domingo, 24 de noviembre de 2013

Honduras va a las urnas más violenta y pobre desde el golpe contra Zelaya

EFE
Electores deberán decidir entre candidatura oficialista de Juan Orlando Hernández o la opositora Xiomara Castro

Por Giorgio Trucchi | Opera Mundi

El pueblo hondureño se prepara para escribir otro capítulo de su atormentada historia este 24 de noviembre. Hace cuatro años, el entonces presidente Manuel Zelaya fue sacado de su casa a punta de balas por militares, montado a un avión y enviado en pijama hacia la vecina Costa Rica. Era el comienzo de una crisis político-institucional, económica y social que ha repercutido en toda América Latina, cuyos efectos han venido caracterizando y hasta moldeando el actual proceso electoral.

Honduras se presenta en estas elecciones generales 2013 en condiciones de alarmante fragilidad. Además de tener el más alto índice per cápita de homicidios a nivel mundial y el 80% de los 20 homicidios diarios impunes, la nación centroamericana se encuentra con una institucionalidad fuertemente debilitada  y penetrada por el narcotráfico y el crimen organizado. La crisis económica y el enorme déficit público han llevado Honduras al borde del abismo y muy cerca de ser considerado un Estado fallido.

Los efectos del golpe de 2009 han sacudido profundamente los estratos más empobrecidos de la sociedad hondureña, agrandando la brecha entre ricos y pobres y empujando inmisericordiosamente  los sectores de clase media hacia la pobreza. De acuerdo con datos de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), 5.5 millones de personas están en situación de pobreza -67 por ciento de la población-, 3.8 millones de las cuales en pobreza extrema.
   
Uno de los temas más alarmantes que han caracterizado estos últimos cuatro años ha sido el de los derechos humanos. Según la recién constituida Mesa de Análisis sobre la Situación de Derechos Humanos antes, durante y después de las Elecciones, Honduras estaría viviendo “un estado de emergencia nacional en materia de derechos humanos, en medio de un contexto de creciente militarización de la sociedad, donde los sectores políticos y sociales que se han opuesto al golpe están siendo perseguido y reprimidos”.

Esta misma preocupación fue compartida por varios senadores norteamericanos, quienes, en más de una ocasión, han expresado públicamente su rechazo a los ataques, en algunos casos mortales, perpetrados contra defensores y defensoras de derechos humanos, así como a miembros y militantes de partidos políticos. También exigieron a las autoridades hondureñas “velar por un proceso electoral libre, justo y transparente”, y abogaron ante el Departamento de Estado de su país por una observación “absolutamente imparcial”.

Proceso electoral

Pese a las difíciles situaciones en que se encuentra la nación centroamericana de cara a los comicios electorales de este domingo, es indudable que la crisis generada por el golpe de Estado ha puesto en marcha procesos totalmente inesperados.

Por primera vez en la historia de Honduras, 5.4 millones de hondureños podrán escoger entre nueve fuerzas políticas y siete candidatos y una candidata presidencial,  para elegir un Presidente de la República y sus tres designados presidenciales, 128 diputados propietarios y suplentes al Congreso Nacional, 20 diputados propietarios y suplentes al PARLACEN (Parlamento Centroamericano), 298 alcaldes y vicealcaldes, y 2092 regidores para las alcaldías.

Además del candidato oficialista Juan Orlando Hernández (Partido Nacional) y Xiomara Castro (Partido Libre – Libertad y Refundación), quienes de acuerdo con todas las encuestas se contenderán la silla presidencial, a estas elecciones participarán los partidos Unificación Democrática (UD), Partido Liberal (PL), Democracia Cristiana (DC), Alianza Patriótica Hondureña (Alianza), Partido Anticorrupción (PAC), Partido de Innovación y Unidad (PINU) y el Frente Amplio Político Electoral en Resistencia (FAPER).

Entre los candidatos presidenciales cabe destacar la presencia del comentarista deportivo Salvador Nasralla del PAC, el ex miembro del equipo negociador del presidente de facto Roberto Micheletti, Mauricio Villeda del Partido Liberal y el ex general Romeo Vásquez Velásquez, autor material del golpe de 2009, por Alianza Patriótica.

Serán las elecciones más observadas de la historia político-electoral del país, con casi 800 observadores electorales internacionales acreditados -entre ellos 90 de la Unión Europea, 70 de la OEA (Organización de Estados Americanos) y 14 del Foro de Sao Paulo-, y unos 15 mil nacionales.

Fin del bipartidismo

Estos comicios representan también el fin del bipartidismo, un sistema bien aceitado de alternancia en el poder con el que el Partido Liberal y el Partido Nacional han gobernado Honduras por más de 100 años. “Ya se han definido los dos grandes competidores, que son Juan Orlando Hernández y Xiomara Castro. De esta manera, se ha cristalizado el derrumbe definitivo del bipartidismo tradicional y se ha proclamado el inicio de una nueva etapa de la vida política del país”, dijo el sociólogo y analista político Eugenio Sosa a Opera Mundi.

El partido Libre, cuya candidata es Xiomara Castro, esposa del expresidente Manuel Zelaya, se perfila como el brazo político del movimiento de resistencia contra el golpe de Estado, surgido de forma espontánea después del 28 de junio de 2009.

Con más de 20 mil colectivos en todo el país -más de mil solamente en la capital Tegucigalpa-, el partido Libre representa la verdadera novedad política de estas elecciones. “Después del golpe no hemos parado de trabajar un solo instante para organizar y capacitar políticamente, electoralmente y en la defensa del voto a la población en todos los rincones del país”, dijo Reyna Suyapa, coordinadora del MOBACCOHR (Movimiento de Barrios, Aldeas, Caseríos, Colonias “Hernán Rosales”).

Según ella, todo lo que se ha logrado no hubiese sido posible “sin el gran trabajo organizativo desplegado por el FNRP (Frente Nacional de Resistencia Nacional) y la participación voluntaria de miles de personas que quieren un cambio real en el país”, aseguró.

Después del cuestionado procesos electoral de 2009, las autoridades electorales, con el apoyo de los partidos políticos, han venido transformando el sistema de conteo y de transmisión de votos y resultados. En repetidas ocasiones, los magistrados del TSE (Tribunal Supremo Electoral) han asegurado que el mundo asistirá a una votación transparente, libre e independiente. Los candidatos presidenciales hasta firmaron un acuerdo, comprometiéndose a respetar el resultado de los comicios.

De acuerdo con el análisis de Ana Ortega, especialista en Ciencias Políticas, la población escogerá entre dos proyectos de país muy distintos. “Por un lado tenemos al candidato oficialista. Él representa la vieja forma autoritaria de hacer política, y va a continuar a concentrar el poder, a profundizar el proyecto neoliberal y de despojo del territorio promovido por Porfirio Lobo, agregándole ahora una fuerte connotación de militarización”, dijo

Por el otro lado, la catedrática menciona el proyecto de Xiomara Castro, que pretende convocar a una Asamblea Constituyente, para crear una nueva Constitución. “Aquí tenemos un proyecto de reconciliación y cambio, que propone una refundación pacífica del país a través de un pacto social entre los diferentes sectores de la sociedad”, dijo.

Pese al entusiasmo generado en la población y el hecho de encabezar casi todas las encuestas, varios analistas políticos coinciden en que la transición hacia una “nueva Honduras” será, necesariamente, mucho más lenta de lo que se está proyectando en la campaña electoral del partido Libre.

“Si gana las elecciones, Castro no sólo no tendrá la mayoría de diputados en el Congreso, sino que se encontrará con los demás poderes del Estado y las principales instituciones públicas controladas por el Partido Nacional. En este sentido, para que el pacto social sea viable, la candidata de Libre necesitará de una precondición, que es un pacto político con los diferentes partidos en el Congreso”, explicó Sosa.

Los grupos de poder

El golpe de estado de 2009, entre otros elementos, evidenció muy claramente la existencia de un poder detrás del poder. Los sectores que se opusieron a la ruptura del orden constitucional hablaron de “poderes fácticos” que controlan la política y la economía de Honduras.

Ese trágico evento que confrontó la sociedad y las familias hondureñas inauguró una nueva época en cuanto a la configuración del sistema político y de las relaciones globales de poder.

Según Sosa, esta nueva coyuntura socio-política y el surgimiento de una nueva fuerza que irrumpe en el escenario nacional hondureño, está forzando un reacomodamiento de los grupos de poder. “Los principales grupos de poder quedaron sin candidato propio, en cuanto Juan Orlando Hernández representa al capital emergente hondureño, que está opuesto al oligárquico y tradicional. En este sentido, nos encontramos en un proceso de reconfiguración y transición que no es solamente político y social, sino también de poder, donde las élites nacionales están tratando de reacomodarse en base a la nueva realidad”, explicó el sociólogo.