martes, 1 de octubre de 2013

Brasil: Transgénicos ¿Armas químicas permitidas?

Horst Faas, editor gráfico AP en Vietnam
El agente naranja otra vez en acción

Por Enildo Iglesias | Rel-UITA

El pasado viernes 19 de septiembre, la Comisión Técnica de Bioseguridad (CTNBio), estudiaba la solicitud de aprobación de cuatro variedades de semillas transgénicas -dos de soja y dos de maíz- resistentes al herbicida 2,4-D. De aprobarse, Brasil pasará a ser el tercer país en permitir la siembra de estas variedades.


La solicitud fue realizada por la transnacional estadounidense Dow AgroSciences. Hasta el momento, Canadá es el único país donde se cultiva legalmente ese tipo de maíz, mientras que la soja además de Canadá también se cultiva en Japón, pero en este país el cultivo se restringe a campos aislados.

Lo que demuestra que las armas químicas son permitidas en la medida que sirvan para aumentar el lucro de las transnacionales del agronegocio.

Fundada en 1897 en el pueblo de Midland, en el estado de Michigan, Estados Unidos, Dow Chemical, con ventas anuales cercanas a los 50 mil millones de dólares, con 42.000 empleados, oficinas en más de 175 países y con más de 3.500 productos comerciales, es una de las mayores transnacionales químicas productora, no solo de agrotóxicos sino de cloro, plásticos, hidrocarburos y otras sustancias químicas, así como semillas e ingeniería genética.

El origen de la producción industrial del 2,4-D es producto de la investigación militar secreta para su eventual empleo como arma química durante la Segunda Guerra Mundial.

Científicos ingleses de los laboratorios de la Imperial Chemical Industries (ICI) descubrieron en 1940 las propiedades herbicidas de ciertas hormonas producidas sintéticamente e inventaron la molécula química del Metil-Cloro-Fenoxi-Acético, conocido como MCPA.

Posteriormente, trabajando sobre la molécula del MCPA los estadounidenses descubrieron que sustituyendo el metil por una molécula de cloro obtenían el ácido di-cloro-fenoxiacético ó 2,4-D, bajando los costos y aumentando la eficiencia del herbicida; y que cuando se asignaba un tercer átomo de cloro se obtenía otro producto para uso militar aún más potente: el 2,4,5-T, que incluso actuaba en árboles de gran porte matándolos en pocos días.

De la guerra al campo

La combinación de los herbicidas 2,4-D y 2,4,5-T, en partes iguales, constituyó una potente arma química usada en la Guerra de Vietnam, denominada Agente Naranja, usada como defoliante por el ejército de Estados Unidos mediante aspersiones aéreas, para impedir que la selva sirviera de protección a la guerrilla del Vietcong.

El ejército estadounidense también utilizó el 2,4,5-T con el nombre de Agente Rosa y más tarde, como Agente Verde. Después que se canceló el Agente Naranja se usó el Agente Blanco, mezcla de 2,4-D con picloram, otro herbicida descubierto por Dow.

El 2,4-D es un herbicida sistémicodebido a que se absorbe por las hojas o la raíz y se transporta por la savia a todo el cuerpo de la planta, alcanzando los tejidos internos y partes no rociadas.

Se acumula en las regiones de crecimiento e induce malformaciones que matan a la planta. Es considerado uno de los primeros herbicidas “selectivos” pues mata más a las plantas de hoja ancha y causa poco daño a los de hoja angosta, se utiliza para controlar malezas de hoja ancha, anuales y perennes, en cultivos de cereales, caña de azúcar, pastizales, áreas industriales, en céspedes y campos de golf.

En 2005 se vuelve a registrar el 2,4-D, que había sido suspendido por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) lo que constituyó una victoria para Dow, pero la lucha de organizaciones ciudadanas y gobiernos locales para su restricción y eliminación continúan, tanto en Estados Unidos como en otros países. Dos estados en la Unión Americana y una buena parte de Canadá están tomando sus propias medidas restrictivas al 2,4-D por su potencial para causar cáncer y afectar el desarrollo del feto y de los niños.

El 2,4-D es el tercer agrotóxico más utilizado en Brasil, detrás del glifosato y el aceite mineral. La Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa) que reglamenta y evalúa la toxicidad de los agrotóxicos, clasifica al 2,4-D con el nivel de toxicidad más alto.

Según Leonardo Melgarejo, representante del Ministerio de Desarrollo Agrario en la CTNBio y responsable de la evaluación de una de las semillas presentadas por Dow, existen “riegos alarmantes” en la  aprobación de las semillas. “Estamos pasando a la posibilidad de aplicación vía aérea de productos de alta peligrosidad”, afirma.

Más y más agrotóxicos, hasta envenenarlo todo


En un artículo publicado en la revista científica Environmental Science Europa, Chuck Benbrook, de la Universidad del Estado de Washington, pronostica un aumento del 50 por ciento en el uso del 2,4-D en Estados Unidos.

Por su parte el Centro De Seguridad Alimentaria de Estados Unidos estima que el uso de herbicida isoxaflutole -fabricado entre otros por Bayer con la marca ADENGO-  aumentará cuatro veces debido a la aprobación de una variedad de maíz resistente a ese agrotóxico.

Mientras en Brasil, Victor Pelaez, director del Observatorio de la Industria de Agrotóxicos y profesor de la Universidad Federal de Paraná, recuerda que cuando la primera soja transgénica fue aprobada, se mencionaba como una de sus posibles ventajas la disminución del uso del glifosato. Ocho años después, el glifosato continúa siendo el agrotóxico más utilizado en Brasil.

Ese consumo llevó al desarrollo de plagas resistentes y, en consecuencia, a la necesidad de semillas tolerantes a herbicidas más tóxicos. “Del punto de vista tecnológico es un retroceso. Ya sea porque se tiene que utilizar más cantidad de glifosato, o porque se tienen que utilizar también productos más tóxicos. Eso era la crónica de una muerte anunciada. Todo el mundo del área sabía eso”, afirma Peláez.

Por su parte Dow viene argumentando desde hace años que vincular al 2,4-D con el Agente Naranja es un equívoco, pues los efectos letales de aquel producto eran causados por la dioxina, un residuo de la mezcla de los componentes 2,4-D y 2,4,5-T.

Sin embargo los especialistas señalan que la toxicidad del 2,4-D es independiente de su vinculación con la dioxina. Robin A. Bernhoft, de la Academia Americana de Medicina y Medio Ambiente afirma que “el 2,4-D es considerado la causa de todos los cánceres y defectos genéticos en los hijos de excombatientes americanos en Vietnam y de vietnamitas, causados por el Agente Naranja”.

2,4-D Made in China

El tema pasa también por la calidad del 2,4-D utilizado. Benbrook señala el riesgo de que la mayor parte el 2,4-D utilizado en Brasil es importado de China y contiene altos niveles de dioxina. “Estoy de acuerdo que el 2,4-D de Dow es mucho más limpio que el 1970, ¿pero quien puede garantizar que los agricultores brasileros comprarán el 2,4-D más caro y más limpio?”, argumenta.

Por su parte, Melgarejo apunta al mismo problema debido a la utilización de la formula 2,4-D conocido como éster butílico, considerada más peligrosa por formar microgotas que se dispersan fácilmente en el medio ambiente.

“En ese caso, el producto permanece en el aire y se traslada por grandes distancias pudiendo afectar otros cultivos. Es una formulación más barata, pero más peligrosa. Las empresas afirman que no lo van a vender en Brasil, pero nada impide que ingrese de contrabando”, advierte.

En el caso que las semillas resistentes al 2,4-D sean aprobadas por la CTNBio, el expediente es encaminado al Consejo Nacional de Seguridad, el que puede aprobar o rechazar la decisión de la Comisión.

De ser concedida, la liberación permite la venta de las semillas transgénicas para su cultivo, su consumo directo en alimentos y derivados y su utilización en raciones para animales.