jueves, 2 de enero de 2014

El peligroso trabajo de la Fiscal General en Guatemala

Prensa Latina
Por Randy Saborit Mora | Prensa Latina

Humildad y ternura transpira la Fiscal General de Guatemala, Claudia Paz y Paz, una mujer que tiene sobre sus hombros una peligrosa responsabilidad: enviar a la cárcel a quienes infrinjan la Ley, ya sean narcotraficantes, exmilitares o delincuentes comunes.

Durante casi 25 minutos, Prensa Latina pudo interactuar con una de las candidatas al Nobel de la Paz en 2013, quien ríe con frecuencia y a veces está al borde del llanto cuando se le pregunta, por ejemplo, qué le salva el día después de una sobrecargada jornada.

Mi hijo, respondió. Aseguró, casi en un suspiro, que sintió muchísimo cariño de la gente cuando su Joaquín fue intervenido quirúrgicamente del cerebro en enero de 2012. Indagué cómo estaba. “Bien, gracias a Dios”.

Para esta dama, la primera en Guatemala en asumir para un período de cuatro años al frente del Ministerio Público, la Justicia se define en su diccionario personal como la que actúa respetando la igualdad, independientemente de quien sea.

Después de pensar un instante, conceptualizó que Valentía es la capacidad de sobreponerse al temor, mientras consideró al Poder como algo que debe ser controlado. Para ella Trabajo es “uff, esfuerzo diario”. En ese instante rompió en risas, aunque aludía a lo más serio del mundo.

Reveló, también risueña, que se esfuerza por ser una soñadora como su padre y perseverante al estilo de la madre.

Consultada sobre los resultados de su gestión desde diciembre de 2010 hasta la fecha, aseveró que en estos tres años han avanzado en el combate de la criminalidad organizada, en especial contra el narcotráfico.

“Hemos logrado detener, para extradición, a varios de los más grandes capos y también hemos juzgado acá en Guatemala”, subrayó.

Específicamente en el enfrentamiento a la violencia contra la mujer, ¿cómo han avanzado?
“En este tema hemos creado modelos de atención integral, que en 2010 solo existían en Ciudad Guatemala. En 2011 llegamos hasta Villa Nueva (municipio colindante con esta capital), en 2012 hasta Huehuetenango, Alta Verapaz y Escuintla; y este año hasta Quetzaltenango, Chimaltenango y Chiquimula”.

“Ya contamos con agencias especializadas en Petén, Jalapa y Jutiapa. Los lugares que he mencionado son donde existe un alto índice de violencia contra las mujeres. Es una prioridad poderles atender porque ese delito es el más denunciado a nivel nacional”.

¿Qué tendría que decirles a quienes afirman que pese a la disminución en las cifras de asesinatos y femicidios, la percepción de inseguridad aún persiste en la población guatemalteca?


“En realidad creo que se ha aumentado la confianza en la Justicia. Hay mayores índices de denuncia en ciertos delitos, por ejemplo en violencia contra las mujeres. Hay mucho camino por recorrer en materia de seguridad, pero sí se ha avanzado en el esclarecimiento de hechos violentos”.

¿Qué porcentaje de los crímenes cometidos hoy en Guatemala quedan sin resolver?

“Hemos pasado de un 95 por ciento de delitos contra la vida sin esclarecer a un 70, es decir, hemos transitado de un cinco a un 30 por ciento de casos resueltos”.

¿Cómo valora el trabajo desempeñado por la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig)?

“La colaboración de la Cicig ha sido fundamental. En 2007, cuando se estableció, había mucha desconfianza y descrédito del sistema de administración de Justicia. Estaba esa cifra del 95 por ciento de impunidad”.

“Desde entonces para acá se ha avanzado en tener procesos transparentes para la elección de funcionarios en puestos claves, como en el esclarecimiento de crímenes complejos y ha trasladado al Ministerio Público metodologías importantes para combatir el crimen organizado y ha ayudado en el fortalecimiento de nuestra Dirección de Análisis”.

¿Considera que Guatemala estará en condiciones en septiembre de 2015 para enfrentar la impunidad sin la presencia de la Cicig?

“Creo que Guatemala ha avanzado mucho. Estos años han sido cruciales para el fortalecimiento del sistema de Justicia. Pero no podría evaluar de aquí al 2015 cuáles serían las condiciones”.

“Lo que sí puedo sostener es que hay que trabajar para que el sistema de Justicia sea capaz cada vez más de caminar en el sendero de la lucha contra la impunidad”.

En el almanaque de Claudia Paz y Paz, ¿qué relevancia tiene el 10 de mayo de 2013?


“Ese día se dictó sentencia en el caso de genocidio (contra el exgeneral Efraín Ríos Montt), aunque lamentablemente fue anulada días después por la Corte de Constitucionalidad”.

¿Cómo valora la anulación del juicio contra Ríos Montt por parte de la Corte de Constitucionalidad?

“Como fiscales no la compartimos. Consideramos que utilizamos todos los recursos en nuestras manos para impugnarla, pero la respetamos”.

¿Qué perspectivas ve en la resolución del caso Ríos Montt, cuando aún está pendiente un pronunciamiento de la Sala Primera de la Corte de Apelaciones?


“Hay un número elevado de otros recursos que están dando vueltas sobre ese tema, además del que permanece por resolverse en la Sala Primera. El juicio lo programaron para enero de 2015″.

¿Cómo valoraría que se resolviera este caso?
“Para nosotros, como Ministerio Público, es muy importante resolverlo. Pero también es un buen ejemplo para saber cómo se hace abuso de los recursos de defensa a fin de retardar los procesos”.

¿Tomar decisiones como Fiscal de General le ha ganado enemigos?

“Sin dudas, el ejercicio de la acción y persecución penal, que es nuestro trabajo, traerá simpatías para las personas que han sido víctimas, si se esclarecen sus casos”.

“Probablemente las que sufran el poder penal, a veces no lo comprenderán como un puro ejercicio de la Ley y del Estado de Derecho. Son temas que van con el cargo”.

¿Qué le quita el sueño a Claudia Paz y Paz?

“Creo que hay una gran responsabilidad sobre mis hombros de cumplir a cabalidad con lo que me exige la Ley: cumplir como institución con nuestro mandato de defender adecuadamente a las víctimas, y que mis compañeros fiscales hagan su trabajo, que sin dudas tiene riesgos, con los necesarios niveles de seguridad”.

¿Qué precio tiene que pagar cada día por estar en un puesto como este?


“Siempre son opciones personales. Es una decisión de asumir un desafío y de ejercer una función pública, que conlleva, como otras, ciertos riesgos. Hay que tener paciencia con los riesgos que conlleva, y tomar ciertas medidas de seguridad necesarias”.

Usted ha ejercido la docencia. ¿Es de las profesoras que aprende de los estudiantes?


“Siempre, siempre se aprende”.

¿Qué enseñanzas recuerda de sus alumnos?

“Siempre las preguntas obligan a estudiar, hacen pensar que las cosas se pueden ver desde varios puntos de vista, sin que exista solo una forma de comprenderlas. Si se logra que la clase no sea un monólogo, sino un diálogo con los alumnos, se puede construir entre todos una manera de entender las cosas”.

¿Cómo describiría un día normal en la vida de Claudia Paz y Paz?


“Desayuno con la familia. Vengo muy temprano al Ministerio Público. Muchas reuniones internas y externas. Y (se ríe) termino en la noche muchas veces cansada”.

¿Le alcanza el tiempo a la Fiscal General para leer un libro de temáticas diferentes a su contenido de trabajo?

“No como quisiera”.

¿Cuáles son sus libros de cabecera?


“Hay uno que me dio a leer mi papá, cuando era niña, que se llama Matar a un Ruiseñor, de la escritora estadounidense Harper Lee. La historia versa sobre una niña, que tiene un papá abogado. Ese texto me encanta”.

Paz y Paz confesó que la mayor sorpresa recibida al ocupar el cargo fue conocer de la existencia de funcionarios y funcionarias honorables, de carrera, con muchísimos años de trabajar en la institución.

“La mayoría de ellos merecerían una estatua y confiaría en que se lo han ganado. Muchas veces hacen su trabajo de forma anónima. Quien recibe los méritos por el buen hacer de la institución soy yo, pero detrás está la labor de muchos hombres y mujeres”.

Coherente con esta respuesta, sostuvo que la nominación al Nobel de la Paz fue un gran honor, que apoya su desempeño, pero también el de sus compañeros y compañeras.

Fuente: Prensa Latina