con 56 votos a favor, el Parlamento acaba de aprobar la ratificación de la reforma del art. 63 de la Constitución, el cual establece el reconocimiento constitucional de los pueblos originarios en El Salvador.

 A la espera de las elecciones municipales y de las legislativas en marzo del 2015, estas son algunas de las luces y sombras de la realidad y del  debate sobre el modelo de desarrollo. Un modelo que afecta la vida de millones de salvadoreños  del “Pulgarcito de América” de Roque Dalton.