viernes, 11 de abril de 2014

Quince notas sobre la realidad de Venezuela

Manipulación mediática Foto ciudadccs.info
Por César Villalona | Verdad Digital

La derecha mundial tiene 15 años diciendo que en Venezuela no hay democracia ni libertad de expresión. Para la derecha, que no concibe el poder del pueblo, la democracia se limita a hacer elecciones que ganan sus partidos y la libertad de expresión consiste en tolerar a ciertos grupos de oposición, mientras ella controla lo esencial de la superestructura política e ideológica. 


En Venezuela, donde gobierna la izquierda, se han realizado 19 elecciones en 15 años y hay 19 partidos de derecha agrupados en la Mesa de Unidad que tienen 65 representantes en el Congreso (de un total de 165), 3 gobernadores elegidos por el pueblo y miles de representante en los consejos municipales. Esos partidos cuentan con el respaldo de la prensa de la oligarquía, que controla el 80% de los periódicos de circulación nacional, el 80% de las frecuencias de radio y casi la mitad de los canales de televisión.

De acuerdo a esa información, que conoce toda persona interesada en los asuntos de Venezuela, en ese país hay mucha democracia y libertad de expresión, pues abundan los procesos electorales (reconocidos como limpios hasta por los enemigos del proceso revolucionario) y la derecha sigue controlando los principales medios de lucha política-ideológica. Y nos referimos al propio concepto de democracia que emplea la derecha.

Si hay un país donde a la derecha le sobran los partidos y los medios de comunicación es Venezuela. Es tanta su posibilidad de actuar en política, que la propia Constitución surgida de la revolución y aprobada por el pueblo le permite hacer referéndums revocatorios para intentar destituir a las personas electas cuando vayan a mitad de su período, mecanismo de participación que no existía cuando ella gobernaba y que no existe en el mundo capitalista. Y a pesar de tantos espacios políticos y de los enormes recursos y medios con que cuenta, la derecha venezolana ha perdido 18 de las 19 elecciones realizadas durante la revolución. Sin embargo, como ella no acepta sus derrotas, dice que en Venezuela no hay democracia, o sea, que las decisiones del pueblo no tienen validez.

En Estados Unidos, país modelo de la derecha internacional, los grupos de poder económico, que son los que mandan, solo necesitan dos partidos para gobernar, el Demócrata y el Republicano, y la izquierda no tiene poder en el Estado ni medios de comunicación que les permitan competir con la derecha. O sea, que mientras el gobierno revolucionario de Venezuela enfrenta a una fuerte oposición de derecha, con peso en el Estado, mucho dinero y abundantes medios de comunicación, el gobierno derechista de Estados Unidos no tiene que lidiar con una oposición de izquierda, pues en ese país la izquierda es muy débil. Entonces, si la libertad consiste en convivir con la oposición, como dice la derecha, en Venezuela hay mucha libertad y en Estados Unidos no existe, pues oposición prácticamente no hay.

Lo que ocurre en Estados Unidos sucede igualmente en la mayoría de países capitalistas, donde la democracia consiste en que el pueblo vota para que gobierno un partido de derecha o para relevarlo por otro igual en la conducción del Estado. Y si algún día resultara ganador un partido de izquierda, la derecha dirá que terminó la democracia, como dice de Venezuela. De manera que hay que acostumbrase a ese pleito aparentemente conceptual, pero que refleja la lucha de clases a escala internacional.

Tras acumular tantos reveses electorales, la derecha venezolana, o una parte de ella, la más furibunda, perdió la serenidad y lanzó a sus bases a las calles para hacer desórdenes. Durante tres semanas, jóvenes de capas medias e hijos de ricos de los municipios del este del Distrito Metropolitano de Caracas (conformado por cinco municipios), obstruyeron el tránsito, apedrearon autobuses privados, atacaron oficinas públicas y quemaron llantas y basura. Ninguno demanda mejoría en sus condiciones de vida, pues eso no lo necesitan, y todos piden que el gobierno renuncie. O sea, demandan que las personas elegidas por el pueblo abandonen sus cargos, no por medio de los referéndums, como establece la Constitución que la derecha dice respetar, sino por acción voluntaria y para satisfacer un capricho de las familias pudientes.

Los medios de prensa de la derecha mundial muestran las acciones de la oposición venezolana como si se tratara de una rebelión nacional, cuando las mismas de concentran en algunos puntos del Estado de Tachira y en algunas colonias ricas de la zona oriental del Distrito Metropolitano de Caracas, donde vive el 35% de la población. En el norte, el centro, el oeste y la mayor parte del sur, donde vive el otro 65% de la población, no hay desórdenes.

Cuando se desataron los hechos violentos, la policía, en un hecho todavía confuso, disparó y mató a dos personas. El gobierno destituyó al Jefe de la Policía y a decenas de sus miembros e inició una investigación sobre lo ocurrido. Las demás personas fallecidas, 34 en total, no son víctimas de las acciones del gobierno, sino de la oposición. Y muchas de ellas respaldaban la revolución. Además, el gobierno, si bien trata de poner orden, como es su responsabilidad, no arremete contra la gente opositora y le pidió a quienes lo respaldan que realicen actividades artísticas en las plazas y parques, para aislar a los revoltosos de la derecha. Todavía se mantienen pequeñas barricadas en algunas colonias de ricos y de sectores medios, sin que la policía intente desactivarlas. Porque si algo quiere la oposición es que el gobierno haga una matanza, para justificar su política y debilitar al gobierno en el exterior.

La derecha mundial ha montado una campaña contra la revolución con una lógica arrevesada. Dice que Venezuela está al borde de una guerra civil y al mismo tiempo habla de falta de libertades en un país donde quienes odian al gobierno tienen las herramientas legales para hacerle oposición y hasta desplazarlo por la vía electoral a mitad de período, si logran la aceptación de la mayoría de la población. Pero el gobierno de Venezuela ha sido respaldada por todos los gobiernos de América Latina, salvo el de Panamá, que está al servicio de Estados Unidos. Además, la UNASUR ha mandado observadores que han verificado las malas acciones de la derecha y el respaldo masivo del pueblo a las acciones pacíficas del gobierno.

Quienes han destruido bienes públicos y privados y obstruido la movilidad de personas hacia sus centros de trabajo y hacia sus hogares, no representan ni a la mayoría de la oposición, es decir, no son mayoría ni en la minoría. La posible guerra civil en Venezuela solo está en los medios de prensa de Europa, Estados Unidos y otras naciones y en las cabezas de quienes creen en esos medios. Y la impunidad con que actúan los sectores acomodados muestra que tienen libertad hasta para extralimitarse cobardemente, pues saben que el gobierno los tolera para evitar que se acreciente la campaña de descrédito en el exterior. En cualquier país de Europa habría miles de personas apresadas por la mitad de lo que han hecho muchos de la oposición venezolana.

En 15 años de revolución, Venezuela redujo la pobreza en un 60% y mejoró sustancialmente la salud y la educación del pueblo. Los avances en todos los aspectos de la vida social y política son enormes. Pero quienes perdieron privilegios procuran retornar al poder. Y aunque la revolución les garantiza espacios de lucha en el marco de la Constitución, parece que no aguantan más reveses electorales y decidieron desestabilizar el país para que el gobierno no aplique dos medidas fundamentales para estabilizar la economía: el control de las ganancias de los comerciantes y de las divisas generadas por la empresa petrolera del Estado y devoradas por la oligarquía importadora. Para la oposición, detener esas medidas es la tarea del momento, pues acaparando bienes y creando malestar económico genera malestar político. Y como ya se le dificulta hacerlo por medios legales, retomó el camino de la ilegalidad.

La derecha se ha vuelto a desajustar de mala manera. Ya lo hizo en el año 2002, cuando dio el Golpe de Estado y realizó un paro petrolero y empresarial, y en el 2005, cuando no participó en las elecciones para el Congreso. Tras esos fracasos, comenzó a transitar por el camino de la legalidad, pero ahora parece que ésta no le sirve y volvió a las malas andanzas.

Ni el contexto nacional ni el internacional le ayudan a la derecha. Internamente la revolución tiene el respaldo de la mayoría y puede avanzar si hace las reformas que se necesitan, y en el plano internacional el principal sostén de la derecha, que es el gobierno de Estados Unidos, no tiene el poder de hace diez años, y en América Latina la izquierda tiene más poder que en el año 2002, cuando Chávez fue derrocado por dos días.

En Venezuela no está en riesgo la democracia popular. La mayoría de la población respalda al gobierno y rechaza la violencia de la derecha, que tiene suficientes medios para expresarse y actuar en la vida política. Es la derecha la que debe decidir si se ajusta o no al marco constitucional establecido por el pueblo, es decir, si retorna a la vía legal o continúa haciendo desórdenes en las calles. En cualquier caso, las fuerzas de la revolución deben salir victoriosas de esta nueva batalla.