martes, 1 de abril de 2014

Un año de resistencia en Río Blanco (Honduras): Cuentan los pueblos que viven por el río

Por Melissa Cardoza

En memoria de Paula y Tomás

Contando historias,  los seres humanos entendemos y vamos hilando nuestras vidas o las deshilamos para volver a empezar.

En Honduras, país donde ir a la escuela o poner atención a los medios de información es refuncionalizar la ignorancia nacional como estrategia de dominio y extender la subordinación como un manto de vergüenza sobre todas nosotras, son los cuentos fuera de las instituciones los que más nos alumbran los pasos. La historia oficial es el relato único, blanqueado, insípido, machista y eficaz con el que dormita el pueblo de Honduras. 

Esa historia se acompaña de himnos nacionales, de colores y fiestas patrióticas, de fechas absurdas  y personajes masculinos racializados según la necesidad, pocas veces indígenas, casi nunca negros.

Los cuentos de los pueblos se transmiten bajo pinos y robles; en grupos que se juntan en las milpas, cañales, pulperías, cantinas,  alrededor de focos de mano o la fogata,  bajo los aleros de las casas comunales, ermitas, escuelas, capillas; en las cocinas que huelen a café y maíz, en la ocupación de la tierra, en la asamblea junto al río y en la fiesta local.  Ahí donde hay niñas y ancianos, hombres y jovencitas, mujeres que saben si va a llover o si está barato el tomate y dónde se puede refugiar la vida cuando la alcanza la violencia tan cotidiana para ellas. Estas historias se narran en las comunidades que hacen crecer las hijas, el maíz oscuro y los ayotes. En los barrios donde se protege la esperanza y resuenan las balas asesinas como sonido de películas que una quisiera no fueran ciertas. En todos los lugares donde suceden las lluvias y las noches estrelladas, los soles que pasan, donde se construyen las resistencias  a contramano de lo permitido.

Esos cuentos son los que hacen posible las luchas colectivas. Esas historias son mundos hechos, haciéndose y por imaginar, que viven de maíz, de sal, de deudas impagables, de amores diversos  y de sangre de gente que se juega la vida por su lucha que es por la vida.
Esta historia que narro es recuperada de las gentes que la hacen y no de libros ni voces profesionales. Es sobre una resistencia en particular, en una comunidad  indígena del pueblo lenca, cruzada en su territorio y emoción por el río Gualcarque, enorme y poderoso que atraviesa los siglos desde antes de que vinieran ellos  y que se ha convertido en objeto de avaricia de empresas nacionales y transnacionales para la producción de energía eléctrica que pretenden vender a buenos precios para sus millonarias  ganancias.

La historia sucede ahora. Está ocurriendo mientras leen este texto y aún no se han concluido  ahí todas las jornadas. La comunidad de Río Blanco, Intibucá, tiene años en esta lucha, pero este texto se reduce a contar algunas de las lecciones que hemos aprendido desde el primero de abril del año 2013, cuando bajo un roble, llamado el roblón, cientos de personas decidieron hacer una toma y evitar que su río fuera apresado y su voluntad común secuestrada. Han pasado nueve meses y la toma persiste.

Agradezco las palabras, el tiempo, las tortillas y sonrisas de Munda y su familia, de Chico y sus compañeros y compañeras de lucha, de Gloria y su modo de entender cómo se debe luchar y ganar, todas allá en la montaña rodeadas de asesinos y solidaridades. 

Mi reconocimiento feminista y cariño profundo a Bertha Cáceres y su inclaudicable cabellera, palabra y acción rebelde que comparte e inspira; y a quien ningún macho puede ya detener.

Este país

Se llama Honduras aunque pareciera impensable llamarse de ese modo, y es corazón geográfico de Centroamérica. Está en el centro de la región, es pequeño y lleno de bienes naturales lo cual le hace particularmente desgraciado ante los poderes neocoloniales: tiene costas, bosques, tierras, territorios, minerales, personas trabajadoras y petróleo. Su historia está marcada por ocupaciones de suelo, cuerpos,  mentes. En tiempos de la invasión española fue, al igual que otros, tierra de disputa colonial, suelo de batallas de resistencias indígenas que fueron perdedoras, pero que ahí continúan. Mestizado a fuerza de muerte, tiempo y programas escolares, en su territorio viven pueblos indígenas, garífunas, negros y mezclas de ellos con herencias españolas, sefarditas, turcas, asiáticas.

Sumisos sus gobiernos ante los imperios que dictaron impuestos y modos de vida desde que las costas fueron acercadas a la vieja Europa gracias a barcos, espadas y santos. País tributario de la corona española que tuvo en la Capitanía de Guatemala su representación más cercana, tributario del imperio mexicano que alcanzó las costas del país por un tiempo breve,  pero importante históricamente. Breves periodos colectivos dignos se asoman en su existencia, proyectos que como la patria grande de Francisco Morazán, aliento independista y centroamericanista son sueños borrados por la historia oficial, y que se van despertando cada tanto entre mucha de la necia gente de esta tierra que insiste en resistir,  pese a la más espantosa violencia de este siglo que lo hace hoy mismo el país con más  homicidios en el mundo.

Atribulado hasta más no poder por la explotación sistemática de patrones criollos, gachupines y norteamericanos sobre el pueblo trabajador  siempre fue el estado de Honduras, como lo son todos, una estructura para rendir beneficios a sus dueños bilingües, con enormes ganancias colaterales  a gobernantes, diputados, empresarios,  políticos de oficio, diplomáticos y  ricos de tradición corrupta. Lo sigue siendo. El periodo reformista del país que dio inicio a lo que se supone constituirían las burguesías nacionales de estas tierras centroamericanas  fue sostenido a partir de la explotación de minerales por grandes empresas norteamericanas, (aunque la historia de la extracción data del siglo XVI), y préstamos para un ferrocarril que nunca llegó. Desde entonces los bancos europeos y norteamericanos saben lo eficiente que son los intereses para acrecentar el dinero y lo barato que resulta comprar políticos y funcionarios públicos hondureños. 

En los años 20 del siglo pasado, Honduras fue básicamente “desarrollada” como una finca bananera de la UFCo (United Fruit Company), dueña y señora de quienes repartían los poderes y sus beneficios no sólo aquí sino en la región centroamericana, y también ejecutaban la muerte violenta contra los disidentes que organizaban sus oficios bajo pólvora, cárcel y exilio. Este desarrollismo siempre convivió con una enorme cultura campesina con tintes feudales que fuera herencia española de la encomienda donde los terratenientes podían, como aún lo hacen, poseer tierras, bienes naturales y mujeres por igual. 

La combinación empresas transnacionales, hombres en armas, deudas externas,  políticos corruptos y pueblo explotado es  histórica en la narración de este territorio. Ahora con el agregado del narcotráfico y sus dinámicas que encajan de manera apropiada en la realidad nacional. 

Así, más o menos, siguen siendo las coordenadas de esta nación.

Del otro lado un pueblo trabajador y explotado,  empobrecido hasta la ignominia, envuelto en olas de violencia entre sí, con un odio tan grande que se estrella sobre los cuerpos de las mujeres que son asesinadas en cantidades epidémicas (un femicidio cada 14 horas) un pueblo poco organizado para adentro, solidario con las causas de lucha regional, mediatizado por autoridades religiosas que se multiplican como los virus, sostenido colosalmente por su propia capacidad para sustentar la vida  donde las mujeres son las protagonistas invisibilizadas por excelencia, y con proyectos colectivos de difícil construcción por una cultura emocional y política basada en la desconfianza hacia los propios y la subordinación a los ajenos. 

Sin embargo, un pueblo con repetidos y dignos intentos por sacudir la opresión y  con algunas gestas que son un gran orgullo popular como la gran huelga bananera de 1954 que generó condiciones laborales dignas para la clase trabajadora, y en los últimos tiempos la movilización nacional llamada Resistencia Popular que se inicia como una fuerza contra el golpe de estado del año 2009 , pero que se plantea la Refundación Nacional como horizonte utópico que es con todas sus palabras un proceso que pretende la descolonización del país a favor de su gente. 

Lo que ahora llamamos neoliberalismo, que es otro nombre para ese colonialismo continuado,  arremetió después de ese golpe de estado que tuvo como  propósito   permitir sin tapujos la venta, alquiler o regalo de esta geografía a las empresas multinacionales. En ese reparto las más beneficiadas son las empresas extractivas en todas sus versiones y los megaproyectos de todo cuño, asociadas a los poderes que en Honduras se basan en la riqueza y la impunidad y son siempre las mismas pocas familias. Para hacer eso posible los marcos legales se fueron alejando brutalmente de la mínima justicia hacia las personas, y permitieron alfombrar el paso de los representantes de las corporaciones que pueden gozar legalmente de todas las prebendas, facilidades, permisos y ganancias inimaginables. Iniciativas legales que dan pie a proyectos como las ciudades modelo ahora llamadas zonas especiales de desarrollo,  que son territorios nacionales que funcionarían como otro estado dentro de Honduras, con leyes, policías, estructuras jurídicas y laborales autónomas, ilustran el uso y abuso de  lo jurídico contra la gente del país. Estos territorios son para la implementación de megaproyectos turísticos, maquileros y de cualquier otro giro financiero que sea rentable para los empresarios extranjeros.

En ese mismo tono encontramos que en el actual reglamento de la Ley de Minería se respalda al menos unas 280 concesiones mineras aprobadas por el régimen de Lobo Sosa, quien repite que es presidente porque dios así lo decidió, y que realiza esta acción en el marco de la controversial Ley de reconversión que permite a cualquier país o empresa quedarse con bienes estratégicos naturales a cambio de garantías por préstamos que serán puestos al servicio del pago de la exorbitante deuda interna de la nación. Otra información ilustrativa sobre el tema de las leyes contra los pueblos es que recientemente (mayo 2013) se aprobó la entrega de 35 mil kilómetros de plataforma continental para exploración y explotación petrolera a BG, empresa que no participó de licitación alguna. Esta aprobación fue hecha de inmediato en el congreso nacional tal como lo señalaba,  inclusive, la prensa derechista del país.

En  el año 2011 se llevó a cabo en este país un evento internacional llamado Honduras is open for bussines, al cual asistieron empresarios de más de setenta países, entre ellos Carlos Slim, el multimillonario mexicano, y el expresidente Uribe de Colombia. En este foro se puso en venta y alquiler todos los sectores de la economía del país y gran parte de su territorio para refrendar lo que ahora estamos viviendo como escenario de los conflictos territoriales. Se presentó como avance del régimen de Porfirio Lobo continuador del golpe de Estado, la ley del empleo por hora que es la iniciativa jurídica que ha colapsado las conquistas laborales del pueblo de Honduras, pues es un mecanismo que facilita la sobreexplotación de la mano de obra, precariza los salarios, desplaza el empleo permanente con todas sus condiciones laborales mínimas, y permite la eliminación de la organización sindical.

Que cómo se amarra todo esto para que funcione sin que pareciera tener oposición, pues fortaleciendo el  proceso de militarización en todo el territorio nacional y usando a favor de las empresas los medios de comunicación y las iglesias para trabajar con la conciencia de la gente. Porque oposición sí que hay, y no poca.

Después del golpe de estado el país hizo un retroceso total en la protección de los mínimos derechos humanos, en el que los más amenazados son los prioritarios, el de la vida misma, la organización social y la libre expresión. Sobre esto último las empresas que se dedican a la información y comunicación masiva están en manos, ¡oh sorpresa¡ de las mismas escasas familias que son accionistas de bancos, negocios, socios de empresas transnacionales, dueños de equipos de fútbol y fieles de las mismas iglesias. El circuito se cierra entre pocos para que no haya demasiado reparto de utilidades. Y para bendecir estas alianzas se alzan ante la feligresía excesiva de Honduras, país donde abunda la desesperación, personajes emblemáticos como Evelio Reyes, pastor evangélico de la iglesia Vida Abundante, poderosa iglesia que congrega a los sectores más ricos del país y a los más pobres en espacios separados,  y el cardenal Oscar Rodríguez, uno de los favoritos del actual Papa. Ambos, personajes políticos a favor de la oligarquía y sus poderes.

Con relación a la militarización, ésta se basa no sólo en las fuerzas regulares del ejército y la policía que se  han incrementado en los últimos años, sino en nuevas propuestas que acompañan las económicas: la policía militar que es un batallón élite creado recientemente con plenos poderes para actuar en las calles, blindada constitucionalmente el 7 de enero del 2014 en el Congreso Nacional por parte del actual presidente electo en las dudosas elecciones hondureñas. Este blindaje es tal debido a la gran oposición de muchos sectores políticos en contra de este cuerpo armado de plenos poderes,  agresivo, mezcla de policía y ejército, que se saca a la calle bajo el discurso de ofrecer seguridad al pueblo, en un contexto en donde se criminalizan las luchas sociales y se incrementa la ofensiva neoliberal como nunca antes en la historia nacional.

Por otro lado las crecientes empresas de seguridad privada, dependientes y vinculadas a personajes militares y funcionarios de los regímenes constituyen numéricamente fuerzas mayoritarias incluso ante los entes armados del Estado. Es obvio que tales fuerzas son para cuidar los privilegios de sus dueños, y para evitar todas las reacciones de reclamo, autodefensa y transformación de las relaciones de poder que han convertido a la gente de Honduras en un pueblo desesperado por la precariedad material y la represión. Estas fuerzas además funcionan combinadas como en el caso de Río Blanco.

Los lencas en Río Blanco

Doña Ceferina que ya tiene más de setenta años, dice que sus abuelos maternos nacieron aquí en  Río Blanco y que para entonces ya había gente en la comunidad, es decir que desde hace varios siglos esta población habita este territorio. Son pueblos lencas, aún cuando esta identidad ha sido casi totalmente arrancada desde hace mucho tiempo por la persecución de la cultura dominante. Los lencas, el pueblo indígena mayoritario cuando la invasión colonial  es una población ahora bastante mestizada y con pérdidas culturales importantes por ejemplo, su lengua. El lenca no existe como habla viva entre su gente.  Sin embargo, muchas otras características que son propias de esa cultura resisten, entre ellas la relación con los bienes de la naturaleza, la cosmovisión sobre el origen y cuido de las aguas y la tierra, las prácticas de la siembra, la medicina y la espiritualidad. 

Para el COPINH, organización de lucha de este pueblo, la recuperación de prácticas ancestrales para construir comunidad, para resolver problemas y enfrentar la vida es un eje de su acción política. Hasta hace poco, ejercicios de comunión con la tierra y sus ciclos como la compostura de la madre tierra tenían que practicarse en la clandestinidad, y muchos líderes religiosos católicos y evangélicos condenaban a sus practicantes llamándoles herejes, evidentemente estas ideas sagradas se oponen a las lógicas explotadoras del planeta. El racismo en estos casos es tan obvio que no necesita mayor explicación, sin embargo mucha de la cultura hondureña está cruzada por comentarios, pensamientos y prácticas racistas más o menos sutiles y populares.  Incluso, para líderes de movimientos sociales o partidos de la izquierda, el hecho de que un pueblo proteja sus ríos por razones de cosmovisión y espiritualidad contra una empresa transnacional que intenta generar energía hidroeléctrica es señal de atraso y falta de visión “progresista”.

Para los agentes armados que hostigan a la comunidad la agresión racista les es muy fácil, ellos todos hombres oscuros y pobres igual que los otros, se ensañan particularmente con las mujeres a quienes llaman indias puercas, tostadas, muertas de hambre. A los hombres les llaman plumudos, chucos, ignorantes. Hay que decir que una importante población que hace parte del ejército de Honduras proviene de estas comunidades porque es ahí donde regularmente se hacen los reclutamientos forzosos. Los lencas de Intibucá, La Paz y Lempira han sido en un gran número parte del ejército y de ellos se cuenta de su valor y arrojo como soldados.

Esta lucha

Los miembros y miembras de las comunidades de la zona norte de Intibucá exige a la empresa DESA que retiren su maquinaria y la construcción dando el plazo de 72 horas ya que ha sido un proyecto impuesto sin la consulta libre, previa e informada y han incumplido acuerdos firmados entre el copinh, las secretarías de estado y el presidente lobo sosa. Si a la vida y no a las represas. ¿Están de acuerdo? síiiiiiiiii

Podemos decir que con este ultimátum leído a personal de la empresa, nacionales y asiáticos, ahí bajo el sol y junto al que se volvería el mítico árbol de roble o roblón como le llaman con familiaridad,  y en una asamblea popular se puso en conocimiento al público de la decisión de la toma indefinida que las comunidades hacían sobre su propio espacio, para evitar el paso de la maquinaria que represaría el río Gualcarque. Esto inició el día primero de abril del año 2013, el proyecto había dado inicio años antes haciendo mediciones y construcciones de planteles de viviendas y mantenimiento de maquinaria, la empresa DESA, Desarrollos Energéticos S.A., obtuvo la concesión el 2010. Desde el día de ese ultimátum y con una decisión implacable, han acompañado a esta toma muchas otras acciones que en más de nueve meses se han creado y recreado.

Todas enmarcadas en lo que llaman ejercicio autónomo y control territorial comunitario, pacífico y enérgico. La conducción de este movimiento está a cargo de mujeres, niños y niñas, hombres del COPINH que se mantienen en una dinámica organizativa de 24 horas por siete días a la semana.

Un día cualquiera, ahora hace ya mucho tiempo, un helicóptero rompió el rumor del río Gualcarque, y la mirada de la comunidad que curiosa observó las maniobras. Desde la altura lanzaron cintas de medición, y de a poco empezaron a aparecer marcas y postes en las cercanías del río y donde se allanarían los pasos de las maquinarias. La gente no sabía bien qué pasaba, la empresa no daba explicaciones, pero alguien dijo que ahí harían una represa.  Al inicio, como cuenta la gente del COPINH, no sabían bien las implicaciones de un proyecto como ese ni en qué consistía, los empleados de la empresa no dieron explicaciones pero sí afirmaron que construirían carreteras y pondrían más cables para la electrificación. 

Las comunidades de Río Blanco tienen una precaria carretera que es un peligro para la seguridad personal, a la que si se le suma el agua que abunda en ese territorio se convierte en un paso prácticamente inaccesible. La empresa ofreció servicios de salud y mejoramiento de escuelas. Todo parecía bueno. Sin embargo, cuando la gente “despertó” y se dio cuenta de lo que era una represa, de lo que harían con el río y además vivió la malicia de los empresarios que nunca hicieron nada que no fuera para su beneficio, se alzaron y decidieron no permitir más este proyecto o lo que es igual acabar con él definitivamente. La organización comunitaria se fortaleció con cada gesto rebelde y encarnando los lineamientos del COPINH que se plantea como una organización de lucha contra el capitalismo, antipatriarcal y antirracista.

A la lucha se unieron personas de la comunidad de la Tejera y de otras aledañas, pero algunas de ellas se retiraron según el agotamiento o los intereses políticos y financieros que cambiaron de mano. La empresa compró gente común, políticos y periodistas, y el miedo y el cansancio se hicieron cargo de otros. Sin embargo una gran cantidad de familias se siguen sosteniendo en la convicción de que no permitirán represar el río, contaminar el aire y derrotar las milpas que volverán a crecer donde ahora hay material de asfalto. Conscientes son que las ganancias de esas empresas no tienen que ver con su forma de vida, que su descendencia vive de la tierra, el maicito y el agua del río, no de retroexcavadoras o cables de alta tensión.

Por esa razón y para sostener esta lucha la gente de Río Blanco sabe “hacerse un nudo”. Entre sus estrategias de resistencia están la siembra de  maíz colectivo, garantizar comida para toda la gente en lucha, tener asambleas permanentes donde se plantean y discuten decisiones hasta que son consensuadas, integrar con voz y acción a mujeres, hombres, niños y niñas de la comunidad y todos los movimientos sociales y personas que en solidaridad militante participan de sus espacios. Los copines y copinas, como se autonombran, actúan con decisión y en colectividad, con mecanismos de solidaridad entre sí, que es la manera que han encontrado  para “apartar el miedo”, son enérgicos y no negocian con la empresa, aún cuando ésta ha recurrido a intentos de soborno, ha utilizado a antiguos dirigentes de sus organizaciones para intentar convencerlos de que es una lucha perdida, y aunque les han perseguido y asesinado. 

El sentido de pertenencia que tienen a su espacio territorial y tierra, a sus formas de sostenibilidad de la vida que viene de antes, con sus abuelos y que es para después con sus hijos e hijas, les hace plantearse morir ahí antes que dejar que las empresas destruyan sus territorios.

Al igual que en Río Blanco, en otros espacios del territorio se libran estas luchas, que son afincadas en la tierra y las aguas, la defensa del bosque, el subsuelo y los cuerpos de las mujeres como territorio de disputa contra el patriarcado femicida. A partir del proceso de refundación que se ha planteado como la perspectiva política del movimiento social se han fortalecido estos movimientos como una de las maneras de construir lo que se llama el poder popular desde abajo. Al contrario, aunque muchas veces participando de los procesos políticos electorales, las discusiones de las plataformas movimientistas de Honduras coinciden que es urgente fortalecer las luchas territoriales y defender los bienes de la naturaleza para la gente, así como sus derechos humanos. 

Así lo hacen los pueblos garífunas en la costa norte del país, a través de la Organización Fraternal Negra de Honduras, OFRANEH, como también el Movimiento Amplio por la Dignidad y la Justicia (MADJ) en el tema minería, y las organizaciones feministas que como la CODEMUH, Colectiva de Mujeres Hondureñas enfrenta a las transnacionales maquileras, sólo para mencionar algunas  de estas luchas nacionales. 

Los daños empresariales

La empresa DESA ofreció el oro y el moro como suele suceder en casos similares a éste que se multiplican por  todo el territorio nacional. Lo que sí hizo fue dañar tierras de cultivo, puentes y caminos, y el tejido comunitario ya fragilizado por misioneros y políticos  dividiendo a las personas con dinero, engaños o privilegios ridículos. Los daños más sentidos para la gente de Río Blanco han sido las pérdidas de Paula Gómez y Tomás García, la primera murió en un accidente de carro mientras iban a un recorrido de reconocimiento territorial con autoridades del ministerio de las etnias; el segundo a manos de un soldado del ejército hondureño. También murieron dos bebés, uno en el vientre de Paula y la otra en el de Rosalinda, accidentada en esa misma circunstancia. De la compañera y el compañero se recuerdan muchas características personales y familiares, pero sobre todo su lealtad con la lucha contra la represa, Paula contribuía con sus haceres en las movilizaciones y acciones comunes, en la hornilla que hicieron las mujeres para calentar tortillas bajo el roble con las que acompañan las horas y meses que han transcurrido en ese lugar; Tomás era también parte de los turnos diurnos y nocturnos que no han dejado pasar las máquinas para la represa y era auxiliar de la comunidad, una autoridad comunitaria. Él siempre estaba en el roblón, nos dicen y hasta ahí llegaron muchas veces a ofrecerle dinero para que se fuera.

El 15 de julio, día que mataron a Tomás, él estaba formando parte de una movilización hacia el plantel donde exigían dialogar con los representantes de la empresa DESA, pero no fueron recibidos si no por el ejército y la policía. Junto a Tomás, su hijo Alan, también fue herido, al igual que otros compañeros suyos. El responsable de su muerte es un oficial llamado Kevin, del Batallón de Ingenieros que se localiza en la ciudad de Siguatepeque en el departamento de Comayagua, cercano a este territorio. Este militar fue apresado pero ahora se encuentra en libertad. Alan sobrevivió porque el cuerpo de su padre lo tiró al suelo, pero fue herido de gravedad.

También han intentado dañar judicialmente a líderes nacionales de la organización, y de hecho lo han logrado, particularmente con tres integrantes del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH) que han sido acusados de graves delitos. Se trata de Tomás Gómez, Aureliano Molina y Bertha Cáceres, coordinadora general de la organización quien ha declarado La persecución judicial es sólo una expresión de toda la persecución política en contra de COPINH y es una estrategia definida a nivel presidencial. Estamos conscientes de que con nuestra lucha, que es pacífica pero enérgica, nos enfrentamos a poderes grandes e influyentes. En su caso se le acusa de portación ilegal de armas en perjuicio de la seguridad interna del Estado de Honduras y  junto a sus dos compañeros de daños continuados, coacción y usurpación.  A ella le han dictado orden de captura, por lo tanto es perseguida política,  y a los dos hombres medidas sustitutivas. Igualmente se ha ordenado el desalojo a la toma de la comunidad. Los tres no pueden acercarse a la comunidad en resistencia a lo cual ellas y ellos responden: Doña Bertita las únicas armas que trae son las mantas del COPINH, en esta comunidad los que tienen armas están ahí en el plantel de DESA.

La lucha jurídica se está realizando con la defensa a cargo de abogados comprometidos con el movimiento, pero sobre todo con una enorme campaña de solidaridad que ha visibilizado la mentira y la injusticia de estos procedimientos judiciales.

Hace menos de un mes la policía vestida con pasamontañas y en un número de más de treinta entraron a las casas y espacios domésticos de dirigentes del movimiento de Río Blanco. Encontraron a mujeres, niñas, niños, jóvenes, pues los hombres estaban trabajando, lo cual por supuesto sabían. Golpearon un hijo del líder, un niño de catorce años, decían a las pequeñas que iban a cortarles la cabeza y las manos a sus mamás.

Cuentan:  

Vinieron encapuchados y con fusiles, con lanzagranadas y garrotes y se metieron a las casas buscando a Chico, donde está ese perro decían, y golpearon niños, dijeron que matarían a sus madres, y también a ellos. 

Le dijeron que no hiciera ni un gesto, que no se metieran con esos de la represa, y que no hicieran ni un gesto porque nosotros traemos orden de matar, le dijeron a él. 

Le dijeron a los niños levanten las manos, pero los niños no entendían que era eso y entonces les dijeron hagan caso y los encañonaron, los niños pequeños se asustaron, en la mente de ellos es que me iban a matar.

Le dijeron esta arma grande carga cien tiros y esta cincuenta dijeron, hacer una matazón aquí no cuesta, dijeron, llamar cien policías no cuesta y hacer una gran matazón. 

Es que ellos están lo quieren asustar a uno porque uno está en la lucha, porque han dicho que casa a casa van a desalojar a la gente.

El plantel de la empresa, puesto que está parada su labor, es ahora una base policial y militar, lo que muestra claramente que las empresas tienen el suficiente poder en el país como para movilizar permanentemente y por muchos meses estos efectivos. En su espacio conviven policías, ejército y guardias privados de seguridad. De manera frecuente los guardias del plantel disparan al aire cuando la gente de la comunidad pasa cerca hacia sus trabajos, y mientras cualquiera se baña en el río, cerca de donde están sus construcciones,  permanece vigilada y apuntada con armas largas.

La hostilidad contra la gente de esta comunidad es permanente, intencionada y agresiva y es evidente desde que el transporte público se acerca a su territorio, dos retenes policiales, por lo menos, hacen revisiones exhaustivas, piden documentos a la gente que saben vive ahí y a quiénes se notan van en acompañamiento solidario.

Las respuestas

Como  respuesta a estas agresiones el COPINH, en un comunicado público llama al Pueblo Lenca y demás Pueblos hermanos a redoblar la organización, la movilización, el control y levantamiento territorial, a la defensa y reivindicación de títulos legítimos del Pueblo Lenca, a la revitalización de nuestra espiritualidad ancestral y nuestras culturas vivas, a luchar contra todas las formas de dominación y violencia, a redoblar la unidad en acción, por la propuesta Refundacional, las resistencias múltiples y en diversidad y la articulación como tareas prioritarias para el movimiento indígena, negro, popular y antipatriarcal.

La comunidad tiene muchos planes para este año que empieza. Pronto estarán construyendo un centro de capacitación donde desarrollar actividades organizadas de conciencia y movilización, donde recibir también a quienes llegamos a aprender de sus fuerzas y modos de resistir, y a contar los nuestros. Continúan sus procesos asamblearios, articulaciones nacionales, procesos de capacitación y comunicación, movilización y lucha jurídica. Y sobre todo, continúan sosteniéndose unas a otros en la vida diaria que hace posible sostener todo lo demás.

Río Blanco es un ejemplo de lucha porque también ha hecho suya la autodefensa comunitaria en un contexto en el cual nuestros propios discursos de oposición tienen miedo a esta palabra y práctica. La gente de Río Blanco hace lo que tiene que hacer, defender su vida que  es el río, la tierra, la infancia y sabe que con los empresarios armados no se hará en mesas negociadoras con mediadores que tienen pagados sus salarios por las empresas. Su fuerza reside en el valor colectivo y la decisión, pero también en poner el cuerpo dispuesto a enfrentar la agresión con las herramientas de las que puedan disponer. 

Mire, nos decía un entrevistado, los soldados parecen valientes así armados, pero no lo son tanto, nosotros les hemos dicho, sí, ustedes nos pueden matar, pero tengan claro que ustedes también son gente y se pueden morir. Cuando hay una amenaza de agresión tocan una pitoreta o trompeta de  plástico y en minutos se reúne una gran cantidad de personas, todas tienen su machete que es herramienta de trabajo y del cual no se separan, y juntos y juntas caminan con energía hasta donde puede estar la agresión, usan su voz, sus gritos lencas, y su paso firme. 

En los últimos años en muchos espacios políticos colectivos como el frente nacional de resistencia popular se han buscado todos los  mecanismos para evitar el uso de la fuerza organizada contra los opresores y se ha consolidado un movimiento que se asume como no violento. Las feministas desde nuestros movimientos también hemos insistido en negar la guerra patriarcal como la vía para el cambio, en no darle razón ética y esto es un eje crucial de nuestro movimiento;  sin embargo en ambos casos también nos encontramos con que hemos ido atestiguando el aumento de nuestras muertas,  llenándonos de impotencia, rabia y dolor por intentar razonar con asesinos la vida de nuestras compañeras y compañeros.

Río Blanco es una escuela también por esta experiencia, no han matado a nadie, no han ido a amenazar a nadie y sin embargo tienen claro el derecho a defenderse, les parece natural y evidente, tal como lo establece hasta la retórica carta fundacional de las naciones unidas que seguramente no les interesa. La defensa ante la opresión y la agresión es legítima dice ese documento,  y Río Blanco nos muestra esa ruta cerrándole la boca a quienes piensan que tal ejercicio sólo se hace con las balas y con la violencia por horizonte ético.

Cuentan las gentes que el agua del Gualcarque es la vida de esa comunidad, pues da de beber a muchos seres y hace fértil la tierra. Pero además nos narran como en sus aguas residen las niñas espíritus que son  protectoras del pueblo lenca junto a otros  animalitos, seres inanimados, ancestros encarnados o no que custodian la vida de sus comunidades con mucha armonía y sacralidad desde hace siglos; saben también que la vida es un acto de reciprocidad y el cuido no puede llegar de un solo lado, que son responsables de esas niñas espíritus y de esos animalitos. La resistencia de Río Blanco es una lucha histórica para el pueblo de Honduras y para otros pueblos del mundo. Con sus acciones han logrado mantener fuera de circulación la acción depredadora de esta empresa y echaron del territorio a los funcionarios y empleados de SYNOHIDRO  quien al cierre de este artículo ha enviado una carta oficial notificando que sale definitivamente del proyecto. Igualmente el Banco Mundial financista del proyecto ha expresado su retiro del mismo.

Repetimos que sus armas son  una tremenda fuerza colectiva, una terquedad inamovible, la claridad de que les asiste la razón legítima e histórica de su pueblo y un valor a prueba de fusiles del ejército, pistolas de policías y sicarios, el atropello del sistema judicial que los criminaliza y persigue, y una alucinante campaña mediática. Esta resistencia va a continuar hasta sacar a la represa, porque aseguran nosotras somos de aquí, los que se deben ir son ellos.

Nota final. Al cierre de  este artículo ( febrero 2014) hemos recibido la feliz noticia de que los recursos contra Berta Cáceres, Tomás Membreño y Aureliano Molina han sido sobreseído temporalmente, también la orden de desalojo de la toma. Imaginamos que el duende protector del Gualcarque estará observando cómo el agua rompe con fuerza la tarde y se lleva entre sus brazos unos tubos, unas láminas, basura empresarial que el tiempo dejará para la memoria.