martes, 20 de mayo de 2014

Reflexiones sobre el asesinato de Carlos Mejía, de Radio Progreso

Por Lucy Edwards | PROAH

En la noche del viernes 11 de abril apuñalaron a muerte a Carlos Mejía Orellana, en su casa de El Progreso, Honduras. El rosario blanco que su madre le regaló este día se encontraba quebrado en el suelo de la sala de su casa. Ningún objeto de valor fue robado. Su carro Toyota Sedan, bien cuidado, permanecía en la cochera, con el alarma sonando. ¿Por qué asesinaron a Carlos? ¿Ha sido blanco por su trabajo en Radio Progreso?

Carlos era el mayor de los once hijos de Salvadora y Nicolás. La familia se mudó de una zona rural cerca de Ocotepeque hasta el norte del país, en la ciudad de El Progreso, en plena expansión, cuando Carlos tenía 8 o 9 años. Era un hombre empresarial, un trabajador inteligente y diligente que empezó a trabajar en la radio jesuita Radio Progreso a los veinte años, y finalmente se volvió director de la promoción y el marketing. Era un hombre tranquilo y pensativo, y sabía cómo llevar las cosas a cabo. Parecía que anticipaba las necesidades de las personas antes que éstas supieran que las tenían.

Su casa era bien construida y segura. Estaba atento a las salidas de emergencia. Una pared alta rodeaba la casa, con rejas grandes, y alambre apretado fuerte. Tenía un novio pero vivía solo con dos perros domesticados y amistosos, no formaban parte del plan de seguridad. Los adoraba y los mimaba. Eran sus compañeros.

Su trabajo en la radio lo llevó a la comunidad. Si bien se mostraba tímido en las reuniones sociales, Carlos no lo era cuando se trataba de la radio. Amaba su trabajo, vender publicidades y organizar eventos para promover la radio. Ocupaba también otros empleos fuera de la radio, todos aprobados por su supervisor, el sacerdote católico Ismael Moreno, conocido como Padre Melo. Carlos había dado clases de gestión y desde hace poco tiempo ayudaba a una radio comunitaria a despegar. Había comprado una lavadora a sus padres que todavía estaba envuelta en plástico en la cochera cuando le vine a visitar.

Carlos era uno de los dieciséis miembros de Radio Progreso para quien la Comisión Intermaricana de Derechos Humanos había dictado medidas cautelares. Los empleados de la radio habían recibido amenazas, y muchos de sus colegas periodistas en Honduras habían sido asesinados.

Las fuerzas armadas ocuparon los estudios de la radio durante el golpe de estado de 2009 y la policía rodeó la radio en otra ocasión.

En un país con niveles tan altos de corrupción, militarización, violencia e impunidad, Radio Progreso y el equipo de investigación jesuita ERIC (equípo de reflexión, investigación y comunicación) afiliado, constituyen una afirmación diaria irreprimible de la libertad de expresión, de creatividad, de valor en Honduras. Su trabajo desafía y planta directamente de cara a la corrupción y la impunidad.

¿Carlos fue blanco por su trabajo en la radio jesuita? Por ahora se puede solamente especular. Lo asesinaron en su casa, lo apuñalaron varias veces. Parece que hicieron posar su cuerpo. Parece que el asesino o los asesinos le quitaron la ropa para crear la ilusión que se trataba de un otro tipo de crimen. Pero nunca se volvió a encontrar la camisa que llevaba aquella noche. Alguien la llevó. Alguien llevó el puñal. Alguien salió por la puerta de enfrente y la verja de enfrente, dejándolos abiertos.

Parece que la persona que atacó a Carlos llegó a la casa con él, tal vez en el carro de Carlos. Comieron pollo y justo después Carlos fue atacado – quizás primero en la sala donde se quebró el rosario, y después asesinado en el cuarto donde luego le quitaron la ropa.

Como director de marketing, Carlos proporcionaba con su trabajo el capital financiero de la radio. Su muerte ha sido un golpe enorme para sus colegas y un golpe económico directo para la radio. Por ser homosexual, su asesino o sus asesinos pueden haber considerado su orientación sexual una vulnerabilidad a explotar. Alguien se ganó la confianza de Carlos, suficientemente para ser invitado en su casa y para matarlo.

En un informe publicado inmediatamente en un periódico en línea, la policía declaró que sospechaba que se tratara de un crimen pasional antes de haber conducido investigaciones. Nadie había investigado las amenazas contra el equípo de la radio y su director que empezaron en serio en 2010 y permanecieron como amenazas permanentes.

El 12 de abril los Congresistas de Estados Unidos, James P. McGovern (MA), Sam Farr (CA), and Janice D. Schakowsky (IL) declararon lo siguiente sobre el asesinato de Carlos Mejía Orellana en Honduras:

"Estamos espantados y muy afectados por la noticia del asesinato de Carlos Mejia Orellana, periodista y director de marketing de Radio Progreso en Honduras. Damos nuestro profundo pésame a los miembros de su familia, amigos y colegas. Pensamos y rezamos por ellos en este difícil momento.

Somos muy familiarizados con el importante trabajo de Radio Progreso, una radio comunitaria que es resultado del trabajo de los Jesuitas de la Provincia Centro Americana. Notamos que el director de Radio Progreso, Padre Ismael « Melo » Moreno, atestiguó ante el Congreso de Estados Unidos en la Comisión de Derechos Humanos de Tom Lantos y describió las permanentes amenazas de muerte y ataques perpetuados con impunidad contra periodistas en Honduras, inclusive contra Radio Progreso, sus empleados y su equipo de investigación, ERIC. 

Puesto el nivel de amenazas y violencia, inclusive asesinatos, dirigidos contra periodistas, los medios de comunicación y la libertad de expresión en Honduras, estamos consternados al ver que el gobierno de Honduras falló en implementar medidas cautelares para los empleados de Radio Progreso, como lo pidió la Comisión Interamericana de Derechos Humanos cuando, en cuatro diferentes ocasiones en los cinco últimos años, pronunció medidas cautelares para 16 miembros del equipo, inclusive Carlos Mejía Orellana, de Radio Progreso y ERIC. 

Estamos aun más preocupados por las declaraciones de la Policía que anunció que el Sr. Mejía Orellana fue asesinado por una persona de su entorno antes de que cualquier investigación haya empezado. Llamamos a las autoridades hondureñas a implementar inmediatamente las medidas cautelares para los empleados de Radio Progreso y el ERIC, y a llevar a cabo una investigación sobre el asesinato de Carlos Mejia Orellana para determinar quiénes son los autores intelectuales y materiales de este acto atroz y rendirle justicia en breve".