lunes, 13 de enero de 2014

Malvinas Argentinas, la sombra negra de Monsanto

Foto Ivana Viano
Se frenó megaproyecto de la transnacional

Por Daniel Gatti | Rel-UITA

La localidad de Malvinas Argentinas, en la provincia argentina de Córdoba, se ha convertido para la transnacional Monsanto en un equivalente a lo que el pueblito galo de Astérix era para los romanos en la historieta de Goscinny y Uderzo: una aldea inexpugnable.

El 7 de enero, atendiendo un recurso de amparo presentado por organizaciones ecologistas y vecinos de la localidad, un tribunal cordobés, la Sala Segunda de la Cámara del Trabajo, ordenó paralizar la construcción de una planta de la empresa de los transgénicos por antonomasia, hasta tanto la corporación entregue un estudio de impacto ambiental en buena y debida forma.

En esa fábrica, que se prevé tenga una capacidad de alrededor de 60 mil toneladas anuales y ocupe una superficie de 30 hectáreas, Monsanto proyecta producir biocombustibles y procesar semillas transgénicas. Sería, según la corporación, la planta secadora de semillas de maíz (genéticamente modificado) más grande del mundo.

La construcción ya había sido autorizada por la municipalidad de Malvinas Argentinas, a la que el fallo judicial ordena ahora “abstenerse” de cualquier iniciativa hasta que la transnacional presente el informe solicitado.

El predio está bloqueado desde el 18 de septiembre pasado por integrantes de las asociaciones Malvinas Lucha por la Vida y Madres de Barrio Ituzaingó y por vecinos autoconvocados, que acampan en el área para impedir el pasaje de camiones con material de construcción.

La patotería transgénica

A fines de noviembre, los acampantes fueron agredidos por una patota -aparentemente integrada por algunos trabajadores contratados por Monsanto- con el fin de forzar el paso de los camiones.

“Fue muy bravo eso. Primero les pegaron a las mujeres. Después quemaron todo, robaron comida, ropa, celulares. Entraron siete u ocho camiones. Ese fue el operativo”, dijo al semanario uruguayo Brecha el periodista argentino Oscar di Vincensi, presente ese día. “La policía terminó tirándoles balas de goma a los asambleístas y no detuvo a ninguno de los agresores”, agregó.

Paradoja de la historia: en un comunicado difundido esta semana en el que anuncia su intención de apelar el fallo del tribunal cordobés y sostiene que ya tiene listo su estudio de impacto ambiental, la transnacional acusa a los vecinos y asociaciones que se oponen a su proyecto de “extremistas” ,y de “ejercer violencia y desoír sistemáticamente las decisiones judiciales”.

Una mayoría pide plebiscito

Una investigación de la Universidad Nacional de Córdoba, la Universidad Católica y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología difundida en abril pasado concluyó que nueve de cada diez habitantes de Malvinas Argentinas son favorables a la realización de un plebiscito en la localidad para determinar si la planta se construye o no.

El mismo trabajo adelantaba que al menos 53 por ciento de los habitantes se oponían a la obra, mientras dos meses antes la consultora Sicchar establecía que la instalación de la planta era rechazada por 63,2 por ciento de mil personas consultadas.

En noviembre, las universidades de Río Cuarto, Córdoba y Católica habían fustigado a la municipalidad del lugar por autorizar la obra sin un estudio de impacto ambiental serio y sin haber realizado las audiencias públicas que determina la Ley General del Ambiente.

Hasta el momento en que la obra se paralizó, hace tres meses, cerca de la mitad de la planta proyectada estaba construida, contando silos, caminos, generadores de energía y una torre.
“Si se construye va a ser terrible para los habitantes de esta pequeña ciudad. Los 260 silos que se planea levantar en el predio para tratar a las semillas necesitarán de cantidades enormes de agroquímicos, y ya sabemos lo que significan esos tóxicos para la salud de la gente y para el ambiente”, comentó semanas atrás Sofía Gatica, integrante de Madres del Barrio Ituzaingó.

Esa asociación cordobesa fue la primera, en colaboración con un equipo universitario, en probar los efectos de los agrotóxicos sobre la salud de las personas.

En 1999, una beba de Gatica de apenas tres días murió por una enfermedad en los riñones. “Apenas falleció mi niña me puse a averiguar las causas de su muerte y a poco de andar logré saber que en la misma localidad de Ituzaingó había muchísimas personas enfermas, incluso de cáncer, y nadie sabía por qué”. Ituzaingó, un poblado de poco más de 6.000 habitantes, está rodeado de campos de soja “fumigados, casi sin control, con agrotóxicos”.

Gatica logró reunir a una veintena de madres de niños enfermos de la localidad. La asociación que surgió de esa colaboración recorre desde entonces Argentina para “crear conciencia sobre las consecuencias del uso indiscriminado de agrotóxicos asociados a la producción de determinados cultivos”.

La solidaridad con los acampantes

Los acampantes anti Monsanto de Malvinas Argentinas han recibido la solidaridad de asociaciones de otras partes del país movilizadas por causas similares.

Semanas atrás les llegó una carpa de 15 metros enviada por la asamblea de Famatina, una localidad de la provincia de La Rioja que logró frenar una explotación minera de la transnacional Barrick Gold tras año y medio de resistencia.

También los visitó el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel y más recientemente el músico francés Manu Chao.

Para Di Vincensi, esas muestras de solidaridad contribuyeron para que la experiencia de Malvinas Argentinas trascendiera a nivel nacional.

Después de todo, señalaba el periodista, se trata “del primer acampe en el mundo que logró frenar a Monsanto”. No es poco.

Rel-UITA